
Tenerife es uno de los destinos más mágicos de España. Esta isla, la más grande del archipiélago canario, es conocida por albergar un patrimonio natural envidiable que tiene su máximo exponente en el Parque Nacional del Teide. Pero más allá de este emblema tinerfeño, la isla cuenta con un patrimonio que permite descubrir todos sus secretos. Así, pueblos como San Cristóbal de La Laguna, la antigua capital de la isla y declarada Patrimonio de la Humanidad, o Garachico, uno de los más bonitos, sorprenden al viajero con sus encantos únicos.
Pero entre todas las maravillas de Tenerife, el caserío de Masca se alza como uno de los más increíbles. Entre riscos y crestas afiladas, esta pequeña localidad parece de otro planeta. Se enclava en el Parque Rural de Teno, al norte de la isla y a más de 700 metros de altitud. Es por ello que sus vistas son de las más espectaculares de canarias, donde sus profundos barrancos dejan con la boca abierta. Sin embargo, si por algo destaca este enclave es por su difícil acceso, el cual ha mantenido a Masca aislado durante años. Gracias a ello, ha sabido conservado la esencia auténtica tinerfeña con una arquitectura rural de gran belleza y una identidad cultural propia.
Un paisaje aislado repleto de encantos

En el corazón del Parque Rural de Teno, lo que hace diferente a Masca es su aislamiento natural. Hasta los años 60, la única forma de acceder a este pequeño núcleo era andado o en burro. Ahora, una estrecha y sinuosa carretera recorre los riscos y los barrancos de este enclave y une el pueblo con Santiago del Teide. Durante el recorrido, el paisaje invita al viajero a pararse en sus miradores y disfrutar de las imponentes vistas de todo el macizo. A su vez, el origen de Masca está íntimamente ligado con el agua. Antes de la conquista, los primeros pobladores establecieron aquí un pequeño pueblo gracias a la abundancia de agua.
Este recurso, escaso en la isla, hizo que los aborígenes establecieran allí sus cultivos y ganados, tal y como lo demuestran algunos yacimientos encontrados en las inmediaciones del roque Tarucho. Estas prácticas se han mantenido hasta día de hoy, así como sus impresionantes bancales escalonados en la ladera de la montaña, brindando una imagen única y de lo más impresionante. Pero más allá de su historia y agricultura, el pueblo de Masca ha sabido mantener su esencia en cada rincón. Así, unas pocas calles conforman el trazado laberíntico de una villa que ha sido declarada Lugar de Interés Etnográfico e Histórico y Bien de Interés Cultural.
En un paseo por ellas se puede admirar la arquitectura rural canaria, donde las casas tradiciones destacan por su piedra volcánica y madera de tea. Además, la ermita del siglo XVIII, situada en la plaza del pueblo y junto a un majestuoso laurel de Indias, es uno de los principales monumentos del municipio. A esto le acompaña el rico olor de algunos de sus restaurantes y la incesante música y artesanía que recorre sus calles. Pero el encanto de Masca va mucho más allá. El Museo Etnográfico, ubicado en la antigua escuela guanche, o el Centro de Visitantes, muy cercano a la ermita, permiten conocer la historia de este remoto destino tinerfeño.
Una ruta entre riscos y leyendas

El entorno natural que rodea Masca es uno de sus principales encantos. Tanto es así que la localidad es punto de partida de una de las rutas de senderismo más emblemáticas de Canarias: el descenso del barranco de Masca. Este recorrido de aproximadamente cinco kilómetros conecta el pueblo con la costa atlántica a través de un cañón estrecho, flanqueado por paredes que alcanzan los 400 metros de altura. Se trata de un sendero de dificultad media-alta, que requiere autorización previa, calzado adecuado y cierta preparación física, pero que ofrece una experiencia única en contacto directo con la geología más salvaje de la isla.
Durante años, esta ruta se hizo de forma libre, aunque desde 2021 su acceso está regulado para evitar el deterioro del entorno y garantizar la seguridad de los caminantes. Al final del descenso, los excursionistas llegan a una pequeña cala de cantos rodados, donde antiguamente era posible tomar un barco hacia el puerto de Los Gigantes. Actualmente, el regreso debe hacerse a pie. El barranco de Masca está envuelto en historias y leyendas. Se dice que fue refugio de piratas y contrabandistas, aprovechando lo escarpado del terreno para esconderse de las autoridades. Algunos relatos orales incluso aseguran que todavía quedan restos de tesoros enterrados en sus recovecos.
Cómo llegar
Desde Garachico, el viaje es de alrededor de 50 minutos por las vías TF-42 y TF-436. Por su parte, desde La Laguna el trayecto tiene una duración estimada de 1 hora y 25 minutos por la carretera F-5.
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