El Mariquelo: 40 años de subida a la seo salmantina con silencio por el accidente de Urda

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Salamanca, 31 oct (EFE).- El folclorista salmantino Ángel Rufino, conocido como el Mariquelo, ha protagonizado este sábado la subida número 40 a la torre de la catedral nueva de Salamanca, que ha comenzado con un minuto de silencio por las víctimas del accidente ferroviario de Urda (Toledo) y con un marcado carácter solidario.

En una jornada soleada y de puente de Todos los Santos en Castilla y León, esta tradición recuerda el terremoto que sufrió la capital portuguesa en 1755, que hizo que la torre de la catedral salmantina se inclinara y que sonaran sus campanas por el temblor.

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Este sábado, y cada víspera de Todos los Santos, Ee Mariquelo sube a la torre de la Catedral Nueva en una de las tradiciones más reconocibles de la capital salmantina.

Este 2026, se ha guardado un minuto de silencio en memoria de las víctimas del accidente ferroviario de Urda (Toledo) justo antes de la subida.

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Tras ello, ataviado con el traje charro y acompañado por la gaita y el tamboril, Ángel Rufino, el Mariquelo, ha iniciado la ascensión alrededor de las 11:30 horas de la mañana hasta la parte superior de la torre, donde ha hecho sonar la campana 'María de la O' y ha interpretado una pieza tradicional ante el público congregado en los alrededores de la catedral.

Es una tradición con un componente solidario, ya que sirve de apoyo a los niños, familiares y cuidadores de PYFANO, así como a la Asociación de Parkinson de Salamanca, Daño Cerebral Adquirido Salamanca y la Asociación Española Contra el Cáncer.

En su discurso, el Mariquelo ha dirigido sus palabras a estas entidades y a las personas atendidas por ellas, además de reivindicar la importancia de mantener el respaldo social a quienes afrontan enfermedades o situaciones de especial vulnerabilidad.

La jornada ha reunido a representantes y miembros de las asociaciones beneficiarias, que han acompañado el acto y han recibido el reconocimiento del folclorista salmantino.

La iniciativa mantiene la dimensión solidaria de los últimos años, más allá de su componente tradicional y cultural.

La tradición está vinculada al terremoto de Lisboa de 1755, cuando la torre de la Catedral de Salamanca sufrió daños y los campaneros subieron a comprobar su estado y a dar gracias por la ausencia de víctimas.

Ángel Rufino recuperó esta costumbre en 1985 y desde entonces repite la ascensión cada 31 de octubre.

Con el paso de los años, la subida se ha consolidado como una de las imágenes más singulares del calendario salmantino.

La música tradicional, el traje charro, el repique de las campanas y la presencia de vecinos y visitantes se integran en un acto que une patrimonio, folclore y solidaridad. EFE

nmb/mr/jlp

(foto)(vídeo)

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