El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, asistió a dos partidos por día “cuando es posible”, según fuentes del organismo, y se trasladó en un jet privado.
De acuerdo con The Guardian, diario británico, y The Athletic, medio deportivo, el avión fue provisto por Qatar Airways, aerolínea estatal de Qatar, como parte de su acuerdo de patrocinio con la FIFA, un esquema que reactivó críticas por el impacto ambiental del torneo y por la señal política que proyecta el máximo dirigente del fútbol en un evento marcado por los traslados aéreos.
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La secuencia de vuelos quedó bajo la lupa en un Mundial que se disputa en un territorio más amplio que el de ediciones anteriores. La situación contrasta con el Mundial previo en Qatar, donde los estadios estaban dentro de un radio aproximado de 74 kilómetros (46 millas).
Hay 16 estadios distribuidos en tres países, con sedes separadas por hasta 4.506 kilómetros (2.800 millas), en un contexto en el que los aficionados también acumulan vuelos para seguir a sus selecciones por Norteamérica.
El itinerario de Infantino y el uso del jet privado
Los cuestionamientos de organizaciones ambientales apuntan al corazón logístico del certamen: el transporte. Según Los Angeles Times, diario estadounidense, un informe estimó que el torneo podría producir cerca de 9 millones de toneladas métricas de emisiones de carbono y que alrededor de 7,7 millones provendrían solo del transporte aéreo.
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En ese marco, el uso de un jet privado por parte del presidente de la FIFA se convirtió en un símbolo de la discusión sobre la huella climática del evento.
En los primeros días del torneo, Infantino estuvo en Ciudad de México para el México-Sudáfrica y, pocas horas después, en Guadalajara para Corea del Sur vs. República Checa; al día siguiente viajó a Los Ángeles para Estados Unidos-Paraguay. El sábado, además, asistió a partidos en San Francisco y Vancouver.
De acuerdo con la reconstrucción de The Guardian, esa dinámica respondió a un objetivo interno: estar presente en la mayor cantidad posible de sedes y partidos, con el plan de sostener el ritmo de “dos encuentros por jornada” cuando el calendario lo habilitara.
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El tema escaló porque la movilidad del presidente se volvió un espejo de lo que implica este Mundial para todos los actores involucrados. La edición norteamericana obliga a recorrer distancias que, en la práctica, empujan a equipos, delegaciones, patrocinadores y público a depender del avión para conectar ciudades anfitrionas.
En ese sentido, la controversia por el jet privado no se limitó al costo del traslado individual, sino a cómo ese recurso refuerza una discusión: si el formato de tres países y múltiples sedes puede sostenerse sin que el impacto climático se convierta en un punto crítico de la competencia.
De acuerdo con Yahoo Sports, sitio deportivo, y Ouest-France, diario regional francés, el uso del jet privado por parte de Infantino se convirtió en un foco de críticas por la contradicción entre los discursos de sostenibilidad de la FIFA y un Mundial que exige vuelos entre sedes distantes.
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El debate ambiental por el impacto de los traslados en el Mundial
Más allá del itinerario puntual, el debate sobre emisiones se organiza alrededor de un diagnóstico común: el transporte domina la cuenta final. Según Los Angeles Times, el cálculo de 7,7 millones de toneladas métricas atribuibles solo al transporte aéreo implica que los vuelos concentran la porción mayoritaria del total estimado para el certamen.
En esa lectura, cada traslado adicional —sea de hinchas, equipos o dirigentes— refuerza la percepción de que el Mundial 2026 enfrenta un desafío estructural para sostener objetivos ambientales creíbles.
La comparación con Qatar aparece de manera recurrente como marco explicativo. Allí, la cercanía entre estadios permitía concentrar operaciones en una zona acotada y reducía la necesidad de vuelos internos.
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En cambio, el diseño actual combina múltiples fronteras, ciudades separadas por miles de kilómetros y una agenda de partidos que, por razones deportivas y comerciales, puede derivar en desplazamientos rápidos entre sedes.
En ese contexto, según The Guardian, la decisión de que Infantino recurra a un jet privado para sostener una agenda de dos partidos por día potencia el costado más visible de la discusión: la tensión entre la escala del espectáculo y el costo ambiental de hacerlo posible.
La polémica, además, se alimenta de una dimensión simbólica: la figura que encabeza el organismo rector del fútbol mundial elige el modo de traslado más cuestionado en términos de emisiones por pasajero, en el mismo torneo que enfrenta críticas por su huella de carbono. De acuerdo con Yahoo Sports, ese contraste es el que explica por qué el tema se convirtió en un punto de conversación global durante la competencia.
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