La historia entre el Liverpool y el Real Madrid en la Champions se remonta a muchos años atrás. En los libros de historia de la competición europea, en particular, y del fútbol, en general, narran ilustres duelos entre los blancos y los reds. Verdaderas batallas campales que se remontan al año 1981 y que este miércoles escribirán un nuevo capítulo. Carlo Ancelotti viaja a Anfield en cuadros, con medio equipo en la enfermería y un primer segmento de la temporada gris, con muchas sombras y pocas luces. En el lado opuesto del campo, se situarán los de Arne Slot, que solo han visto la derrota en un partido ante el Nottingham Forest y un empate ante el Arsenal (ambos en la Premier League); en cuanto a la Champions, tan solo conocen la victoria. El escenario apunta a que serán los reds los que registren los tres puntos y pongan fin a su racha de derrotas ante los de Chamartín.
Corría el año 2009, el Liverpool y el Real Madrid se veían las caras por segunda vez en Champions (la primera fue la final de 1981). Octavos se vestía de final para servir un gran encuentro a los aficionados. Y lo cierto es que las expectativas no defraudaron. El primer partido se jugó en el Santiago Bernabéu, donde los reds se alzaron con la victoria gracias a un gol en los últimos minutos del encuentro de Benayoun. Con la vuelta agendada en Anfield, la eliminatoria parecía que comenzaba a decantarse para los ingleses, pero los blancos necesitaban la victoria y el pase a la siguiente ronda para salvar una temporada que se preveía dejarían en blanco.
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Juande Ramos acababa de llegar al banquillo para sustituir a Bernd Schuster, mientras Vicente Boluda aterrizaba en el palco tras la salida de Ramón Calderón, de forma interina hasta que se llevaran a cabo las elecciones (en las que Florentino volvería a asumir el trono). En un exceso de confianza, de positivismo o en un arrebato de poder tras su ascenso al gran despacho blanco, Boluda pronunció las palabras que, posteriormente, darían nombre al encuentro y por las que sería recordado: “Va a ser un chorreo”. Fue su primera premonición. Y lo cierto es que no se equivocaba. Fue todo un chorreo el partido de vuelta, pero el protagonista no fue el Real Madrid, sino el Liverpool.
Con un equipo liderado por Reina, Arbeloa, Fabio Aurelio, Xabi Alonso, Gerard o Fernando Torres, Rafa Benítez recibía a los blancos en Anfield y con la ventaja de haber ganado el primer duelo. En cuanto el balón comenzó a rodar, los reds avisaron de lo que sería el encuentro, todo un recital de los locales. El marcador no tardó en moverse. En el minuto 16, Fernando Torres adelantó a los suyos tras unos minutos iniciales tanteando la portería de Iker Casillas. Tras un mal despeje de Pepe, Dirk Kuyt dio un impecable pase al Niño, que tan solo tuvo que empujarla.
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El siguiente tanto llegaría desde los once metros. Arbeloa controla un balón largo con el pecho y Gabriel Heinze trata de despejarlo con la mano. Un gesto que no pasó desapercibido ni para el linier ni para el árbitro, que señaló la pena máxima. Esta vez Casillas no se vistió de santo y Gerard, encargado de lanzar el penalti, mandó el balón al fondo de la red para ampliar distancias. Fue en el minuto 28 de partido. Con 2-0 en el marcador, antes de llegar al ecuador del partido, todo parecía indicar que el billete a cuartos de final ya tenía nombre.
La fiesta del Liverpool
Ya en la segunda parte, el Liverpool continuó certificando su superioridad sobre el verde. En el minuto 47, Ryan Babel puso un centro desde la banda izquierda para que Gerard, que entraba como una bala desde la frontal del área, rematara desde el punto de penalti. La misma distancia desde la que había firmado el segundo gol del partido, ahora le brindaba el tercero. Casillas, ante un remate casi a bocajarro, fue incapaz de impedir que el balón cruzara la línea de gol. Los blancos se resistían a dar por perdido el encuentro e Higuaín y Sneijder trataron de batir a Pepe Reina y recortar distancias, pero no fue posible.
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A la fiesta que estaban viviendo los reds sobre el verde todavía le faltaba la guinda. Fue a falta de dos minutos para que concluyera el tiempo reglamentario, pero llegó. Las embestidas no cesaron a pesar de ir tres arriba en el marcador, y los frutos acabaron llegando de nuevo. Kuyt recuperó un balón en su campo y rápidamente se lo entregó a los de arriba. Babel recibió y abrió a banda para Mascherano, que puso un centro para Andrea Dossena, que volvía a batir a Casillas. Tras aquel partido, el Liverpool no volvió a ganar al Real Madrid en Champions, a pesar de que se volvieron a cruzar en ocho ocasiones, siete de ellas con victoria para los blancos. Este miércoles, el contexto y la situación se presenta como la ideal para acabar con esa racha de derrotas. El Real Madrid atraviesa uno de sus peores momentos en años. Los de Carlo Ancelotti no han sido capaces de superar la ausencia de Toni Kroos, adaptar los nuevos jugadores al dibujo ni aguantar las bajas por lesión. Mientras el Liverpool ha registrado un inicio de temporada casi perfecto, con un solo tropiezo en el camino y un juego impecable.
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