Logroño conmemora el auto de fe de 1610, la última gran hoguera de la brujería en España

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Rebeca Palacios

Logroño, 7 nov (EFE).- Logroño conmemora este fin de semana el auto de fe de 1610, un proceso judicial de la Inquisición contra 53 personas, la mitad de ellas vecinos de las localidades navarras de Zugarramurdi y Urdax, y que fue la última vez que en España se quemó en la hoguera a acusados de ejercer la brujería.

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El inquisidor Alonso de Salazar y Frías, quien presidió el proceso, concluyó años después que no hubo brujas ni embrujados, ya que todo se debió a delaciones por envidias, acusaciones falsas y confesiones bajo tortura en las mazmorras.

El auto de fe de Logroño, considerado el más importante de la Inquisición, acabó con la condena a muerte de once personas el 7 de noviembre de 1610 y la capital riojana recuerda estos hechos con unas jornadas culturales, que incluyen recreaciones teatrales, mercados, conferencias históricas y talleres infantiles.

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La investigadora e historiadora Rosa Sandín ha detallado a EFE que la "caza de brujas" se extendió por Europa a finales del siglo XV, tras la publicación del 'Malleus Maleficarum' ('El martillo de las brujas'), un manual de dos inquisidores alemanes para identificar y castigar la brujería.

Este tratado -que incluía una justificación teológica sobre la brujería y la guía judicial para capturar, procesar, interrogar y ejecutar a los supuestos herejes- se redactó con sesgo de género, ya que consideraba a las mujeres, por debilidad moral y ambición carnal, más propensas a realizar hechizos, pactos satánicos y maleficios.

"Las brujas eran, en realidad, parteras o curanderas que poseían conocimientos sobre plantas", ha dicho esta historiadora, de modo que las acusaciones se dirigían con saña hacia el eslabón más vulnerable de la sociedad: mujeres viudas, aisladas, marginadas o económicamente débiles.

Además, rencillas vecinales, luchas de poder e intereses económicos por la posesión de las tierras servían de excusa para lanzar "falsas acusaciones de brujería" por miedo o superstición, ha añadido.

La Inquisición española era "mucho más garantista y racional" que otros tribunales europeos, ha recalcado Sandín, ya que requería "pruebas y no solo testimonios" para fundamentar las delaciones por brujería.

Sin embargo, en el caso de 'las brujas de Zugarramurdi' no sucedió así durante el auto de fe de 1610 de Logroño, una ciudad de unos 6.000 habitantes en esa época y que llegó a congregar a 30.000 personas durante este proceso.

En el juicio, el inquisidor Alonso de Salazar y Frías intentó recabar "pruebas científicas que avalaran las acusaciones de brujería" contra los 53 procesados, ha precisado, e, incluso, llegó a denunciar ante La Suprema (el máximo órgano de la Inquisición) las "irregularidades" por el "celo en sentenciar rápidamente" de los otros dos miembros del tribunal, Juan del Valle Alvarado y Alonso Becerra y Holguín.

Después del auto de fe, Salazar y Frías se dedicó a investigar por su cuenta el caso en Navarra y creó un 'edicto de silencio' para que no se volviera a acusar de brujería con denuncias anónimas por envidias y recelos, lo que le valió el sobrenombre de 'el abogado de las brujas'.

Su exhaustiva investigación convenció a La Suprema, que en 1614 emitió unas nuevas instrucciones para exigir pruebas materiales en las acusaciones de brujería, lo que puso fin a las ejecuciones por esta causa en los tribunales españoles, siglos antes que en el resto de Europa.

Para esta investigadora, estas jornadas culturales, además de recordar un hecho histórico, invitan a "abrir la mente para ser más tolerantes con las diferencias sociales, religiosas o económicas y no cometer los mismos errores que en el pasado".

Más de cuatro siglos después, la asociación histórico cultural Guardias de Santiago de Logroño se encarga de la recreación teatral de todos estos hechos, con la representación de un aquelarre, el apresamiento de las brujas y su enjuiciamiento en el auto de fe, ha dicho a EFE su vicepresidente, Nacho Tobía.

El domingo habrá un homenaje a las víctimas de este proceso en el 'Bosque de la memoria', un espacio del logroñés parque del Ebro, formado por once olmos plantados en círculo, con una placa central con los nombres de las cinco mujeres y los seis varones que ardieron en la hoguera. EFE

(Foto) (Vídeo) (Audio)

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