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Martí Raurich, el aficionado del Manresa que cumplió el "sueño" de sentirse profesional

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Adrián Vázquez

Manresa (Barcelona), 18 ago (EFE).- No todos los días se tiene la oportunidad de sentirse jugador profesional. Martí Raurich (Calaf, 2005) lo ha podido comprobar este martes gracias a una iniciativa de la Fundación del Bàsquet Manresa que le ha permitido cruzar la frontera entre la grada, desde donde asegura que acude a ver "todos los partidos", y la pista.

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El salto comenzó este verano, cuando el club catalán puso en marcha 'El Somni' (El Sueño), una iniciativa pionera que reunió a una decena de jóvenes con la posibilidad de abrirse paso, aunque fuera por unos días, en la máxima categoría del baloncesto español.

"He jugado a baloncesto toda mi vida. Desde el primer momento que vi que estaban anunciando que un jugador podía entrar en el primer equipo a entrenar, no lo dudé", explica a EFE este joven de Calaf.

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El proceso de selección arrancó con una primera fase física destinada a medir las condiciones de los participantes y continuó con ejercicios técnicos y específicos de baloncesto. "Eran un poco duras", recuerda Raurich.

Finalmente, el Kids&Us Manresa, con el entrenador Diego Ocampo a la cabeza, decidió que era él quien reunía las condiciones para integrarse en la pretemporada. El club valoró tres dimensiones durante las pruebas: la capacidad condicional y motriz, el nivel técnico-táctico y, especialmente, el componente mental.

"Es un elemento determinante, las ganas que tienes de aprender, el respeto que muestras. Él, en el cómputo de las tres, fue el mejor", señala el preparador gallego, que destaca además la actitud del joven y sus "muchas ganas de aprender".

El premio llegó este martes, cuando Raurich se puso por primera vez a las órdenes del orensano y compartió pista con jugadores profesionales. A sus 21 años, pudo comprobar de primera mano la distancia entre las categorías en las que ha competido hasta ahora -su último equipo ha sido el SD Espanyol, de quinta categoría- y el baloncesto de élite.

La primera diferencia que percibió fue la velocidad. "Todo va mucho más rápido", explica. También le llamó la atención la precisión con la que los profesionales ejecutan cada movimiento, especialmente cuando tienen el balón.

"Controlan cada detalle con el balón. Cuando botan es todo súper fluido, súper eficiente", señala. En este nivel, añade, "no hay ningún movimiento que no sirva para algo".

Para Ocampo, sin embargo, el valor de la iniciativa va más allá de que Raurich pueda medir sus capacidades frente a jugadores de élite. El objetivo es que conozca desde dentro cómo funciona un equipo profesional y que esa experiencia le sirva tanto "para crecer como jugador como para enriquecerse en el plano personal".

Y, por ahora, la experiencia no tiene fecha de caducidad. Raurich bromea con que estará con el equipo "hasta que Diego se canse" o considere que ya no puede aportar, mientras que el preparador gallego prefiere decidir sobre la marcha y evitar cualquier presión añadida.

"Vamos día a día", apunta el técnico, que también quiere controlar la adaptación física del joven. "Hoy ha entrenado muy bien, vamos también a ver físicamente cómo se va encontrando y se va adaptando, porque hay que tener cuidado de no lesionarlo", advierte.

La idea es que la experiencia resulte provechosa "para todos" sin convertir el sueño del joven en una exigencia que interfiera en la preparación del equipo. "Tenemos que ligar las dos cosas para que, tanto él como el equipo, estemos a gusto", resume Ocampo.

De momento, Raurich seguirá esta semana compartiendo pista y vestuario con los jugadores a los que hasta ahora veía desde la grada. El día a día marcará hasta cuándo se prolonga la experiencia, pero cada entrenamiento le permitirá disfrutar un poco más de aquello que, hasta ahora, sólo había podido imaginar: sentirse, por unos días, jugador profesional. EFE

avm/vmc/cmm

(vídeo)

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