
Estados Unidos ha intensificado sus medidas de seguridad en el Caribe mediante la instalación de un radar TPS-78 en Granada, una isla posicionada geográficamente frente a las costas venezolanas, así lo aseguró el oficial retirado de inteligencia naval estadounidense Jesús Romero, en entrevista con el medio Actualidad Radio.
Esta acción forma parte de una iniciativa orientada a prevenir actividades ilícitas que incluyen el narcotráfico y la posible presencia de células yihadistas con conexiones directas con estructuras del régimen de Nicolás Maduro.
De acuerdo con Romero, la reciente visita del jefe del Comando Sur, el almirante Alvin Holsey, a Granada y Antigua no responde a motivos protocolarios, sino que se encuadra en una estrategia para reforzar la vigilancia frente a diversas amenazas regionales.
“Granada está más cerca de Caracas que Matamoros de la frontera. Ese radar no es casualidad”, afirmó Romero.

El nuevo sistema de radar se integrará a una red regional que busca anticipar y disuadir operaciones vinculadas a carteles del narcotráfico, redes transnacionales de crimen organizado y grupos extremistas como Hezbollah, señalados por las agencias de inteligencia norteamericanas como operativos bajo resguardo de la dictadura venezolana.
“No son solo transnacionales. Son transcriminales. Drogas, terrorismo, armas, política. Todo junto”, enfatizó Romero.
El radar TPS-78 es un sistema avanzado de vigilancia aérea que permite detectar aeronaves y movimientos a gran distancia, incluso en condiciones climáticas adversas, y se utiliza en tareas de defensa, monitoreo de tráfico y control fronterizo.
La preocupación estadounidense no es reciente. Desde la llegada al poder de Hugo Chávez y durante el mando de Nicolás Maduro, Venezuela ha sido identificada como un punto clave para la logística de organizaciones radicales y grupos criminales. Según fuentes de inteligencia, el país sudamericano sigue ofreciendo facilidades para el movimiento de actores irregulares, incluidos elementos yihadistas, en alianza con redes ilícitas regionales.

En las últimas semanas, el accionar norteamericano en la región se ha traducido también en operaciones militares directas. El presidente Donald Trump confirmó un reciente ataque efectuado por las Fuerzas Armadas de Estados Unidos contra una embarcación en aguas cercanas a la costa venezolana. El mandatario indicó que el barco, identificado como parte de una organización designada como terrorista, transportaba drogas y fue interceptado en una operación dirigida por el Comando Sur de los Estados Unidos.
“El ataque se llevó a cabo en aguas internacionales y seis narcoterroristas varones a bordo del barco murieron. Ningún miembro de las Fuerzas Armadas de EEUU resultó herido”, puntualizó Trump en un mensaje publicado en sus redes sociales.
Estas operaciones se suman a al menos cinco acciones militares estadounidenses documentadas en la zona desde septiembre, la mayoría enfocadas en interceptar “narcolanchas” vinculadas a redes criminales con base en Venezuela y República Dominicana.
El Departamento de Defensa estadounidense sugiere que estos operativos son el inicio de una estrategia regional que podría replicarse en otros escenarios, como México, en función de los resultados obtenidos en el Caribe.
Autoridades estadounidenses explican que la vigilancia y combate contra el narcotráfico y el terrorismo no se limitan a interdicciones marítimas, sino que forman parte de un enfoque integral de seguridad hemisférica. Diversos informes públicos señalan que la frontera sur de Estados Unidos ha detectado el ingreso de células irregulares provenientes de Venezuela, algunas de las cuales han sido identificadas y posteriormente deportadas.
“Ya se detectaron células que cruzaron hacia EEUU por la frontera sur. Fueron deportadas. Pero no es un hecho aislado”, señaló Romero.
La estrategia actual prevé el fortalecimiento de plataformas militares, el incremento de recursos tecnológicos para el monitoreo –como los radares TPS-78– y la colaboración multinacional a través de una potencial fuerza conjunta regional. Según Romero, “si esto funciona en Venezuela, México podría ser el siguiente foco. Esto va más allá del chavismo. Es una lucha por el hemisferio”.
El régimen de Nicolás Maduro ha criticado de forma reiterada la presencia estadounidense en el Caribe, tildando los ejercicios y operativos de provocación y amenaza a la soberanía venezolana. Estados Unidos, por su parte, mantiene su discurso oficial centrado en la necesidad de contener el avance del narcotráfico y cortar rutas que, según Washington, benefician tanto a organizaciones criminales como a actores extremistas en la región.
(Con información de EFE)
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