Ortega y Hernández, a oreja por coleta en una decepcionante y fea corrida en Santander

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Juan Antonio Sandoval

Santander, 22 jul (EFE).- Los diestros Juan Ortega y Víctor Hernández han cortado este miércoles una oreja cada uno en la quinta corrida de abono de la Feria de Santiago de Santander, un encierro de La Ventana del Puerto y El Puerto de San Lorenzo, mal presentado y de juego decepcionante.

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Morante de la Puebla se extendió en un esfuerzo notable y baldío ante un primero que encontró en su molesto cabeceo la manera de compensar su falta de fuerzas, desplazándose siempre por dentro. Y volvió a mostrar compromiso de máxima figura ante el impresentable –por chico- y complicadísimo cuarto, de El Puerto de San Lorenzo.

El matador de La Puebla del Río sorteó los navajazos tabernarios que asestaba el animalito, que fueron burlados finalmente gracias a su poderosa y mágica muleta, pues terminó ligando los derechazos a esta avispa que picoteaba sin ritmo ni clase, lo que fue todo un prodigio de técnica y de valor que no fue premiado con la oreja por caer muy trasera la espada.

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A puro pulso edificó Juan Ortega una obra presidida por la sutileza en el manejo de la mano diestra, desde la corta distancia que exigió el segundo, mal presentado, de afilada expresión y perfil. El sevillano lo hizo todo muy suave, como etéreo, seduciendo e incitando a una embestida finalmente enclasada con el engaño siempre en la anovillada cara de la res, salpicando todo de torería con su andar siempre en torero, o con aquel molinete invertido, antes de una estocada delantera. Oreja.

Y estuvo por encima del desclasado y gazapón quinto, salvo por el bajonazo con el que lo mató.

Víctor Hernández cautivó la caldera de Cuatro Caminos con su solemnidad, su quietud y su heroísmo, ni un paso atrás dio desde las verónicas con verticalidad de junco con las que se abrió de capa, lo mismo que en las saltilleras del quite.

Buen toro este tercero, que le ofreció un manantial continuo por el pitón izquierdo, precisamente la mano fuerte de Hernández, que lo cuajó al natural de cabo a rabo, enganchando adelante, rematando los muletazos en parábola y girando los talones para ligar el toreo.

Y además tragando quina con los ataques rectos del de La Ventana que le rozaban la taleguilla por el otro lado, y más quina aún en unas luquecinas finales de infarto, voltereta incluida, antes de una estocada caída, colocación ésta que sirvió al presidente para dejar el balance en una oreja.

En el manso y feísimo sexto, que llevaba la cara por las nubes, Hernández se extendió, quizás demasiado, en un afán desesperado y sin premio por intentar abrir la puerta grande, no exento de un valor descarnado.

Tres toros de La Ventana del Puerto, el primero sin fuerzas, noble el segundo, de gran pitón izquierdo el tercero, y tres de El Puerto de San Lorenzo, complicadísimo el cuarto, sin clase el gazapón quinto, manso con la cara por las nubes el sexto. Un conjunto mal presentado, de feas hechuras.

Morante de la Puebla: pinchazo y estocada desprendida (silencio); estocada trasera (aviso y ovación tras petición).

Juan Ortega: estocada delantera (oreja); bajonazo (silencio).

Víctor Hernández: estocada caída y descabello (aviso y oreja con petición de la segunda); pinchazo y estocada arriba (ovación).

Plaza de Cuatro Caminos. Quinta de abono de la Feria de Santiago de Santander. Lleno de 'no hay billetes'. EFE

jas/jlp

(foto)

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