El giro radical en la historia médica: cómo el lavado de manos y la antisepsia cambiaron la cirugía para siempre

La lucha contra la resistencia al cambio permitió superar prejuicios, reducir la mortalidad hospitalaria y abrir paso a prácticas aún vigentes en la medicina moderna

Joseph Lister
Joseph Lister revolucionó la cirugía al introducir el método antiséptico, disminuyendo drásticamente las infecciones y la mortalidad postoperatoria (Créditos: Dominio Público)
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En el siglo XIX, la idea de que un médico debía lavarse las manos resultaba ofensiva para numerosos profesionales, hasta que Joseph Lister transformó la medicina al introducir el método antiséptico en la cirugía. Su enfoque redujo drásticamente las infecciones y la mortalidad postoperatoria, marcando un punto de inflexión en la historia de la higiene hospitalaria, según reportó la BBC.

Antes de la revolución impulsada por Lister, los hospitales del siglo XIX eran lugares donde la muerte amenazaba tras cada intervención quirúrgica. La higiene era prácticamente inexistente: los cirujanos reutilizaban vendajes, los instrumentos pocas veces se limpiaban y el personal transitaba entre pacientes y cadáveres sin tomar precauciones.

Las infecciones se propagaban con facilidad, y la tasa de mortalidad tras operaciones mayores o amputaciones alcanzaba hasta el 40% en el Reino Unido y el 60% en hospitales franceses. Incluso las intervenciones más simples representaban un riesgo de muerte por infección, fenómeno conocido como fiebre de sala u hospitalismo.

En este contexto, el médico húngaro Ignaz Semmelweis intentó en la década de 1840 introducir el lavado de manos en el Hospital General de Viena. Sus esfuerzos redujeron la mortalidad en salas obstétricas del 18,3% al 2% en un mes, pero la comunidad médica rechazó sus hallazgos y Semmelweis terminó confinado en un manicomio.

Cirugía antiséptica y el aporte de Pasteur

La resistencia a la higiene hospitalaria se mantenía cuando, en 1847, el joven Lister presenció la muerte de su instructor John Phillips Potter por una infección adquirida durante una disección. La revista médica The Lancet lamentó entonces que, a diferencia de otros oficios, la medicina no podía proteger a sus propios trabajadores de los peligros mortales.

Lister, impactado por la pérdida y las insalubres condiciones hospitalarias, se propuso hallar una solución. En 1855, expresó a Batty Tuke, destacado psiquiatra escocés, su aspiración: lograr que toda herida cicatrizara sin supuración, un objetivo que guiaría su carrera.

El primer caso exitoso de Lister fue la recuperación sin infección de James Greenlees, un niño con fractura compuesta en la pierna (Imagen Ilustrativa Infobae)
El primer caso exitoso de Lister fue la recuperación sin infección de James Greenlees, un niño con fractura compuesta en la pierna (Imagen Ilustrativa Infobae)

El avance decisivo llegó tras la influencia del químico francés Louis Pasteur, quien demostró que los microbios presentes en el aire provocaban fermentación y putrefacción. Inspirado por estos descubrimientos, Lister se preguntó si sería posible proteger las heridas quirúrgicas de los microbios mediante un “escudo antiséptico”.

En 1865, la oportunidad de demostrar su hipótesis surgió: James Greenlees, un niño de once años, ingresó en la Glasgow Royal Infirmary con fractura compuesta en la pierna. Lister empleó una solución de ácido carbólico al 5%, utilizada para limpiar alcantarillas, para desinfectar manos, instrumentos, ropa y la herida. Tras la operación, colocó un vendaje impregnado en el mismo químico, que fue renovado varias veces. Seis semanas después, Greenlees recibió el alta completamente recuperado, sin mostrar infección alguna.

El método de Lister, elemental por los estándares actuales, constituyó una transformación radical. Hasta entonces, la falta de higiene era la norma y los hospitales desprendían un persistente olor a putrefacción. Los cirujanos rara vez se lavaban las manos y los instrumentos quirúrgicos se reutilizaban sin limpieza. Aunque Semmelweis había demostrado décadas antes la importancia del lavado de manos, la comunidad médica seguía ignorando la higiene. Trágicamente, Semmelweis falleció por una infección quirúrgica el día siguiente al primer éxito de Lister en Glasgow, sin que este conociera su trabajo hasta mucho tiempo después.

Legado de Lister: del quirófano al mundo

Después de tratar once casos similares al de Greenlees, con nueve recuperaciones sin infección, Lister publicó en 1867 en The Lancet su artículo “Un nuevo método para tratar fracturas compuestas”. El impacto fue inmediato: extremidades que antes se amputaban por el riesgo de infección podían ahora salvarse. El doctor e historiador Zachary Cope calificó este avance como el nacimiento de la cirugía moderna.

Lister describió cómo, gracias a su método, los cirujanos practicaban incisiones y drenaban abscesos con mayor seguridad, y los hospitales se convertían en lugares más seguros para los pacientes. Cope sostuvo que la importancia de este cambio resultaba difícil de exagerar.

El legado de Lister incluye la cirugía segura, la masificación de la higiene hospitalaria y la inspiración para productos médicos globales (Imagen IlustratIva Infobae)
El legado de Lister incluye la cirugía segura, la masificación de la higiene hospitalaria y la inspiración para productos médicos globales (Imagen IlustratIva Infobae)

La recepción inicial del método antiséptico fue desigual. En el Reino Unido y en Estados Unidos, numerosos cirujanos se opusieron a las nuevas prácticas. Lister, en cambio, perfeccionó su técnica. En 1871, su régimen alcanzó tal reconocimiento que la reina Victoria le solicitó extirpar un tumor en el brazo, lo que consolidó su prestigio.

Posteriormente, fue nombrado cirujano personal de la monarca y recibió un título nobiliario. Durante la década de 1870, su método se expandió por Europa y, en 1876, Lister viajó a Estados Unidos para difundir sus técnicas.

Para 1890, la comunidad médica mundial había adoptado los métodos de Lister: los microbios causantes de la sepsis ya se identificaban y cultivaban en laboratorio, y hacia finales del siglo XIX resultaban habituales la cirugía aséptica, el uso de instrumentos estériles, guantes de goma y el lavado de manos en los quirófanos.

Antes de la higiene hospitalaria, la tasa de mortalidad tras operaciones mayores alcanzaba hasta el 60% en hospitales franceses (Imagen Ilustrativa Infobae)
Antes de la higiene hospitalaria, la tasa de mortalidad tras operaciones mayores alcanzaba hasta el 60% en hospitales franceses (Imagen Ilustrativa Infobae)

Además de aplicar los principios de Pasteur a la cirugía humana, Lister realizó otras contribuciones notables, como el aislamiento de bacterias en cultivo puro y la incorporación de materiales novedosos para el drenaje de heridas. La BBC destaca tres aspectos clave de su herencia: la transformación de la cirugía en una especialidad segura, la masificación de la higiene hospitalaria y la inspiración para la creación de productos y empresas de alcance mundial.

La figura de Joseph Lister señala el umbral entre la medicina antigua y la contemporánea. Su legado continúa presente en cada intervención quirúrgica y en la vida cotidiana de millones de personas, como remarca la BBC, y constituye el ejemplo de cómo la ciencia puede modificar radicalmente el destino de la humanidad a través de la observación, la perseverancia y la innovación.

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