Madrid, 20 may (EFE).- La Bóveda Global de Semillas de Svalbard, ubicada en ese archipiélago noruego del Ártico, alberga el mayor banco dedicado a la conservación de semillas de plantas que contribuyen a la alimentación de todo el mundo.
Esta "Arca de Noé" de las semillas, galardonada este miércoles con el Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional 2026, fue establecido en 2008 por el Gobierno de Noruega y hasta la fecha ha recibido más de 1,38 millones de muestras de 6.536 especies.
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Un total de 132 depositantes voluntarios ha hecho entrega de las muestras de semillas, lo que da muestra del alcance global de la iniciativa, que forma parte del sistema internacional para la conservación de los recursos fitogenéticos bajo el liderazgo de la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
La Bóveda Global de Semillas -gestionada por una asociación entre el Gobierno noruego, el Fondo Mundial para la Diversidad de Cultivos y el Banco Genético Nórdico- mantiene de forma segura los duplicados de semillas procedentes de todos los bancos de germoplasma y países participantes.
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En 2007, el órgano del tratado internacional dedicado a la conservación de los recursos fitogenéticos para la alimentación dio su visto bueno a este banco mundial, que solo recibe semillas compartidas en el marco del sistema multilateral o recogidas en el mencionado acuerdo.
El pasado febrero entró por primera vez en Svalbard la semilla del olivo, como parte de un proyecto europeo liderado por la Universidad de Córdoba y promovido después por el Consejo Oleícola Internacional (COI), la FAO y el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación de España (MAPA), además de otras entidades científicas.
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Guatemala y Níger también entregaron entonces sus primeras muestras de semillas de cultivos tradicionales, junto a otros depósitos de cereales y legumbres de África, verduras de Asia y trigo y otras especies de Europa, sumando un total de 8.880 nuevas muestras.
Excavada a 130 metros de profundidad en una montaña de piedra arenisca, situada a las afueras de la localidad de Longyearbyen, la bóveda "del fin del mundo" es impermeable a fenómenos como la actividad volcánica, los terremotos y la radiación.
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Las muestras que llegan hasta allí se registran, etiquetan y guardan en un ambiente controlado, a 18 grados bajo cero, con el fin de asegurar su disponibilidad, sobre todo en caso de desastre natural y provocado por el ser humano.
Para eso funciona un sistema de "caja negra" que permite retirar las semillas o abrir las cajas en las que se almacenan solo a quienes las han depositado previamente (bancos de semillas o países), ya que son los únicos que pueden recuperar lo que es de su propiedad.
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En caso de fallo eléctrico, el permafrost ártico (capa permanentemente helada) del exterior actúa como refrigerante natural, pero los efectos del cambio climático han empezado a notarse también en el Ártico, lo que ha llevado a invertir en la mejora de las instalaciones, en previsión de un clima más cálido.
La utilidad de este banco de semillas mundial quedó patente con el caso del Centro Internacional para las Investigaciones Agrícolas en las Zonas Áridas (Icarda), que originalmente tenía su sede en Alepo (Siria) y se vio afectado por la guerra en ese país.
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El Icarda comenzó a reconstruir su colección en Marruecos y Líbano tras duplicar semillas procedentes de la bóveda de Svalbard.
Tres veces al año suelen abrirse las puertas de este lugar cercano al Polo Norte para acoger el material nuevo, un largo viaje para muchas semillas, algunas de ellas únicas. EFE
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