
Sevilla combina historia, arte y tradición en un escenario de calles adoquinadas, monumentos icónicos y un ritmo de vida marcado por el flamenco y la gastronomía. A orillas del Guadalquivir, la ciudad despliega su riqueza patrimonial en espacios como la imponente Catedral con la Giralda, el Real Alcázar y la Plaza de España. Sus barrios, desde el bullicioso Triana hasta el señorial Santa Cruz, reflejan la herencia árabe y el esplendor barroco que han definido su identidad. Pero esto no es todo, pues es además la capital y el centro administrativo de Andalucía, el cual tiene su sede en uno de los edificios históricos más bonitos y emblemáticos de la ciudad.
Se trata del palacio de San Telmo, una majestuosa construcción situada a orillas del Guadalquivir que se alza como un símbolo del barroco andaluz y un referente histórico de la ciudad. No obstante, antes de ser la sede de la Junta de Andalucía, ha desempeñado otras funciones donde destaca su rol como colegio para navegantes.
Un importante edificio en la ciudad
La construcción del palacio de San Telmo comenzó el 10 de marzo de 1682 en terrenos situados extramuros de la ciudad y pertenecientes al Tribunal de la Inquisición. Su finalidad inicial fue albergar la sede del colegio-seminario de la Universidad de Mercaderes, institución que formaba a huérfanos de marineros. Un siglo después, el edificio pasó a ser el Colegio de la Marina, donde en 1846 ingresó el poeta Gustavo Adolfo Bécquer. Sin embargo, un año más tarde el edificio dejó de cumplir esta función y fue destinado a diversos usos, entre ellos la sede de la Sociedad del Ferrocarril y la Universidad Literaria.

En 1849, la propiedad fue adquirida por Antonio de Orleans y Luisa Fernanda de Borbón, duques de Montpensier, quienes lo transformaron en su residencia oficial. Uno de los eventos más relevantes que tuvieron lugar en su interior ocurrió el 12 de diciembre de 1877, cuando en su salón principal se celebró la pedida de mano de María de las Mercedes de Orleans por parte del duque de Sesto, José Isidro Osorio y Silva-Bazán, y el senador Francisco Marín de San Martín, marqués de la Frontera, en nombre de Alfonso XII de España, mediante una carta manuscrita del monarca.
Al fallecer en 1897 la infanta María Luisa Fernanda, el palacio fue legado a la Archidiócesis de Sevilla. Además, sus jardines fueron cedidos a la ciudad, dando origen al actual Parque de María Luisa, uno de los espacios verdes más emblemáticos de la capital andaluza.
Una visita gratuita
Ya en el siglo XX, bajo el arzobispado de Marcelo Spínola, el palacio fue transformado en seminario, función que mantuvo hasta 1989, cuando fue cedido a la Junta de Andalucía para convertirse en la sede del Gobierno autonómico. Dos años después, en 1991, comenzaron las obras de rehabilitación para adecuarlo como sede oficial de la presidencia de la Junta de Andalucía. Posteriormente, en 2005, se inició una segunda fase de restauración centrada en recuperar la estructura original y los detalles interiores del edificio, alterados por múltiples intervenciones a lo largo de los años.
De este modo, a día de hoy es más que el centro administrativo de Andalucía, si no que se ha convertido en uno de los principales monumentos de Sevilla. El viajero puede contemplar un palacio barroco en el que destaca su imponente fachada de forma totalmente gratuita. Sin embargo, según la web de Turismo de Andalucía, el horario de visita solo son los jueves y los sábados y con cita previa.
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