
“Nosotros la estamos acompañando, pero la que va rodando es ella”. Ana Llorente está nerviosa. La de Infobae España es su primera entrevista de la mañana. “Me da un poco de miedo que no haya estado a la altura, o a las expectativas, que ella hubiese tenido”, añade. La madre de Gata Cattana (1991-2017), el nombre que ha trascendido al de Ana Isabel García Llorente, visita Madrid para presentar Poesía completa (Aguilar), un poemario que recoge todos los versos publicados de la libreta personal de la cordobesa (La escala de Mohs y No vine a ser carne, el primero lanzado en 2016 y el segundo editado de forma póstuma en 2020), algunos de ellos inéditos.
Ana impregna la sala de humildad, una virtud que, reitera, también tenía su hija. “Muchas veces, estas cosas me dan un poco de vergüenza, porque yo no soy merecedora de esto”, dice sobre dar la cara ante la prensa. “Esto se ha hecho desde el cariño, yo lo hubiese guardado, pero al final es algo que tampoco era mío”, afirma. La generosidad de compartir los poemas nunca antes publicados habla de la convicción del ente familiar en apostarlo todo a la leyenda de Gata. “No le dio tiempo a disfrutar el camino que ella había empezado a andar”, cuenta.
¿Rapera? ¿Poeta? El término que mejor traduce su virtuosidad es el de una artista polifacética que encontró en el conocimiento una vía para el arte. Comenzó a cantar flamenco cuando era pequeña, pero fue a través del hiphop y la poesía cuando consiguió florecer como figura generacional, transgresora e indispensable. Sus textos han mantenido una fuerza que tiene un aroma al presente, pues en ellos abordó las luchas feministas, antirracistas y de clase: su lírica transita por la belleza etérea del género para convertirse en un artefacto revolucionario para la paz y la justicia.

“Ella se quedaría un poco en shock, creo”, dice su madre sobre el mito que se ha generado en torno a su figura. Tatuajes abrazando pieles y grafitis narrando las políticas anheladas en las ciudades. Las frases de sus canciones y poemas se han convertido en himnos de una generación que busca la mejora en el error y que asiste a una ceremonia de frustración política y social anual. “La mala suerte es que se fue muy pronto y no se dio cuenta de lo que podía representar, de lo que el resto pensaba cuando ella se expresaba”, añade Ana. “La verdad es que le tengo que dar la razón, se puede estar aunque no se esté”, apostilla, haciendo referencia a uno de los textos más conocidos de su obra.
Exigente y erudita, con la sabiduría como medio para enarbolar el cambio, Gata Cattana hizo de las letras su aliado. “Había muy pocas mujeres por aquel entonces, y sobre todo en las zonas donde ella se movía, que hicieran lo que ella hacía, fue pionera en ese aspecto”, cuenta su madre, que se deshace en halagos hacia ella. “Está feo que yo lo diga, pero es que tiene una voz preciosa”, admite emocionada.
“Estaría feliz de ver que ha puesto una piedra en el camino”
El 2 de marzo de 2017, apenas un mes después del histórico concierto en la Sala El Sol de Madrid y de comenzar a dar los primeros pasos que auguraban la llegada del éxito mainstream, Gata Cattana falleció de un shock anafiláctico. Su muerte se envolvió de un eco de misterio que bebió de las teorías conspiratorias que buscan explicar lo indescifrable. Para su madre Ana, la única realidad es que su hija se fue demasiado pronto. “Me acuerdo que me decía: ‘Mamá, me hacen una entrevista y me salen otras cuatro’”, explica sobre el ascenso meteórico que un fallo orgánico frenó.
Uno de los grandes elementos que narran la idiosincrasia de la rapera cordobesa es su sororidad, el compromiso que siempre ha tenido para hablar de la opresión hacia la mujer, del machismo, de la violencia y de los roles de género de corte patriarcal. Ana no solo destaca el interés que su hija siempre tuvo en los estudios, también la capacidad de leer situaciones y conductas que no veía reproducidas en casa. Así le pasó con un trabajo que tuvo que presentar en la Educación Secundaria Obligatoria, y con el que mostró su faceta feminista. “Me llegó al alma”, explica. “Cuando has vivido eso desde dentro es más fácil que empatices, pero es que ella era muy joven”, relata.
Preguntada por qué cree que pensaría Gata de la situación actual (la explosión del ‘Me Too’, la tramitación de la ley del ‘solo sí es sí' o la existencia de casos como el de Gisèle Pelicot), Ana considera que “lo vería con rabia al comprobar que el problema no solo no se ha solucionado, sino que va ahondando la herida”, pero a su vez admite que ella estaría “contenta” de ver que las mujeres han entendido que no tienen “por qué agachar la cabeza”. “Cuando ella hizo la canción de Tributo por allá en 2012, el feminismo que ahora tenemos estaba en pañales, por eso creo que estaría feliz de ver que pudo poner una piedrecita en el camino”, concluye Ana.

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