Las vacaciones de Semana Santa están a la vuelta de la esquina, pero son muchos los que ya empiezan a planificar una escapada de fin de semana o unos días de desconexión alejados de la rutina del día a día. Aunque en España hay un sinfín de lugares de ensueño que merece la pena descubrir, hacer turismo en el extranjero siempre es buen plan. De hecho, tampoco es necesario irse demasiado lejos: Portugal alberga tres pueblos medievales espectaculares, que están cerca y que aún están libres de las aglomeraciones.
Portugal ofrece destinos poco turísticos, especialmente en la frontera con España, donde se encuentran pueblos que combinan historia, cultura y entornos naturales. Ejemplo de ello son Almeida, Trancoso y Linhares da Beira. Estas localidades, de tamaño reducido y fácil recorrido, resultan propicias para una escapada de fin de semana. Sus centros históricos, calles blancas, murallas y castillos medievales permiten conocer la arquitectura tradicional portuguesa y disfrutar de paisajes singulares.
En estos pueblos, las construcciones antiguas y las ventanas del siglo XVI aportan un ambiente particular. La hospitalidad, característica de la población local, favorece una estancia acogedora. La visita a estos destinos facilita el contacto directo con la cultura portuguesa, en un entorno tranquilo y alejado de las rutas más frecuentadas.
Almeida, la villa protegida por una muralla que aún conserva

A solo 12 kilómetros de Aldea del Obispo, en Salamanca, Almeida destaca como uno de los ejemplos más representativos de arquitectura militar en Portugal. Su trazado, visible desde el aire, adopta la forma de una estrella de doce puntas, resultado de una planificación defensiva desarrollada entre los siglos XVII y XVIII alrededor de un antiguo castillo medieval.
La ubicación fronteriza de Almeida motivó la construcción de una muralla de 2.500 metros, reforzada con baluartes y puertas diseñadas para confundir a posibles atacantes. Este sistema defensivo permitió resistir episodios clave, como las Guerras de la Restauración y la invasión napoleónica del siglo XIX, aunque parte de la fortificación presenta daños visibles de estos enfrentamientos.
El recorrido por Almeida incluye la visita a sus murallas, así como un paseo por calles empedradas donde se conservan casas señoriales y varias iglesias. El conjunto ofrece un panorama que combina patrimonio histórico, arquitectura militar y vida local. Además, el municipio forma parte de la red de Aldeas Históricas de Portugal, un proyecto dedicado a la conservación y promoción de enclaves con valor cultural y turístico.
Un barrio judío y una antigua sinagoga: qué ver en Trancoso

A escasa distancia al este de Almeida se localiza Trancoso, otra de las aldeas históricas de Portugal, reconocida por la antigüedad y el estado de conservación de sus murallas. El acceso principal al recinto amurallado se realiza a través de la puerta d’El Rei, que conduce directamente al casco antiguo, donde se ubican el castillo y la iglesia de São Pedro. El castillo, protagonista de enfrentamientos entre musulmanes y cristianos durante la Edad Media, constituye uno de los principales atractivos del municipio.
El recorrido por Trancoso permite adentrarse en el barrio judío, situado en la zona conocida como Vila Nova. Este sector conserva edificaciones características de la comunidad judía que impulsó la actividad comercial en el siglo XV, con viviendas de doble puerta, una para el negocio y otra para el uso residencial. Entre los puntos de interés destaca la llamada Casa del Gato Negro, vinculada históricamente a la sinagoga y al rabino local.
Trancoso forma parte de la red de Aldeas Históricas de Portugal y desarrolla iniciativas orientadas a la preservación de su patrimonio, la promoción cultural y el turismo sostenible. El municipio también organiza eventos anuales que ponen en valor la herencia sefardí y la historia medieval de la región.
Linhares da Beira y sus orígenes romanos, visigodos y musulmanes

Linhares da Beira, situada en la Sierra de la Estrella, hunde sus raíces en un antiguo castro lusitano y debe su nombre a la tradición del cultivo del lino, que marcó la economía local durante siglos. La región, ocupada sucesivamente por romanos, visigodos y musulmanes, pasó definitivamente a formar parte de Portugal en el siglo XII, tras intensos enfrentamientos y cambios de dominio.
El castillo de Linhares, construido en el siglo XIII sobre los restos de una fortaleza árabe, sobresale por sus dos torres almenadas y las ruinas de antiguas cisternas en la plaza principal, testigos de su pasado defensivo. La visita por el pueblo revela una combinación de viviendas sencillas y casas solariegas, así como la iglesia parroquial, de origen románico y renovada en el siglo XVII.
Uno de los elementos más singulares de Linhares es su forum medieval, una tribuna de piedra elevada sobre un banco y una mesa, desde donde se comunicaban a los vecinos las decisiones colectivas. Linhares da Beira forma parte de la red de Aldeas Históricas de Portugal y se ha consolidado como destino para quienes buscan patrimonio, paisaje y tranquilidad, además de ser reconocida por la práctica del parapente debido a las condiciones favorables de la sierra. El municipio también destaca por la conservación de tradiciones locales y la organización de actividades culturales ligadas a su historia.
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