
El aniversario del nacimiento de Tomás Bulat, economista argentino y periodista, se transforma cada 12 de septiembre en una fecha de evocación y gratitud para su familia y quienes lo recuerdan como una figura clave en la divulgación económica del país. A más de diez años de su fallecimiento, su esposa Carina Onorato y sus hijos mantienen vivo su legado, no solo a través de homenajes públicos, sino en la cotidianeidad y la transmisión de sus valores.
Bulat, quien habría cumplido 61 años, marcó profundamente tanto el ámbito profesional como el personal. Se describía como “economista de profesión, periodista de oficio, docente de alma”, y su carrera reflejó esa variedad de facetas. Autor de tres libros —Economía descubierta, La economía de tu vida y Estamos como somos—, conductor del programa “El Inversor” y ganador de tres premios Martín Fierro, se destacó por su capacidad de traducir conceptos económicos complejos en ideas accesibles para el público general. Su muerte, ocurrida el 31 de enero de 2015 en un accidente automovilístico en la Ruta 9, cuando regresaba de una conferencia en San Genaro, Santa Fe, significó un antes y un después para quienes lo rodeaban y para su comunidad de seguidores.
La presencia de Bulat en el ámbito familiar

En la familia, la figura de Tomás crece en los recuerdos de Carina Onorato, su compañera, quien lo señala como una presencia cálida y luminosa. “En casa era todavía mejor que afuera”, relata a Infobae, evocando su ternura y la forma en que cada momento cotidiano se transformaba en una oportunidad para enseñar y compartir. Las sobremesas, las explicaciones simples sobre economía utilizando ejemplos cotidianos y el humor espontáneo fueron parte de la vida diaria junto a él. “Era como una hoguera: daba calor, iluminaba y reunía”, resume Carina.

Las celebraciones de cumpleaños, alejadas de la ostentación, sobresalían por la sencillez y profundidad de los encuentros familiares. Uno de los recuerdos más vívidos es el último cumpleaños compartido, cuando le organizaron una sorpresa para que cumpliera el sueño de lanzarse en paracaídas. Desde esa ocasión, cada 12 de septiembre la familia se reúne para brindar y compartir anécdotas, transformando la fecha en un día de regreso. “No es un día de ausencia, sino de regreso”, afirma Carina, quien destaca la decisión de mantener vivas las historias y la voz de Bulat en la mesa familiar.
Un legado que trasciende

El legado de Tomás Bulat va más allá de sus publicaciones y distinciones. Según Onorato, la verdadera herencia está en sus hijos, Santiago, Lucía y Fausto, quienes encarnan los valores de integridad, compromiso y curiosidad intelectual que él promovía. Para la familia, mantenerlo presente no implica erigir monumentos, sino honrarlo a través de las acciones diarias y la forma de enfrentar la vida. “El legado de Tomy no está guardado en archivos ni en grabaciones: late en nosotros, en nuestra manera de mirar el mundo”, sostiene Carina.
El proceso de duelo y reconstrucción tras la pérdida fue, en palabras de su esposa, un “terremoto” que llevó a cada uno a buscar su modo de sostenerse y sostener a los demás. Santiago aportó templanza, Lucía enseñó a dar espacio a la sensibilidad y Fausto iluminó los momentos difíciles con su humor. Onorato intentó ser sostén, pero también permitió ser acompañada en la fragilidad. “Descubrimos que la fortaleza no era resistir en silencio, sino armar una red entre nosotros para que nadie cayera del todo”, explica. La familia comprendió que el duelo es un proceso continuo, más parecido a cruzar un río que a atravesar una puerta, y que la reconstrucción implica aceptar las cicatrices como parte de la propia historia.
Encuentros, memoria y nuevos proyectos

La música, los viajes y las largas sobremesas siguen siendo puentes vivos con la memoria de Bulat. Un viaje familiar a Europa permitió a los cuatro hablar abiertamente sobre el accidente y brindar por lo compartido, asumiendo que lo cotidiano resulta suficiente para man
tenerlo cerca. “Ese brindis fue también una forma de traerlo de regreso”, recuerda Onorato.
En fechas importantes como el cumpleaños o el aniversario de su muerte, la familia elige celebrar antes que la solemnidad. Cocinan comidas que le gustaban, descorchan un vino y comparten recuerdos. Este año, la noticia de que una escuela en Federación, Entre Ríos, llevará el nombre de Tomás Bulat añadió un motivo de orgullo especial. Para Onorato, este homenaje se vincula con la pasión de Bulat por la educación y su deseo de aportar a la formación de nuevas generaciones.
La figura de Bulat persiste en la vida cotidiana familiar, en los gestos, las frases y los momentos compartidos. Sus pasiones viven en sus hijos: la economía en Santiago, la política en Fausto y el deseo de recorrer el mundo en Lucía, quien se recibió de médica y se fue a Australia a hacer una experiencia de work and travel. “Definitivamente, en los tres habita una versión mejorada de Tomy”, afirma Onorato, quien considera cada aniversario como un impulso para mirar hacia adelante y vivir con intensidad y compromiso.
Transformar la ausencia en oportunidad

La muerte de Tomás representó para Carina un punto de inflexión personal y profesional. La experiencia de haber acompañado a su marido en los emprendimientos familiares la llevó a descubrir su vocación como mentora. “Estar a su lado, escuchar, sostener, abrir espacio para que él pudiera ser más de lo que ya era… Ahí nació mi manera de entender el mentoring”, relata. Su libro Garabatos Viudos surgió para convertir la pérdida en relato compartido, y en la actualidad acompaña a personas y equipos en momentos de cambio profesional, ayudándolos a ordenar sus relatos y a reconocer sus talentos.
El mentoring, para Onorato, no es solo una profesión, sino una manera de unir su experiencia como periodista, madre y comunicadora en una nueva forma de estar al servicio de otros. Considera que Tomás conocía y alentaba esa vocación, y que le hubiera gustado verla unir sus facetas en una labor que ayuda a desplegarse a los demás. De hecho, desarrolló su propio método que pronto dará a luz en un nuevo libro.
Hoy, Carina responde cada mensaje que recibe en Instagram de quienes la eligen como su mentora, por su resiliencia, capacidad y porque si algo la caracteriza, es lograr el brillo de los demás. “A veces sólo necesitan que alguien les muestre el camino, que pueden encandilar en cada meta que se propongan”.
Además, desde Equipo Bulat (equipo@equipobulat.com) trabaja junto a especialistas en comunicación institucional, marca personal e identidad visual.
Aprender a vivir distinto: lecciones de resiliencia ante la pérdida

A quienes atraviesan pérdidas similares, ella no duda y sugiere no apresurarse y permitirse aprender de la experiencia. “No se trata de olvidar, sino de aprender a vivir distinto”, expresa. La reconstrucción personal, dice, implica aceptar las cicatrices como parte de la propia belleza, al estilo del kintsugi japonés. Para ella, la elección está en qué hacer con lo que sucede, y la ausencia puede ser el punto de partida hacia una vida más consciente y plena.
Así, la historia de Tomás Bulat y su familia demuestra que, aun en los momentos de mayor dolor, aparecen nuevas formas de crecer y de honrar la memoria de quienes ya no están, transformando la ausencia en una oportunidad para florecer de nuevo.
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