
El otoño despliega sobre los Picos de Europa una gama de colores y sensaciones que transforma sus senderos en destinos imprescindibles para los amantes del aire libre. Con la bajada de temperaturas, los bosques se tiñen de dorado, los caminos recuperan la serenidad y el silencio, y la montaña invita a recorrerla con una calma difícil de hallar en otros momentos del año.
En este tiempo, excursionistas de todos los perfiles encuentran en este parque nacional opciones para cada nivel: desde paseos familiares entre lagos hasta travesías exigentes que despiertan el ánimo de los más experimentados. Es por ello que se ha elaborado una selección de las rutas más increíbles para hacer durante esta época del año.
Ruta del Cares
Para quienes buscan emociones más intensas y una aventura en plena montaña, la Ruta del Cares representa uno de los mayores atractivos de los Picos de Europa. Este recorrido conecta los pueblos de Caín, en León, y Poncebos, en Asturias, siguiendo el curso de un profundo desfiladero durante veintiún kilómetros de ida y vuelta. Gran parte del sendero discurre tallado en la roca y se interna en estrechas gargantas, por lo que, aunque no es peligrosa, exige atención y cierto respeto por el entorno agreste.
Este camino requiere unas siete horas a ritmo tranquilo, lo que permite adentrarse de lleno en los paisajes abruptos y en la historia geológica del parque. Puentes de piedra, túneles excavados a mano y paredes verticales acompañan al senderista mientras avanza siguiendo el rumor incesante del río Cares. Durante el otoño, el cambio de color en las copas de los árboles y la luz tenue del valle aportan una belleza singular, haciendo cada tramo aún más especial y ofreciendo múltiples oportunidades para detenerse y admirar el paisaje. La ruta está especialmente recomendada para senderistas con algo de experiencia y buen fondo físico, ya que la longitud y la naturaleza del terreno requieren preparación y resistencia.
Ruta por los Lagos de Covadonga

Dentro del imaginario asturiano, ninguna imagen resulta tan emblemática como la de los Lagos de Covadonga. Este recorrido circular, de seis kilómetros, serpentea entre los lagos Enol y La Ercina, joyas glaciares situadas a más de mil metros de altitud y rodeadas de picos imponentes. El itinerario atraviesa prados de un verde intenso que, en otoño, contrastan todavía más con las primeras nieblas y los reflejos del agua. Las vacas pardas de montaña, habituales en el paisaje, aportan un aire bucólico al entorno y reafirman la identidad ganadera de la zona.
La sencillez del sendero, sin excesivo desnivel ni grandes dificultades, lo convierte en una opción ideal para familias y senderistas poco iniciados. La ruta se puede completar en unas tres horas, permitiendo detenerse a admirar las panorámicas, captar la luz cambiante y disfrutar de la tranquilidad que aporta la estación a estos parajes normalmente concurridos. El entorno ofrece, además, la posibilidad de observar distintas especies de aves y mamíferos, y es frecuente escuchar los cencerros lejanos rompiendo el silencio del valle.
El Macizo de Andara: la cara menos transitada
Menos conocida que otras zonas del parque, la ruta que atraviesa el Macizo de Andara permite descubrir una vertiente más solitaria y salvaje de los Picos de Europa. El recorrido parte desde el Refugio de Áliva y se adentra en antiguos caminos mineros, pasando por paisajes de alta montaña con formaciones rocosas imponentes. Con una longitud variable según el itinerario elegido, esta ruta es perfecta para quienes buscan una experiencia menos masificada y desean sumergirse en la tranquilidad de la naturaleza.
Ruta Fuente Dé – Refugio del Picu Urriellu
Los aficionados al senderismo de mayor nivel encuentran en la travesía entre Fuente Dé y el Refugio del Picu Urriellu el reto definitivo dentro de los Picos de Europa. El recorrido comienza con el ascenso en teleférico desde Fuente Dé, que permite alcanzar las alturas del macizo central en apenas unos minutos. Desde ese punto, el camino continúa a lo largo de nueve kilómetros, sumergiendo al excursionista en un paisaje alpino donde praderas y rocas alternan con abruptos desniveles.
El destino final de la ruta es la base del Naranjo de Bulnes, también conocido como Picu Urriellu, uno de los picos más reconocibles y reverenciados de la cordillera. A pesar de que la distancia no parece demasiado larga, la dificultad del terreno incrementa la exigencia, haciendo de esta expedición una experiencia aconsejable solo para quienes cuentan con buen estado físico y experiencia previa en montaña. El tiempo estimado para completar la travesía ronda las cuatro horas, pero la impresión que dejan los paisajes, la soledad de los altos valles y la presencia rotunda del Picu Urriellu perduran mucho más allá.
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