
Antonio Banderas atraviesa una de las etapas más intensas de su vida. A sus 65 años, el actor malagueño compagina su trabajo en España y Hollywood con la dirección teatral. Este viernes estrena en el madrileño teatro Pavón la obra Godspell, solo durante ocho únicas semanas. Basada en la versión de Emilio Aragón, este musical se desarrolla en torno al Evangelio de San Mateo a partir de las vivencias de un grupo de jóvenes en una gran ciudad.
Con motivo de la promoción, el actor se ha pasado por algunos pódcasts y platós de televisión. Así lo ha hecho en el medio Ac2ality, donde se ha sentado con Daniela Macarena y Paula Muñoz para conversar sobre sus inicios en Málaga hasta convertirse en una de las caras más reconocidas del cine mundial.
“Fue bonito ser famoso al principio y después se convirtió en una tortura china”, reconoció a la pregunta de si prefería ser famoso o anónimo. “Hubo una época que no podía salir. Cuando terminé El zorro, Entrevista con el vampiro... la relación con Melanie... Era imposible salir a la calle. Ahora no lo sé. Yo creo que me reconocen, pero no me dan la tabarra. Sobre todo en Málaga, la gente me respeta mucho".
“El peligro de la fama puede estar en que tú pienses que te ha pasado porque tú eres especial”, reflexionó. Ademñas, como contó el intérprete, separa con nitidez ambas facetas: “Una cosa es un artista y otra cosa es una celebridad. No tiene nada que ver”.
De la misma manera, la conversación también dejó su hueco para hablar de su relación con Hollywood, un lugar al que define como “muy difícil” y “tremendamente competitivo”. “Terminas arruinándote moralmente. Me acuerdo de pensar: ‘Me voy a vengar haciendo mucho dinero. Si de esto va, a por ello’”. Y lo hizo. “Me importaba una mierda todo”, confesó, recordando cómo se refugió en el trabajo y llegó a rodar “siete películas seguidas”, saltando de hotel en hotel y de avión en avión, hasta que el cuerpo le puso freno.
“Una cosa es un artista y otra cosa es una celebridad”
Además de hablar de su época como actor y director de teatro, Banderas no evitó hablar de política, aunque el malagueño evitó mostrar una papeleta concreta, sí se definió como un “demócrata”. “He votado a distintas opciones a lo largo de la democracia. Lo que sí me considero realmente es un demócrata”, respondió a la pregunta de quién votó en las últimas elecciones.
“Cuando he votado y he perdido, me he conformado a que los próximos cuatro años, aquellos que han ganado, tienen una oportunidad porque la mayoría lo ha decidido”. Eso sí, pidió a los vencedores una obligación que en España, a su juicio, se olvida demasiado: “Que no se olviden de los que pierden, que sean generosos a la hora de legislar”.
Fue entonces cuando pronunció la frase que resume su hartazgo ante el clima institucional: “A veces me quedo mirando un pleno del Congreso de los Diputados y me parece una clase de parvulitos”, finalizó.
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