Una terna internacional resuelve con dignidad ante una mansa corrida de Saltillo en Madrid

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Paco Aguado

Madrid, 20 may (EFE).- La terna de matadores de distintas nacionalidades que se anunciaba hoy en Las Ventas resolvió con mucha dignidad las negativas condiciones que, por una básica mansedumbre, desarrolló una corrida de la divisa de Saltillo que hizo que el festejo, undécimo de la feria de San Isidro, resultara espeso y opaco.

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Sin responder apenas a las mejores hechuras de su encaste, los 'saltillos' mansearon ya de salida mientras que en varas sacaron un áspero genio defensivo, para llegar ya al último tercio sin celo alguno, sin emplearse apenas tras los engaños en las fases iniciales de la faena y comenzar luego a distraerse hasta acabar yéndose sueltos y rajados de la pelea.

Si acaso, alguna opción más ofrecieron el primero y el sexto, uno por que, aun sin clase, se movió un tanto más tras la tela, y el otro por tomarla con mayor humillación, aunque sólo en los dos primeros embroques de las tandas que, con insistencia, intentó ligarle con tesón pero sin éxito el colombiano Juan de Castilla.

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Con el que abrió plaza, en cambio, el jienense José Carlos Venegas escuchó la única ovación de la tarde al saber sostener y aplacar los breves y ásperos arreones de genio que pegó el cárdeno, lastrado de fuerza en los cuartos traseros. El torero de Beas de Segura se manejó siempre con compostura y buen oficio para trazar incluso algún pase limpio y estimable a la altura que requería el muy serio ejemplar.

De tal forma, en los otros cuatro turnos no hubo mucho más que destacar que las trabajosas bregas a las que obligó la mansedumbre tanto de los titulares como del horrendo toraco de Couto de Fornilhos que remendó esta encerrona ganadera de la que no desentonó. Porque ya en la muleta la tónica general del encierro fue la de la distracción, la de las cortas arrancadas y la falta de celo, saliendo con la cara por las nubes e incluso huyendo descaradamente de la pelea.

De Castilla, tras una apertura de rodillas, insistió en vano con uno de ellos una vez que se acabaron pronto las engañosas inercias de sus primeras arrancadas, y Venegas solventó con entereza, sin volver nunca la cara, el sentido defensivo de un cuarto que siempre se le ciñó con peligro y con el que no tuvo más que desistir.

En cuanto al francés Juan Leal, ya quiso mostrar su determinación abriendo directamente en los medios las faenas a los dos de su lote, un tercero sin raza alguna que siempre se fue suelto, y al que no logró centrar en la pelea, y ese toraco de la divisa portuguesa que también fue siempre a su aire pero al que el parisino supo robar algunos muletazos más largos que lo que facilitaban sus rebrincadas arrancadas con los pitones por encima del palillo.

Cinco toros de Saltillo, de buena presencia aunque de desigual cuajo y alzada, que en general resultaron descastados, sin celo ni entrega alguna tanto en varas como en la muleta, con un cuarto que además desarrolló sentido. Y, en quinto lugar, un remiendo basto y voluminoso de Couto de Fornilhos, también muy descastado, que no desentonó del conjunto.

José Carlos Venegas, de blanco y oro: estocada honda tendida (ovación); estocada tendida y descabello (silencio).

Juan Leal, de celeste y oro: estocada delantera tendida y atravesada (silencio); estocada trasera desprendida (silencio tras aviso).

Juan de Castilla, de nazareno y oro: estocada delantera desprendida (silencio tras aviso); estocada delantera atravesada, cuatro pinchazos y media estocada atravesada (silencio tras aviso).

Entre las cuadrillas, incluyendo la habitual brega modélica de Iván García, además de él, que saludó en el cuarto, destacaron con las banderillas Marco Leal y Vicente Herrera; y con el capote, Raúl Cervantes en el sexto.

Undécimo festejo de abono de la feria de San Isidro, con dos tercios del aforo cubierto (17.687 espectadores, según la empresa), en tarde de buena temperatura. EFE

(foto)

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