Juristas y epidemiólogos avalan cuarentenas obligatorias para cruceristas que se nieguen

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Madrid, 7 may (EFE).- Juristas y epidemiólogos coinciden en que, llegado el caso, se puedan imponer cuarentenas obligatorias a los pasajeros españoles del crucero afectado por un brote de hantavirus que se nieguen a aislarse, algo que permite la ley y que justifica tanto la protección de la salud pública como aplacar la "tensión social".

Por poder negarse, pueden hacerlo; otra cosa es que se establezca "un poder coercitivo por parte del Estado para obligarles a hacer la cuarentena", explica a EFE Sara Bandrés, abogada y profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid.

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El ordenamiento jurídico español se encamina cada vez más a proteger la libertad de decisión, como ocurre con el aborto o la eutanasia, pero puede darse, añade, una situación de tal gravedad que las autoridades sanitarias deban imponer unas medidas preventivas de obligado cumplimiento.

Es lo que está estudiando el Ministerio de Sanidad, que está preparando un informe jurídico que avale la posibilidad de imponer el aislamiento en el caso de que alguno de los 14 pasajeros españoles que serán trasladados desde Canarias al Hospital Gómez Ulla de Madrid se niegue a hacerlo.

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La experta en legislación sanitaria y derecho sanitario cree que esta medida la avala, en primer lugar, el artículo 43 de la Constitución, que obliga a los poderes públicos a proteger la salud.

También la ley 3/1986 de Medidas Especiales en Materia de Salud Pública, que, en su artículo 3, dice que "con el fin de controlar las enfermedades transmisibles, la autoridad sanitaria, además de realizar las acciones preventivas generales, podrá adoptar las medidas oportunas para el control de los enfermos, de las personas que estén o hayan estado en contacto con los mismos y del medio ambiente inmediato, así como las que se consideren necesarias en caso de riesgo de carácter transmisible".

Pero, sobre todo, el artículo 26 de la Ley General de Sanidad: "En caso de que exista o se sospeche razonablemente la existencia de un riesgo inminente y extraordinario para la salud, las autoridades sanitarias adoptarán las medidas preventivas que estimen pertinentes, tales como la incautación o inmovilización de productos, suspensión del ejercicio de actividades, cierres de empresas o sus instalaciones, intervención de medios materiales y personales y cuantas otras se consideren sanitariamente justificadas".

"Ahí hay amparo legislativo para que, en este caso, el Ministerio de Sanidad pudiera obligar a la cuarentena", porque, además, "en España todavía la salud colectiva estaría por encima de una libertad individual de decidir", más aún en situaciones sanitarias de incertidumbre como esta o como fue la covid-19, señala.

Bandrés niega que se trate de una medida privativa de libertad, como sostuvo la ministra de Defensa, Margarita Robles, para apuntar al carácter voluntario de la cuarentena, sino que es meramente sanitaria.

¿Cómo sería el proceso? Primero, Sanidad debe detallar y justificar esta medida por escrito; en función de su urgencia, acudir a un juzgado de guardia para que el juez la ratifique tras valorar su proporcionalidad y necesidad.

El Ministerio podría incluso establecer la medida preventiva, aplicarla y solicitar luego, en un plazo de tiempo no muy largo, la ratificación judicial.

Desde la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), su vicepresidente, Pello Latasa, indica que "resulta categórica" la conveniencia de que estos pasajeros (de momento, todos asintomáticos) deban aislarse.

En situaciones así, lo que suele hacerse es una vigilancia y un seguimiento de los contactos, pero con el caso del crucero, "por cuestiones relacionadas casi más con otros factores de los puramente técnicos", entiende que Sanidad haya preferido ser "extracauto" y preferir además llevarlos a una unidad de aislamiento de alto nivel como la del Gómez Ulla.

La cuarentena de enfermedades infecciosas suele prolongarse durante un periodo de incubación, que en el caso del hantavirus es de 45 días; para determinarla, dependerá de la que se considere como fuente de infección, si ha sido en el barco o fuera de él.

Con todo, el epidemiólogo quiere dejar claro que, en el control de enfermedades transmisibles, el aislamiento de los casos y la cuarentena de los contactos "son herramientas que se utilizan de manera habitual para interrumpir la transmisión" y a las que la gente suele reaccionar "con mucho sentido común", porque, al fin y al cabo, se trata de proteger su salud.

En establecer o no aislamientos pueden entrar en juego otras cuestiones, como "la sensibilidad social: si la sociedad está muy sensible con esta cuestión, establecer una cuarentena que no sea técnicamente necesaria para evitar la transmisión de la enfermedad igual sí que es importante para relajar esa tensión social y la que se puede generar en el ámbito sanitario", así como para evitar el estigma sobre estas personas.

Que es justamente lo que está pasando con el hantavirus por las reminiscencias tras crisis sanitarias como la del ébola o la covid, aunque su "riesgo real es mucho más bajo que el riesgo percibido".

"Ha habido una burbuja, por así decirlo, desinformativa, que ha hecho que la percepción del riesgo esté bastante disparado, pero el riesgo real del hantavirus en nuestro entorno es muy, muy bajo, y así lo atestiguan las evaluaciones de riesgo hechas tanto por el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC) como por el Ministerio de Sanidad", concluye. EFE

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