16 horas en el agua congelada para cruzar “el Everest del mar”: cuatro nadadores logran el reto por relevos y sin neopreno

El equipo estaba compuesto por Frédéric Taillandier, Kevin Audouy, Arleen González y Makala Jones

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Un nadador intentando cruzar el
Un nadador intentando cruzar el Canal de la Mancha (AFP)

Cuatro nadadores, dos hombres y dos mujeres, lograron cruzar el Canal de la Mancha en pleno invierno, enfrentando temperaturas extremas y condiciones que pocos se atreven a desafiar. El cruce, realizado sin trajes de neopreno, se completó en 16 horas y 27 minutos el 18 de enero. El equipo, compuesto por Frédéric Taillandier, Kevin Audouy, Arleen González y Makala Jones, se organizó en relevos, nadando cada uno durante una hora y descansando tres antes de volver al agua. La travesía comenzó en Dover, Inglaterra, y terminó en Wissant, Francia, bajo el proyecto de la asociación Swim for the Planet.

Frédéric Taillandier, uno de los integrantes, describe la experiencia como un sueño para quienes practican la natación de aguas abiertas. “Hablamos del Everest de la natación, un sueño para muchos nadadores de aguas abiertas. Fuimos, como a la cima del Himalaya, a donde hace frío y escasea el oxígeno”, señala Taillandier, quien reside en Rouans, Loira Atlántico. Junto a su vecino de Nantes, el franco-luxemburgués Kevin Audouy, la mexicana Arleen González y la galesa Makala Jones, se propusieron el reto de atravesar el canal sin protección térmica, confiando únicamente en su preparación física y mental.

Las condiciones durante el cruce fueron especialmente duras. La temperatura del agua oscilaba entre 7 y 9 grados Celsius, lo que exigió al máximo la resistencia de los nadadores. El procedimiento era claro: al llegar el turno, debían lanzarse de inmediato, sin tiempo para aclimatarse. “Nos dicen que nos lancemos, nos tiramos al agua y allá vamos”, relata Taillandier. La exposición al frío genera sensaciones intensas: “Durante la inmersión, experimentas una especie de sobrecarga sensorial, como si te pincharan la piel con miles de agujas. Dura cinco minutos. Te concentras en la brazada, escapas del dolor centrándote en cosas más placenteras”.

Una nadadora cruzando el Canal
Una nadadora cruzando el Canal de La Mancha

El Canal de la Mancha, lejos de ser un trayecto calmado, presentó fuertes corrientes y olas, especialmente cerca de la costa. En esas circunstancias, el esfuerzo es constante y cada brazada cuenta. “En esos momentos, el único objetivo es retirar el brazo, empujar el agua y volver a empezar. Es una batalla contra el mar”, explica Taillandier. El paso de las horas y la repetición de los turnos aumentan el desafío, pero también llega el difícil momento de salir del agua y tratar de recuperar la temperatura corporal lo más rápido posible.

El frío dentro y fuera del agua

Fuera del agua, el frío sigue siendo un obstáculo. Los nadadores cuentan con asistencia para llegar a una cabaña, donde se secan y visten con rapidez. “Un ángel de la guarda nos cuida. Nos ayuda a caminar lo mejor que podemos hacia la cabaña. Nos secamos, nos vestimos rápidamente —pantalones, calcetines, gorro de piel, chaqueta— y luego vamos al lugar más cálido a tomar té o infusión. Y empezamos a temblar”, relata Taillandier sobre esos momentos críticos.

El fenómeno del descenso de la temperatura corporal tras salir del agua, conocido como afterdrop, fue observado de cerca por Benoît Mauvieux, profesor de la Facultad de Ciencias del Deporte de la Universidad de Caen-Normandía. “Cuando los nadadores salen del agua, su temperatura corporal continúa bajando durante cuarenta o cincuenta minutos. Este fenómeno se conoce como afterdrop”, explica Mauvieux. Según el especialista, el cuerpo reacciona redistribuyendo la sangre: “Para combatir el frío, la sangre se retira de la superficie del cuerpo para concentrarse alrededor de los órganos vitales. Al volver a circular a nivel de la piel, se enfría”.

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Mauvieux estudió el cruce equipando a los nadadores con sensores para registrar sus respuestas fisiológicas y conductuales. Según el investigador, pruebas como esta permiten observar en un corto tiempo cómo el cuerpo se adapta a situaciones extremas, mucho más rápido que en la vida cotidiana. El objetivo era analizar la recuperación del calor corporal entre turnos y ajustar modelos matemáticos que permitan definir umbrales de seguridad para el nado en aguas frías. Los resultados de este experimento podrían beneficiar tanto a deportistas como a personas expuestas a bajas temperaturas, desde náufragos hasta quienes viven sin hogar.