Barcelona, 12 may (EFE).- Nada más arrancar 'Despedidas', el escritor Julian Barnes deja claro que este será su último libro, del que hoy martes ha hablado en Barcelona, una exploración en torno a la memoria y el pasado, una reflexión sobre la persistencia del amor, la idea de final y la necesidad de aprender a decir adiós.
Junto a las editoras de Anagrama, Silvia Sesé, y de Angle, Rosa Rey, sin obviar que anoche una multitud blaugrana provocó que se retrasara su llegada al restaurante para cenar, el autor de 'El loro de Flaubert' ha reconocido en rueda de prensa que todavía no sabe qué se siente al publicar el último título.
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"Yo siempre he sido periodista, además de escritor de ficción. Seguramente seguiré escribiendo ensayos, críticas, pero tengo la percepción de que cuando has dicho lo que has dicho, cuando has tocado todas tus melodías, ya está, y creo que esta es la situación", ha deslizado.
Publicado en castellano por Anagrama y en catalán por Angle, en 'Despedidas' el novelista indaga en los misterios y verdades de la vida, sin esconder su enfermedad, incluyendo en el corazón de la obra una historia dentro de la historia, protagonizada por dos personas que conoció de joven, a las que llama Jean y Stephen, y a las que prometió que jamás escribiría sobre ellas.
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Ha aseverado que a lo largo de los años ha abordado un abanico "muy amplio" de temas, pero cree que ahora cuando ha dicho todo lo que tenía que decir "y se tiene esta sensación, lo que hay que hacer es callar". "Dejarlo aquí es lo correcto", ha apostillado.
Sin embargo, con su británico sentido del humor, ha precisado que le quedan viajes por hacer, presentaciones, y, si por lo que fuera, acabara firmando otro volumen, debería titularse, "Perdonad, pero solo era una broma".
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Con un final memorable, que no deja indiferente e incluso lleva a las lágrimas, con una frase como "No, no dejes de mirar", Barnes ha comentado que la última página de su novela más "conversacional" es la más importante, la que más veces ha reescrito y revisado.
"Fue imaginar una escena en la que estoy con uno de mis lectores, con alguien a quien le gustan mis libros y estoy diciendo adiós, me estoy despidiendo y fui ajustando, ajustando", ha apuntado.
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A la vez, ha señalado que nunca ha sido un escritor "didáctico", en el sentido de que no le dice al lector cómo es el mundo y cómo debería vivir, sino que ha buscado tener al lector a su lado, como "hablando con él".
Preguntado sobre la literatura como consuelo respecto a la muerte, ha dejado caer que nunca ha escrito para sentirse "mejor" o para "escapar de un problema o buscar consuelo", sino que lo hace para decirle a quien le lee: "Así es como lo veo, esta es mi opinión, podéis estar de acuerdo o discrepar".
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En cuanto a cómo definiría la fórmula para una buena despedida, Julian Barnes ha indicado que no lo sabe, que cuando muera, lo verá.
Entonces, ha agregado, "volveré y os lo contaré", ha bromeado, rememorando que una de las últimas palabras más famosas hechas públicas son las de un aristócrata inglés que, dirigiéndose a quien iba a ser su viuda, pronunció: "Nos queda muy poca mermelada".
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"Es fantástico acabar con un pensamiento tan trivial cuando estás a punto de morir. Supongo que mis últimas palabras serán igual: 'Oye, ¿quién ha ganado la Copa del Mundo?'", refiriéndose al Mundial de Fútbol, aunque sin precisar el año.
Respecto de la memoria, que tiene su peso en su novela, el escritor ha desvelado que con los años ha cambiado su modo de pensar al respecto, puesto que de joven la veía como algo "sólido, invariable", pero con el paso del tiempo, se ha dado cuenta de que su hermano filósofo tenía razón cuando decía que era "como un acto de imaginación, más que de recuperación".
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En su opinión, los recuerdos "a menudo no son lo que pensamos que son y, de forma inevitable, nuestros preferidos son los menos fiables, porque así que los vamos contando, vamos cambiando el relato".
A la vez, cree que la memoria tiene cosas "peculiares, extrañas", puesto que un hecho ocurrido a una persona puede ser trasplantado a otra, hasta el punto de que la que no lo ha vivido lo cuente como sí lo hubiera hecho. EFE
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