
La final de la Copa África, celebrada en Rabat, se convirtió en una velada cargada de controversias que dejó a Marruecos sin el trofeo y a Senegal como campeón en un partido marcado por el debate arbitral y la tensión entre ambos equipos. Marruecos, país anfitrión, soñaba con coronar la organización de la competición continental con una fiesta deportiva, pero el desenlace estuvo lejos de lo esperado y el torneo terminó envuelto en polémica.
El encuentro decisivo entre Marruecos y Senegal estuvo condicionado por una sucesión de jugadas discutidas en los minutos finales del tiempo reglamentario. Cuando el reloj marcaba el minuto 92, el árbitro Jean-Jacques Ngambo Ndala, procedente de la República Democrática del Congo, anuló un gol al jugador senegalés Seck, aduciendo una falta sobre Achraf Hakimi. La acción fue muy protestada, ya que el contacto sobre el lateral del PSG fue mínimo y muchos observadores no vieron motivo suficiente para sancionar la jugada. Esta decisión favoreció a Marruecos en un momento crítico, evitando que Senegal se adelantara en el marcador en los compases finales.
Tres minutos después, la polémica se trasladó al área senegalesa. Diouf sujetó ligeramente a Brahim Díaz, quien cayó dentro del área. El árbitro, tras consultar el VAR durante varios minutos, señaló penalti para Marruecos. El contacto entre los jugadores fue leve, pero suficiente para que la jugada terminara con la señalización de la pena máxima. La reacción de Senegal fue inmediata: los jugadores, liderados por su entrenador Pape Thiaw, amenazaron con abandonar el terreno de juego como protesta por las decisiones arbitrales. Solo la intervención de uno de los futbolistas más experimentados y con mayor peso específico en el grupo logró evitarlo. “Vamos a jugar como hombres”, exhortó el exjugador del Liverpool y Bayern de Múnich, logrando que el equipo regresara al campo. De haberse retirado, el conjunto africano habría perdido la final por incomparecencia y se habría expuesto a una sanción que podría haberle dejado fuera del próximo Mundial.
El penalti fue ejecutado por Brahim Díaz, máximo goleador de la competición y una de las figuras del campeonato. El jugador optó por un lanzamiento a lo panenka, pero el guardameta Mendy adivinó la intención y detuvo el disparo, manteniendo el empate. La tensión en el estadio era máxima, y la sensación de injusticia flotaba tanto en el césped como en las gradas, especialmente por antecedentes similares en partidos anteriores de Marruecos. “Paremos todo y que se les dé la copa directamente [a los marroquíes]”, expresó el periodista Grégory Schneider durante una emisión televisiva en L’Équipe, en referencia a las polémicas arbitrales que se habían dado también en las fases de cuartos y semifinales.
El partido se encaminó a la prórroga, donde Senegal encontró el gol decisivo. Pape Gueye, mediocampista del Villarreal, anotó en el minuto 94, sellando el triunfo senegalés en una de las finales más tensas de los últimos tiempos. La celebración, sin embargo, fue contenida por parte de los jugadores de Senegal, que vivieron el desenlace como un acto de resistencia frente a la adversidad.
Las artimañas de Marruecos
Después del partido, salieron a la luz imágenes de incidentes durante la final. Se observó cómo recogepelotas, personal de seguridad marroquí y algunos jugadores, entre ellos Achraf Hakimi, intentaron impedir que el portero Mendy pudiera secar sus guantes con una toalla, lo que derivó en enfrentamientos con miembros del equipo rival. El suplente Diouf intervino para proteger la toalla, generando una situación tensa en la zona técnica.
La tensión se trasladó también a la sala de prensa, donde periodistas marroquíes boicotearon la intervención del seleccionador senegalés. Se reportaron incidentes entre informadores de ambos países tanto en las gradas como en la zona de entrevistas, como ya había ocurrido en otras fases del torneo. Ante todos estos episodios, la Confederación Africana de Fútbol concedió el premio al Fair Play a Marruecos, país que compartirá la organización del Mundial de 2030 junto a España y Portugal. El desenlace del torneo dejó a Senegal como campeón, pero también un clima de controversia que marcó la edición y la actuación del equipo anfitrión.
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