El desaparecido Madrid barroco del XVII renace en la exposición 'Teatro de grandeza'

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Cristina Lladó

Madrid, 17 oct (EFE).- Los bajos de la Plaza de Colón, en Madrid, son este fin de semana un hervidero de transportistas, electricistas, montadores y especialistas que trabajan contra reloj para montar una exposición que permita comprender cómo la ciudad pasó de ser un poblachón a una gran capital barroca, teatral y sofisticada.

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Se trata de la exposición ‘Teatro de grandeza. Arte, arquitectura y ciudad en el Madrid barroco’ que se inaugura este lunes en el Centro Cultural de la Villa y que muestra cómo lo que era un pueblo de unos 7.000 habitantes pasó a ser una capital civil y palaciega, conventual y eclesiástica, con más de 90.000 ciudadanos.

Entre el Alcázar, antecesor del Palacio Real, y el Palacio del Buen Retiro con sus jardines e instalaciones surgió en el siglo XVII todo un entramado de avenidas, palacios, conventos y jardines.

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Por ahora, las salas de exposición son un enjambre de operarios que cuelgan ayudados por láser, escaleras y grúas los grandes cuadros, colocan cartelas y ajustan las luces, mientras que las obras, cubiertas con un papel protector aguardan como fantasmas el momento de ser desveladas.

Por el suelo, decenas de cajas por abrir con las obras recién llegadas de la Galería de los Uffizi, de Florencia; de la Albertina, de Viena; el Museo del Prado, Patrimonio Nacional y decenas de museos y colecciones particulares de todo el mundo.

La exposición cuenta lo que era la ciudad, la arquitectura y los usos de esa arquitectura, explica uno de los comisarios científicos, Fernando Checa Cremades.

“Aquí está todo, el gran teatro de la vida: los desfiles, entradas triunfales, procesiones y paseos” y a su alrededor “los vendedores y paseantes, los curas, monjas, peleas, espadachines; la vida”.

Y grandes plazas que reconocemos, como la Plaza Mayor, la Puerta del Sol o la propia Plaza del Alcázar, que hoy es la Plaza de la Armería; “el distrito centro actual es muy parecido al Madrid del siglo XVII”, detalla Checa, quien lamenta que el urbanismo queda, no así los palacios, iglesias y conventos.

Pero quedan los cuadros, enormes lienzos entre ceremoniales y costumbrista, prestados por unos 60 museos e instituciones españolas y extranjeras.

Como el ‘Torneo y festejo en el Prado de San Jerónimo, 1615’, anónimo, propiedad de la familia Khevenhüller, de Austria.

“El cuadro no es importante por quién lo pinta, ni cómo lo pinta, sino por lo que cuenta: la llegada a Madrid de la reina Margarita, esposa de Felipe III, y cuenta como ha llegado y cómo la recibe el pueblo de Madrid”, explica Carlos Khevenhüller, responsable de la colección.

Mientras varios operarios armados con un láser y una pequeña grúa cuelgan el cuadro, Khevenhüller, descendiente de sendos embajadores imperiales en la corte de Felipe II y Felipe IV, y que ha prestado varios cuadros a la exposición, explica su interés.

El cuadro muestra la llegada de la comitiva al Prado de San Jerónimo, que es hoy la plaza de Neptuno, y el palacio del Duque de Lerma, actualmente, el Hotel Palace, y desde cuyas ventanas observan la escena Felipe III, el Duque del Lerma y el futuro Felipe IV.

Pero también cómo tenderos y vendedores ofrecen su mercancía, dos personajes se pelean a navajazos o unas monjas, que al parecer no eran monjas sino mujeres de vida licenciosa, charlan en una esquina.

Otra de las grandes piezas de la colección, que ya está instalado a la espera de ser desvelado es el gran plano de Madrid de Pedro Texeira, de 1656, un cartógrafo portugués que trabajó para Felipe IV.

Son 20 planchas que reproducen las calles y casas de Madrid, incluyendo el alzado de las fachadas de los edificios, conventos, hospitales y palacios, todo rodeado por una cerca con cinco puertas de registro: Alcalá, Atocha, Toledo, Segovia y Fuencarral.

“Es la primera vez que se representa esta ciudad en todo su esplendor barroco”, explica comisaria técnica de la exposición, Helena Pérez Gallardo, quien señala que si bien la disposición de las calles y plazas siguen hoy intactas, no así los edificios y monumentos.

“Se han perdido muchísimos debido a guerras, invasiones y desamortizaciones, además del desinterés en la conservación del patrimonio y por lo tanto, la mayor parte de esa ciudad barroca hoy en día ha desaparecido”, lamenta.

“Por lo tanto, quien nos visite va a poder visualizar el estado original de muchos de los edificios que afortunadamente todavía conservamos, pero también de muchos otros de los que ya no queda otro testimonio más que los cuadros de esta exposición”, concluye. EFE

(Foto) (Vídeo) (Audio)

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