'Al final de las cosas', ¿rompes con tu pareja o te quedas anestesiado para siempre?

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Madrid, 8 oct (EFE).- El derrumbe, los sueños y las esperanzas por cumplir, la renuncia, la cesión de un espacio propio, en definitiva todos las piezas con las que comienza un cuento de amor que desemboca en una relación rota y cómo resurge cada uno de sus propias cenizas es por donde gravita 'Al final de las cosas'.

El espectáculo dirigido e interpretado por la también autora gallega Noemí Rodríguez, se estrena en Teatro María Guerrero de Madrid del 9 al 15 de noviembre, y nos invita a una boda, a ver la felicidad y la ilusión de los contrayentes hasta que la dura realidad se impone, la historia no funciona, pero la pareja se resiste a romper con lo conocido y a plantear cómo seguir con su vida.

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"Es un intento de radiografía de esos tiempos raros cuando una relación comienza a terminarse, pero la pareja intenta sostener la vida que han tenido juntos; me fascina ese momento en el que sabemos que algo tiene que cambiar, pero no sabemos qué ni cómo", ha explicado este jueves Noemí Rodríguez.

La autora plantea una reflexión sobre lo que somos, lo que fuimos y lo que pudimos haber sido. 'Al final de las cosas' es una "caída a cámara lenta" sobre la ilusión de un amor para siempre de una pareja que se conoce desde hace muchos, pero que decide "arriesgar por una vida que no saben lo que les depará en solitario".

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Rodríguez describe a los personajes como dos "idiotas, dos niños asustados" intentando hacerlo lo mejor posible en un momento de enorme desconcierto. "Todo parece una mala idea, tanto irse como quedarse, y eso me parece una contradicción; tener miedo a perder lo que conoces y al mismo tiempo que tu vida siga siendo así para siempre".

Es una comedia trágica, con un humor, amor, ridículo, ternura en la que los personajes "se atreven a cuestionar la inercia" de su vida.

"Es un carta de amor a los amores desaparecidos, a las vidas que imaginamos y no llegaron a ser y aun con miedo arriesgan lo que conocen para seguir vivos, un homenaje a los que esperan plantan flores sobre sus propias cenizas", concluye Rodríguez.

Pero también, una oda a los finales y al cambio; un elogio a la perdida y a la humildad de estar abierta a lo que viene en un mundo que se desmorona, pero en el que "aparece un pantone de emociones". EFE

(foto)

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