Paula Fernández
Pontevedra, 31 oct (EFE).- ¿Cómo serán los garbanzos, las lentejas o las habas que comeremos en treinta años? Los investigadores en mejora genética trabajan para adaptar los cultivos y lograr variedades más resilientes a sequías, enfermedades y fenómenos extremos causados por el cambio climático.
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Las legumbres son grandes aliadas contra el cambio climático porque fijan nitrógeno en los suelos, pero también tienen que adaptarse a él para sobrevivir y mantener su producción, han explicado a EFE varios investigadores durante el congreso de la Asociación Española de Leguminosas celebrado esta semana en Pontevedra.
Hay en marcha programas de mejora genética muy diversos en centros españoles como el Instituto de Agricultura Sostenible (IAS-CSIC) de Córdoba, donde trabajan con guisantes, lentejas, habas o almortas, entre otras legumbres, enumera el profesor de investigación Diego Rubiales.
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En este y otros centros, cruzan y seleccionan variedades que resisten mejor a diferentes fuentes de estrés que surgen en el campo, como la sequía o las plagas, con avances ya implementados.
Pero el cambio climático corre más rápido que la ciencia y en los últimos cinco años han observado una problemática nueva: los golpes de calor durante el período de reproducción.
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"Como vengan varios días seguidos con temperaturas altas en algunos cultivos, sobre todo en lentejas y en algarroba, se quedan las vainas vacías y es un daño grave", dice Rubiales, que asegura que se observa en países de todo el mundo, como Australia, Canadá, Inglaterra o Líbano.
Uno de los secretos de la mejora genética está en los cultivos tradicionales, que fueron adaptándose al territorio con el paso de los siglos a través de las prácticas de los agricultores.
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A mediados del siglo XX fueron desplazados por variedades procedentes de programas de mejora más productivas, pero siguen siendo clave porque suponen la "materia prima" para futuros desarrollos, explica la investigadora Lucía de la Rosa, del Centro de Recursos Fitogenéticos (CRF) del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA-CSIC).
El CRF conserva alrededor de 13.000 muestras de leguminosas y envía copias de algunos materiales a la cúpula de Svalbard, recientemente galardonada con el Princesa Asturias de Cooperación Internacional.
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Tienen una colección de seguridad y otra activa para investigadores o agricultores que quieran utilizarlas para buscar una variedad mejorada. "Aunque tenemos muchas variedades comerciales a la venta, los cambios en el ambiente están demandando otro tipo de cultivos", refiere De la Rosa.
A las variedades tradicionales de secano como lentejas o garbanzos, que más interés despiertan, se está sumando ahora la soja, indica la investigadora, para responder a la demanda española de producto no transgénico, de proximidad y para consumo humano.
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Muchos de los programas de mejora genética cuentan con fondos públicos pero también hay inversión privada de empresas que buscan variedades mejor adaptadas, aunque los dos investigadores coinciden en que en España falta inversión privada.
El cultivo de leguminosas se ha ido abandonando en España y entre el 60 y el 70 % se importan de países como Canadá o Argentina.
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También ha caído el consumo (de los 13 kilos anuales por persona que se consumían en los 60 llegó a bajar a 3), pero está empezando a repuntar por motivos nutricionales y de salud.
"Lo ideal sería que ese repunte viniera de la mano del producto nacional para ayudar de paso a nuestros agricultores y al mantenimiento del medio rural", asevera De la Rosa.
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Los investigadores llaman a recuperar la tradición de las leguminosas también por salud medioambiental, a lo que están contribuyendo los cambios en la PAC para incluirlas en las rotaciones de cultivos.
"Los beneficios ecosistémicos se los están llevando los agricultores de Canadá y de Argentina, no los de aquí. No solo es bueno comer legumbres, es bueno cultivarlas", concluye Rubiales.
El congreso celebrado en Pontevedra está organizado por la Asociación Nacional de Leguminosas, en colaboración con la Sociedad de Ciencias de Galicia (SCG), la Diputación de Pontevedra y el CSIC (a través de su delegación gallega y de la Misión Biológica de Galicia), con el patrocinio de Ence y Conexión REGEN del CSIC. EFE
(vídeo)
(Recursos de archivo en EFEServicios 8023089176)
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