Prosigue la búsqueda de Israel Galván, entre lo onírico y lo irónico, de la mano de Ravel

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Sevilla, 26 sep (EFE).- El bailaor y coreógrafo Israel Galván, siempre desde su origen flamenco, prosigue su búsqueda transitando de lo onírico a lo irónico, de un extremo a otro, con "Bolero en blanco y negro", un homenaje a la famosa composición de Ravel cuyo estreno absoluto ha acogido esta noche el Teatro de la Maestranza de Sevilla.

Dentro de la Bienal de Flamenco, el espectáculo de Israel Galván, como ya conoce su público, es lo menos ortodoxo que pueda esperarse, como una indagación que no cesa hacia los límites de la técnica flamenca, desbordante de imaginación y, en este caso, de humor, ironía y desenfado, con tintes surrealistas.

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Los diecisiete minutos del Bolero de Ravel, interpretados por dos pianistas clásicos en sendos pianos de gran cola enfrentados entre sí, de manera que ocuparon casi todo el escenario del Maestranza, fueron el colofón del espectáculo cuyo escenario no fue otro que la chácena del teatro, cuya desnudez evocaba la fábrica que, según Ravel, le inspiró su famoso Bolero.

Desde allí, desde el fondo de la chácena, sin ningún atrezzo más que el de la propia desnudez del teatro, surgió bailando y taconeando Israel Galván acompañando y contradiciendo el ritmo de Ravel con sus incesantes taconeos hasta situarse en la parte anterior del escenario y avanzar incluso por la pasarela que salvaba el foso para casi tropezar con la primera fila de butacas.

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Pero eso solo fue el final. Noventa siete minutos antes, sin que se apagaran las luces del patio de butacas, se alzó el negro telón y apareció Israel Galván con una vestimenta tan inesperada que habría que emplear un par de párrafos en describirla:

La cabeza tocada con un arco de flores blancas, una chaqué de manga corta sobre un delantal negro con bolsillos de canguro donde lo mismo guardaba unas pequeñas maracas que unas bombetas (también conocidas como garbanzos o truenos de impacto) que posteriormente haría estallar contra el suelo, pantalón corto de malla, medias negras y botas de baile blancas.

El bailaor, que también evolucionó sobre una pequeña alfombra de no más de un metro cuadrado compuesta por las mencionadas bombetas, con el consiguiente estruendo, estuvo toda la primera parte acompañado por el requinto y la voz de Juan José Amador y por el cajón y demás percusiones de José Carrasco, quienes interpretaron los boleros más clásicos de cualquier repertorio.

La aparición más simpática de la noche, que el público supo celebrar con un aplauso a cada intervención, fue de la niña Ilona Asthoul, que también cantó y declamó boleros, interpretó, casi bailó, y presentó a los artistas y las piezas que interpretaban a medida que se iban sucediendo, sin dejar de acompañar a Israel Galván cuando se requería hacer estallar las bombetas sobre el suelo del escenario o interpretar mimos.

La primera parte del espectáculo, con el curioso cuadro compuesto por el bailaor, el cantaor y percusionista finalizó con la elevación del segundo telón que dio paso a los dos pianos, que también acompañarían la danza de Israel Galván, casi toda ella ejecutada sobre un tablero de poco más de un metro cuadrado.

La parte más arriesgada del espectáculo cayó obre los hombros de la actriz Nathalie Seseña, cuyo personaje fue presentado como "Buffalo Bill" y quien, tras recordar que el bolero le fue inspirado a Ravel por la visión de una fábrica, declamó que "El bolero es un rito y el rito es matemática pura", "El bolero es lo que pasa entre la vida y la muerte" y sentenció "El bolero te gusta o no te gusta".

Los pianistas Andrea Rebaudengo y Gerard Bouwhuis, vestidos como Humphrey Bogard en su película más clásica, interpretaron el Bolero de Ravel con la misma maestría que Israel Galván ejecuta cada paso de baile, lo que hace que el público de la Bienal lo jaleé desde el patio de butacas, sin olvidar que es un público de flamenco por más que asista con gusto y mucha curiosidad a un espectáculo de primera línea de vanguardia.

"Bolero de Blanco y Negro" nació de una idea del pianista Andrea Rebaudengo e Israel Galván como homenaje a Maurice Ravel, y el bailaor ya anunció sobre su nuevo montaje: “Vamos a quitarle al bolero el color, la pastelería, el merengue, los candelabros. Vamos a dejarlo en un cuarto austero haciendo que se susurre al oído suavemente y al mismo tiempo que continúe una maquinaria rítmica que no para nunca”.

Stravinsky definió a Ravel como "el más perfecto relojero de todos los compositores" y así ha querido interpretar su música Israel Galván, quien lo ha bailado ataviado con un delantal industrial sobre una camiseta blanca, como siguiendo los pasos de un artesano obsesionado con la perfección formal y técnica de su creación. EFE

(Vídeo) (Foto)

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