Guillermo Benavides
Pekín (China), 22 may (EFE).- En una pista pública del norte de Pekín, dos cámaras siguen cada golpe, generan estadísticas en tiempo real y crean automáticamente vídeos con las mejores jugadas, una tecnología que hasta hace pocos años estaba reservada para Mundiales, grandes torneos o retransmisiones de élite.
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China impulsa ahora un modelo para trasladar esas herramientas al deporte de masas y convertir la inteligencia artificial aplicada al sector en un negocio escalable.
Desde el ‘Hawk-Eye’ chino hasta las pistas inteligentes impulsadas por la antigua Alibaba Sports, la apuesta se produce en un país que, según planes oficiales, aspira a elevar el valor de su industria deportiva hasta los 7 billones de yuanes (unos 970.000 millones de dólares) antes de 2030.
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Beijing Rigour Technology, desarrolladora del denominado ‘Hawk-Eye’ chino, comenzó desarrollando sistemas de seguimiento y análisis aplicados a competiciones profesionales antes de extenderse a deportes como fútbol, tenis o voleibol. En 2023 obtuvo, además, la certificación FIFA para sistemas VAR y tecnología de fuera de juego semiautomático.
La empresa asegura que su tecnología ha sido utilizada en competiciones de la Confederación Asiática de Fútbol (AFC) y en mercados como Indonesia, Tailandia o Rusia. Durante la visita, su director ejecutivo, Pan Yu, aseguró además que Indonesia adquirió veinte sistemas para otros tantos estadios.
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El movimiento coincide con el crecimiento de un sector que, según estimaciones de firmas como Grand View Research y SportsTechX, ya supera los 30.000 millones de dólares y podría duplicar su tamaño antes de finalizar la década.
La pista, sin embargo, parece desplazarse ahora fuera de los estadios. Durante una visita organizada en Pekín, EFE comprobó cómo sistemas inicialmente diseñados para arbitraje y análisis profesional comienzan a presentarse también para academias, centros deportivos y usuarios comunes.
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La lógica, explicó Pan Yu durante la visita, pasa por una evolución gradual: "La primera generación siempre son productos para competición; después llegan los sistemas de entrenamiento y, finalmente, los productos para usuarios masivos".
Ahí entra Orange Lion Sports, la antigua Alibaba Sports, que pasó de centrarse en derechos y contenidos deportivos a explorar modelos ligados a instalaciones, servicios y tecnología aplicada al deporte cotidiano.
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Uno de sus productos estrella es Smartshot AI, un sistema desplegado ya en más de 120 pistas y que ha generado más de diez millones de vídeos y prestado servicio a millones de usuarios, según cifras facilitadas por la empresa.
Mediante dos cámaras y una unidad central instalada junto a la pista, el sistema registra partidos y entrenamientos, genera estadísticas automáticas, identifica patrones de juego y produce vídeos con las mejores jugadas.
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Smartshot busca trasladar funciones asociadas a herramientas desarrolladas originalmente para arbitraje y análisis profesional a instalaciones mucho más pequeñas mediante sistemas cuyo precio ronda los 61.000 yuanes (unos 8.400 dólares), según datos presentados durante la visita.
Pero la transición todavía plantea interrogantes: inversiones de este nivel siguen lejos del alcance de muchas instalaciones pequeñas y el desafío pasa por comprobar si modelos pensados para millones de usuarios logran convertirse en negocios sostenibles.
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El objetivo es ampliar el mercado potencial: ya no vender herramientas para unos pocos eventos de élite, sino construir productos capaces de llegar a academias, clubes, parques e incluso jugadores aficionados.
"Nuestro objetivo siempre fue hacer accesibles tecnologías que eran muy caras", explicó Ren Yuan, responsable del negocio digital de Orange Lion Sports.
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La expansión de estas tecnologías coincide con una ambición más amplia. China contaba con más de 25 millones de practicantes de tenis a cierre de 2024, según cifras sectoriales, una muestra del mercado potencial al que apuntan estas herramientas.
Pero la extensión de estos sistemas fuera de grandes núcleos urbanos y complejos deportivos de nueva generación sigue siendo una incógnita en un país con fuertes diferencias regionales en infraestructuras y consumo deportivo.
El fenómeno va más allá de la competición. Durante la visita al centro de tenis de Wenyu River, en el norte de Pekín, los responsables presentaron un modelo de "deporte + turismo" orientado a convertir instalaciones deportivas en espacios de ocio y consumo, una estrategia cada vez más presente en proyectos impulsados por gobiernos locales y empresas privadas.
El objetivo parece ser captar a una nueva generación de usuarios para quienes jugar, entrenar, compartir vídeos o consultar estadísticas forma parte de una misma experiencia.
En un país donde durante años la tecnología deportiva se medía por cuántos Mundiales, Juegos Olímpicos o grandes torneos utilizaban un sistema, empieza a surgir otra carrera: cuántos aficionados están dispuestos a usarlo.
Porque la próxima batalla quizá no se libre en un estadio, sino en algo mucho más cotidiano: una pista pública, un parque o la pantalla de un teléfono móvil donde un aficionado revise las estadísticas de su último partido. EFE
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