Miguel Pardeza remata con la novela

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Alfredo Valenzuela

Sevilla, 25 sep (EFE).- La brillantez futbolística de Miguel Pardeza lo llevó a formar parte de la Selección Española y a jugar un Mundial, nada de lo cual es reseñado en la solapa de su tercera novela, "Los últimos días de Alejandro Reig" (Renacimiento), otro peldaño de una carrera literaria cada vez más sólida e igualmente brillante.

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También ha publicado un libro de aforismos y otro recopilatorio de sus escritos periodísticos y, licenciado en Filología por la Universidad de Zaragoza, es la principal autoridad en la obra de César González Ruano, del que editó su "Obra Periodística" en tres volúmenes.

Sin embargo, Pardeza no ha sabido concretar, en entrevista con EFE, el momento en el que decidió ser escritor: "No sabría decirlo; escribir siempre me ha gustado, pero no me atrevo a poner una fecha concreta; aunque si tuviera que poner una sería 2008, que fue cuando me puse a escribir a diario, sólo por medir mis fuerzas físicas, y, sobre todo, mi incierto talento literario".

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"Desde entonces no he parado; lo de considerarme escritor, son palabras mayores. Soy y he sido un aficionado en todo lo que me he propuesto, en el sentido de que todo lo que he hecho lo he afrontado desde el placer".

Su nueva novela cuenta las vicisitudes de un escritor que se aísla en la costa de Huelva para terminar una novela, unas circunstancias que no le hacen temer al autor falsos paralelismos con su propio caso:

"Salvo el escenario y algunas consideraciones, digamos estéticas, sobre la novela y otras, de corte más psicológicas, son pocos los paralelismos entre los protagonistas del relato y el autor. Ya se sabe que cualquier obra literaria es deudora de quien la perpetra.

"Ya dijo Flaubert aquello de que 'Madame Bovary soy yo'. Pero esto no quiere decir que las anécdotas o las ideas de los personajes tengan necesariamente algo que ver con quien las imagina", ha añadido.

Sobre sus personajes y la condición de escritor de los dos principales, también ha descartado paralelismos: "Uno de ellos, el narrador, más que un escritor, es un joven que quiere ser escritor. El otro, Reig, en cambio, es escritor, pero dimitido. Me interesaba el duelo entre la vocación naciente y la vocación clausurada".

"En realidad, es un viejo debate generacional, más que gremial. La juventud que necesita creer y la vejez desengañada, con su punto de amargura, que intenta prepararse sin falsas ilusiones para el último recorrido del camino".

Sobre si a él le sucede lo que a uno de sus personajes, que escribe en pos de la gloria literaria, ha respondido que no le cabe duda de que "hay gente convencida de que perdurará, y tampoco hay que reprochárselo".

"Escribir es duro, bastante ingrato, incluso, y hay que agarrarse a entelequias así. Ahora bien, el que uno se deje la vida escribiendo y que incluso consiga resultados notables no te garantizan la eternidad, ni siquiera un minuto de gloria pasajera".

"Es desilusionante decirlo, pero ¿cuántos de los que hoy gozan de fama y reconocimiento quedarán? Basta con darse una vuelta por una feria de libro antiguo para darse cuenta de que soñar con la posteridad es irrisorio".

Pardeza, sin embargo, no se declara "enemigo ferviente" de la vanidad: "Sin vanidad se habrían hecho menos cosas de las que se han conseguido a lo largo de la historia. Lo malo de la vanidad es la vanidad idiota y hueca; una triste patología que, por desgracia, es la más común".

"Existen varios tipos de vanidades y la más disculpable es la que actúa como motor y aliciente; la más penosa, en cambio, es la de quien se cree que todo lo que tiene es justísimo o que se resiente porque no le dan lo que cree merecer".

 Sobre si ser una estrella del fútbol siempre será más gratificante que ser una estrella literaria, ha señalado que "depende", y ha añadido que "lo verdaderamente gratificante en la vida es dedicarte a lo que quieras, no a lo que te venga impuesto; tuve la suerte de dedicarme durante muchos años a cumplir mi sueño de niño, y al mismo tiempo vivir rodeado de libros, que nunca me gustaron menos que el fútbol, puede incluso que más".

 Pardeza ha consagrado años al estudio y rescate de César González Ruano, de cuya relación con la posteridad hace una curiosa síntesis:

"Ruano podría haber tenido más suerte, pero también menos. Fue un gran escritor sin género, un pícaro con pocos escrúpulos. Es verdad que ni los varios intentos por reivindicarlo ni los que ha habido por denigrarlo aún más han conseguido sacarlo de su limbo de autor menor que cuenta con una saga inquebrantable de fieles". EFE

(Vídeo) (Foto)

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