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Un trabuco recargado, puñales envenenados y un presidente que no se enteró de nada: la noche que intentaron asesinar a Sarmiento

Fue el primer presidente argentino en ejercicio en ser blanco de un atentado. Fue en pleno centro porteño, y el sanjuanino salvó la vida gracias a la inexperiencia de los agresores y también a una cuota de suerte

Escena del atentado, cometido en Corrientes y Maipú la noche del 22 de agosto de 1873
Escena del atentado, cometido en Corrientes y Maipú la noche del 22 de agosto de 1873
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Domingo Faustino Sarmiento, con 57 años, había asumido la presidencia el 12 de octubre de 1868. Durante su vida política, supo granjearse muchos enemigos. Luego de la victoria de Caseros el 3 de febrero de 1852, le había advertido a Justo José de Urquiza, el gran ganador de la jornada, sobre los caudillos del interior que se seguían manejando de la misma manera que en los tiempos de Juan Manuel de Rosas. Pero como el entrerriano tenía sus propios planes, Sarmiento dio un paso al costado, enemistándose con el caudillo. Cuando Bartolomé Mitre fue presidente, Sarmiento le escribió: “…no deje cicatrizar la herida de Pavón. Urquiza debe desaparecer de la escena, cueste lo que cueste. Southampton (em relación donde Rosas se había exiliado) o la horca”.

En la cuestión de la búsqueda de su sucesor en la presidencia, Mitre pretendía un candidato de consenso que mantuviese unido a su partido. La elección de Sarmiento no fue de su agrado.

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Sarmiento había asumido la presidencia en 1868. Al momento del atentado, le quedaba un poco más de un año de mandato
Sarmiento había asumido la presidencia en 1868. Al momento del atentado, le quedaba un poco más de un año de mandato

El sanjuanino, al ver que debía fortalecer sus apoyos políticos, fue en busca de aliados por afuera del mitrismo. Fue así como el 3 de febrero de 1870 viajó a Entre Ríos en un gesto de reconciliación política, donde Urquiza lo recibió con toda pompa, y para impresionarlo le hizo instalar una canilla en su habitación, todo un adelanto para la época. Limaron asperezas y se comprometieron a trabajar juntos.

Pero Urquiza tenía también sus enemigos. Uno de ellos, Ricardo López Jordán -quien nunca le había perdonado su retiro de Pavón, el alentar el reclutamiento de fuerzas para la guerra del Paraguay, entre otras cuestiones- lo mandó asesinar, hecho que ocurrió el 11 de abril de 1870 en el Palacio San José, delante de toda su familia.

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Sarmiento tomó el crimen como algo personal y envió un ejército a Entre Ríos a combatir a López Jordán, a quien declaró reo de rebelión. Fue uno de los principales conflictos que tuvo durante su gestión en el interior del país. El artífice del asesinato de Urquiza terminaría exiliándose en Uruguay cuando ya el sanjuanino había dejado la presidencia. Y cuando años después buscaba una reinvindicación, fue asesinado en 1889 de un tiro en la cabeza en plena calle porteña por el hijo de un hombre que había mandado ajusticiar.

Esa noche Sarmiento iba a visitar a su amada Aurelia Vélez, que vivía con su padre Dalmacio Vélez Sarsfield
Esa noche Sarmiento iba a visitar a su amada Aurelia Vélez, que vivía con su padre Dalmacio Vélez Sarsfield

Es, en este contexto, que hay que interpretar las motivaciones del hecho del que fue blanco Sarmiento, quien pasaría a la historia como el primer presidente argentino en sufrir un atentado.

El plan tomó forma en un bar en el barrio de La Boca, donde tres hombres jóvenes escuchaban a alguien un poco mayor que ellos. El que explicaba los detalles era Aquiles Segabrugo, un italiano rubio de 38 años, quien era más conocido por su apodo de “El Austríaco”. Tenía enfrente a Francisco Güerri, a Pedro Güerri -si bien coincidían en el apellido no eran parientes- y un amigo de este último, Luis Casimir, alias “Eva”, un marinero, todos de 21 años. Segabrugo les ofreció 10.000 pesos, pagaderos en tres veces para matar al presidente. Una vez consumado el hecho, se los sacaría del país en barco. Acordaron hacer el trabajo el sábado 23 de agosto de 1873.

Ricardo López Jordán había sido el instigador de Urquiza y Sarmiento, como presidente, lo mandó perseguir
Ricardo López Jordán había sido el instigador de Urquiza y Sarmiento, como presidente, lo mandó perseguir

Cuando usaba su carruaje para misiones oficiales, Sarmiento llevaba una discreta escolta. Pero cuando se trataba de temas particulares, se movilizaba solo. En esa oportunidad, iría a visitar a Aurelia Vélez, la hija menor de Dalmacio Vélez Sarsfield, con quien mantenía una apasionada relación que había comenzado en 1855. Aurelia había vuelto a vivir a la casa de sus padres, luego de un turbulento y fugaz matrimonio con Pedro Ortiz Vélez, que terminó en fracaso y hasta con un muerte de por medio.

“Te amo con todas las timideces de una niña, y con toda la pasión de que es capaz una mujer. Te amo como no he amado nunca, como no creí que era posible amar”, le escribía a Sarmiento, quien con Dalmacio eran viejos amigos, y el aprecio que se tenían era mutuo y sincero.

Francisco y Pedro Güerri, dibujados luego de ser capturados
Francisco y Pedro Güerri, dibujados luego de ser capturados

En cierto momento, una carta de semejante tenor cayó en las manos de su hijo Dominguito, y así la esposa de Sarmiento, Benita Martínez Pastoriza, se enteró del romance y los esposos terminaron con un matrimonio que hacía tiempo había dejado de ser tal. Para 1860 ya estaban virtualmente separados.

En la noche del sábado 23 de agosto, Sarmiento salió de su casa de la calle Maipú, entre Tucumán y Viamonte (en esos tiempos se llamaba Del Temple). Usó su carruaje, tirado por dos caballos y manejado por el cochero José Morillo.

Por Maipú fue en dirección a Corrientes. En la esquina noroeste, tres hombres esperaban. Estaban armados con trabucos y puñales. Los proyectiles habían sido embebidos en bicloruro de mercurio y los puñales, en sulfato de estricnina. A la menor herida que se le causase, la víctima moriría.

Cuando lo vieron venir, se abalanzaron sobre el carruaje. En un primer momento, habían pensado en matar primero a los caballos y asesinar a Sarmiento a puñaladas. Pero llegado el momento, Francisco Güerri disparó con su trabuco. Tal vez al estar sobrecargado de pólvora, le estalló en la mano y perdió un dedo pulgar. Uno de los proyectiles entró por la ventanilla del carruaje y salió por el otro lado. La policía rescataría proyectiles que se habían incrustado en las paredes.

Miguel Juárez Celman
Pedro Güerri sería indultado por Juárez Celman, ya que Sarmiento ni siquiera había respondido a los pedidos de un perdón

La avanzada sordera de Sarmiento, sumado al ruido que hacían los cascos de los caballos sobre el empedrado, hicieron que no se diera cuenta de lo que había ocurrido. Sólo al llegar a la casa de los Vélez Sarsfield, en la calle Cangallo, le contaron lo sucedido. “Hirieron la más alta investidura que puede ostentar un ciudadano de la República; se resquebrajó el respeto a la autoridad”, dijo.

Pero los que se sorprendieron con la detonación fueron el oficial inspector Latorre y el vigilante Soto, quienes persiguieron a tres hombres que escapaban corriendo del lugar. Fueron detenidos en una casa de Corrientes, cercana al Bajo, donde se habían refugiado.

La primera reacción de los Güerri fue declarar que habían tenido un altercado con un tercero, y que uno de ellos había efectuado el disparo. Sin embargo, al día siguiente contaron la verdad y dieron el nombre de quien los había contratado: Aquiles Segabrugo.

Pero Segabrugo, rápido de reflejos, ya había escapado a Montevideo. Inútil fue el viaje que el policía Avelino Anzó realizó a esa ciudad. No pudo encontrarlo, pero en el interin en Buenos Aires había caído Luis Casimir, quien también dio el nombre de Segabrugo. A la policía les llegó el dato que se hospedaba en el Hotel del Vapor, de la capital uruguaya. Y hacia allí se dirigió el comisario Miguens, pero el sospechoso ya no estaba en el hotel. Dos días mas tarde, el cuerpo de Segabrugo apareció acribillado. Se creyó que su asesino había sido el jordanista Carlos Querencio.

Antes de regresar a Buenos Aires, Miguens se llevó de la habitación de Segabrugo documentación valiosísima que probaría que detrás del atentado a Sarmiento estaba López Jordán. Pero esa documentación nunca llegó a Buenos Aires ni se sabría su contenido. Miguens fue interceptado por desconocidos, quienes se quedaron con esos papeles y amenazaron con matarlo si llegaba a revelar su contenido.

En el juicio a los implicados, el fiscal Ventura Pondal pidió la pena de muerte para los Güerri y Casimir. El juez Octavio Bunge sentenció a Francisco Güerri a 20 años, y 15 a Pedro Güerri y Casimir. Posteriormente, la Cámara del Crimen bajaría la pena de Casimir a 10 años.

Siendo funcionario en el gobierno de Julio A. Roca, los presos le solicitaron a Sarmiento intercediera para lograr la conmutación de sus penas, ya que habían actuado “como unos pobres locos extraviados”. Sarmiento nunca les contestó.

Pedro Güerri murió en prisión el 30 de abril de 1883 y Francisco sería indultado por el presidente Miguel Juárez Celman.

¿Qué era lo que le preocupaba entonces a Sarmiento? Se lo confesó a Aurelia. Sabiendo que las balas y los puñales estaban envenenados, dijo que “si me hubiesen sólo rasguñado, mis enemigos habrían dicho que me morí de miedo”.

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