El Senado de Estados Unidos volvió a rechazar un proyecto de financiamiento provisional, extendiendo el actual cierre del Gobierno federal hasta sumar 23 días este jueves, lo que lo convierte en el segundo más prolongado en la historia del país, solo superado por el cierre de 35 días entre diciembre de 2018 y enero de 2019 bajo la administración Trump.
El intento más reciente, liderado por los senadores republicanos, representó la duodécima votación fallida para reabrir el gobierno, en medio de una profunda polarización legislativa sobre el rumbo de la política sanitaria y el presupuesto federal.
Según el recuento realizado tras la sesión, el bloque republicano obtuvo 54 votos a favor y 46 en contra, quedando por debajo de los 60 votos necesarios para aprobar la medida. Tres miembros del ala opositora, Catherine Cortez Masto, John Fetterman y el independiente Angus King, se sumaron a la propuesta republicana en esta instancia.
La sesión estuvo marcada por un retraso significativo provocado por un discurso de resistencia pronunciado por Jeff Merkley, senador demócrata por Oregon, quien mantuvo la palabra durante 22 horas y 39 minutos, acto que lo ubicó entre las maratones oratorias más extensas en la historia del Senado.
Durante su intervención, recogida por diversos medios estadounidenses, Merkley denunció lo que calificó como políticas autoritarias del presidente Donald Trump, entre ellas “la persecución de opositores políticos” y el “despliegue del ejército en ciudades gobernadas por demócratas”. Señaló, además, que el Ejecutivo buscaba reemplazar “un gobierno para el pueblo” por uno “para los poderosos”, refiriéndose a medidas fiscales y recortes sociales “destinados a beneficiar a los más ricos en detrimento de las familias estadounidenses”. Advirtió que el fenómeno autoritario “no está en el horizonte, sino aquí y ahora”.

El discurso de Merkley fue interrumpido en contadas ocasiones para responder preguntas de otros demócratas y duró casi un día completo. Esta maratón parlamentaria ya había tenido precedentes, como la intervención de Cory Booker, senador por Nueva Jersey, quien en abril estableció un récord de casi 26 horas durante una protesta contra nominaciones promovidas por Trump. En el caso actual, la acción constituyó una estrategia de visibilidad política más que un filibuster tradicional, con el objetivo de presionar a los republicanos a negociar sobre la extensión de subsidios sanitarios previstos en el sistema conocido como Obamacare.
Los republicanos, encabezados en la sesión por el senador Rand Paul y el líder de bloque John Thune, no lograron sumar los apoyos necesarios. Thune cambió su voto a “no” al final de la votación, una maniobra procedimental que le permitirá reintroducir la propuesta más adelante. En medio del debate, los republicanos reiteraron sus críticas al mantenimiento de los subsidios sanitarios, argumentando durante la sesión que estos programas fomentarían, sin pruebas, el acceso de inmigrantes ilegales al sistema sanitario.
El estancamiento legislativo tiene impacto directo sobre más de 1,3 millones de trabajadores federales que, al terminar la semana, dejarán de recibir su paga quincenal, en lo que representa la primera afectación salarial directa desde el inicio del cierre el pasado 1 de octubre. A lo largo de estas tres semanas, la administración pública estadounidense ha paralizado funciones clave, manteniéndose únicamente los servicios esenciales en agencias federales y organismos de seguridad.
La división se centra fundamentalmente en los subsidios a los seguros médicos. Los demócratas han rechazado 12 veces reabrir el gobierno mientras los republicanos insistan en eliminar los apoyos que consideran esenciales para millones de estadounidenses, defendiendo que el llamado Obamacare permite el acceso a la salud a ciudadanos con bajos ingresos. Por contra, los republicanos se mantienen firmes en su exigencia de suprimir los subsidios antes de considerar cualquier fórmula de reapertura presupuestal.
La prolongación de la parálisis evidencia la distancia entre ambos partidos y una creciente tensión en el seno del Congreso. A lo largo de la madrugada, según comunicó en redes sociales el senador John Barrasso, segundo en jerarquía de la bancada republicana, la dirección demócrata fue criticada por forzar a los empleados públicos encargados de la seguridad y el soporte técnico del Senado a trabajar horas extras sin remuneración, al mantener el pleno abierto durante toda la noche.
Al cierre de la jornada parlamentaria, las vías para un acuerdo seguían bloqueadas y ninguna de las dos cámaras del Congreso anticipaba avances en las negociaciones para poner fin al cierre más extenso en más de cuatro años.
(Con información de AP y EFE)
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