Camila Fabbri: "Nuestros vecinos siempre son una incógnita, son sus olores y sus ruidos"

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Irene Dalmases

Barcelona, 31 oct (EFE).- Un olor con muchas capas de sentido. Eso es lo que huele el lector nada más iniciar 'El año de la serpiente', la nueva novela de la escritora argentina Camila Fabbri. Se trata de un aroma putrefacto que parece surgir del 5.ºC de un bloque de pisos bonaerense construido en los años sesenta del siglo XX.

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Sin embargo, que nadie piense en una novela negra al uso, sino en una perturbadora historia de "horror doméstico", de mujeres solitarias y hombres temerosos como Simón, uno de los protagonistas, quien en apariencia es una persona indefensa, al que le aterroriza volar.

En una entrevista con EFE, Fabbri descubre que fueron dos los detonantes que la llevaron a sentarse ante el ordenador para armar su nuevo artefacto literario, que publica Anagrama.

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Aficionada a leer en los periódicos casos policiales, tanto argentinos como internacionales, topó un día con uno que relataba la muerte de dos primas a las que encontraron en una bañera, con los cuerpos muy descompuestos, algo que no se entendía, porque hacía muy poco que había ocurrido su deceso.

Sucedió en los años ochenta y, en aquel momento, surgió la teoría de que las había mordido una serpiente, algo que se "desvaneció muy rápidamente, porque era algo más esotérico que otra cosa, pero yo la agarré con todos mis deseos".

Al mismo tiempo, le había interpelado "mucho" el caso de un hombre llamado Pablo Laurta, un uruguayo, dirigente de una agrupación denominada 'Varones Unidos', que abogaba por los derechos de los hombres "en medio de la oleada feminista" y que terminó acusado de asesinar a su expareja y a su exsuegra y de secuestrar a su hijo.

"Algo de la mezcla de estos dos casos ayudó a construir la novela", confiesa la también directora de cine, aunque deja claro que los personajes de Celeste, Aldana, Gina o Simón, propietario de una gran serpiente bautizada como Alicia, son fruto de su imaginación.

Ahonda en el hecho de que como mujer cis, de treinta y largos, que se vincula con hombres: "Muchas cosas de este personaje masculino, Simón, con relación a Celeste, más joven que él, las he sentido, percibido, y tenía muchas ganas de escribir de esto".

Afirma Camila Fabbri que tampoco es baladí que parte de la historia suceda en un bloque de pisos -también tiene su peso Brasil- porque el mundo del vecindario le "interesa mucho".

"En un edificio hay gente, gente que para nosotros son una incógnita, nunca sabemos quiénes son. Son sólo sus olores y sus ruidos, nos es muy difícil completar una imagen suya", precisa.

Sobre un personaje como Simón, sólo adelanta que al principio de la obra "genera más empatía que otra cosa, puesto que es un hombre grande con terror a volar, algo que puede causar cariño, aunque lo haga acompañado de una serpiente".

Cuando el lector descubre este hecho, "todo queda perlado de contradicciones y creo que eso es lo que me interesa narrar: ¿Cómo temerle a una persona temerosa?, a un personaje que, en apariencia es una persona indefensa".

Sobre Aldana y Gina, la primera una mujer jubilada que vive en el 5.ºB, la segunda, portera del bloque de pisos, reconoce: "Son dos mujeres no tan narradas por mí, dos personas que apenas se conocen, más allá de saludarse por la escalera y que por la situación que acabarán viviendo, quizá terminan unidas para siempre de una manera muy extraña".

De hecho, la autora bonaerense no esconde que le interesa mostrar en sus historias "estos vínculos extraños, anómalos, inesperados".

"Tengo agudizado un registro de los peligros domésticos -destaca- y, me doy cuenta, de que suelo escribir sobre este tipo de asuntos, esta especie de terror contemporáneo, el de las cosas posibles, no tanto de los monstruos y los fantasmas".

De visita a España, donde estos días ha presentado su nuevo título, después de que en 2023 quedara finalista del premio Herralde de novela con 'La reina del baile', Camila Fabbri bromea con que le sería "imposible" construir un personaje como el presidente de su país, Javier Milei.

De su país, lo que le aflige y le preocupa es que haya mucho "ciudadano común que siente una especie de odio por el otro, que defiende cuestiones indefendibles, y que con su voto perjudica a la persona que tiene al lado, a su vecino, aunque sea de su misma clase social y tenga sus mismos problemas". EFE

(Foto)

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