Guille Galván expone su voz al margen de Vetusta Morla:"¿Quién soy yo si todo desaparece?"

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Javier Herrero

Madrid, 7 may (EFE).- Había cosas que Guille Galván nunca habría podido poner en la boca de Pucho, vocalista de su famoso grupo, Vetusta Morla. No las que aparecen en su primer disco en solitario, en el que no solo expone por primera vez su voz, sino que también rinde cuentas con su gente y con el proceso de duelo por la muerte de su padre.

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"Nace en parte de repensar un espacio personal que no tuviera tanto que ver con los escenarios muy grandes. He tenido el privilegio de que Vetusta haya sido exitoso, pero también llega un momento en tu vida en que dices: ¿Quién soy yo si todo desaparece y me tengo que buscar la vida con una guitarra, una voz y empezar de cero?", se sincera en una charla con EFE.

Este viernes publica 'Nadie con ese nombre vive aquí' (Guille Galván/Esmerarte/Universal), su primer disco como solista pocos meses antes de que culmine el parón de dos años que su banda se dio, entre otras cosas, para "empujar desde otros frentes" (en su caso, también con la BSO de la película 'Madrid, Ext.') y cuidar a su entorno.

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"Yo he necesitado estar más cerca de mi familia en un momento complicado y el disco, que ha ido asomando durante todo ese proceso, está directamente relacionado con la necesidad de ponerles en valor. Llevo veintipico años haciendo canciones y nunca había tenido una necesidad tan grande de escribirles a quienes me han hecho ser quien soy y me dan soporte y estructura", comenta.

Mentalmente viajaba a la casa de su infancia. De hecho, el título nace inspirado por el tema 'My Father's House' de uno de los discos que más le han influido en su vida, 'Nebraska' (1982) de Bruce Springsteen. En él, "una persona sueña que vuelve a la casa familiar donde se crió, toca la puerta y alguien sale y le dice: 'Nadie con ese nombre vive aquí'".

La casualidad quiso que, cuando se citó con la artista Laura C. Vela para la imagen de la portada, su estudio estaba "a solo cinco metros" de esa casa de juventud en la que él se había proyectado y a la que no había vuelto en décadas.

El álbum está dedicado a la memoria de Guillermo Galván, periodista, escritor y su padre, con el que compartía nombre y que falleció en agosto. "La composición ha ido en paralelo al proceso de preparación del duelo, de dejar de ser hijo", reconoce ante un tema más descarnado como el inaugural 'La botella'.

"Me parecía importante que el disco arrancara en un colapso que tiene que ver con la necesidad de ver caer lo que sea y a quien sea sin pensar en pasado mañana y, a partir de ahí, iniciar un viaje donde toda esa rabia se va convirtiendo en cierta calma y búsqueda de la belleza y de lo que realmente nos mueve", explica.

De su padre recuerda que, siendo niños, les dejaba una grabadora para registrar "cancioncillas". "Me acuerdo que me daba una vergüenza terrible, porque además en aquella época tenía vegetaciones", comenta sobre uno de los grandes retos de este álbum en el que, por primera vez, se coloca frente al micrófono.

"Con mi voz tengo una relación compleja, pero esto no se trataba de que me gustara, sino de encontrar una voz que fuera verdad para contar esto. Por eso he querido grabar el disco a guitarra y voz sin nada más", explica sobre el espíritu que ha modulado sonoramente el álbum desde los mimbres básicos de una canción. Del resultado, añade, está "orgulloso".

El disco ha sido grabado y producido por él mismo junto a Héctor G. Fazzo en el pequeño estudio, apenas "un cuarto", que Galván tiene en su casa, con producciones adicionales de Campi, David Soler, Marcel Bagés y Pablo Martín Jones en alguna de las canciones.

"Al componerlo siempre pensaba que estaba en una habitación donde yo le contaba algo a alguien que tenía delante. Por eso les dije: 'Necesito que decoréis esa habitación, no que la llenéis de músicos, que se mantenga la sensación de intimidad'", comenta.

Se percibe especialmente en el primer avance, 'En qué momento dudé de ti', no solo porque es la que más desnuda en elementos, sino porque también se desnuda él en la toma de conciencia de cuando uno no se ha portado todo lo bien que debía con otra persona.

Frente a la manera de escribir en Vetusta Morla, en busca de la "experiencia compartida", se ha permitido ser "mucho más literal". "Casi todas las canciones han nacido de la necesidad de ajustar cuentas y de estar en paz con quienes me rodean, incluso con atreverme a escribir una canción a mi hijo", indica, aludiendo a 'Túnel de la M-30'.

En 'Justo en el medio' confronta su manera de entender la ambición con quien idealiza el éxito de altos vuelos. "Yo soy ambicioso en el sentido de encontrar cada vez una manera mejor de relacionarme con mi trabajo y sus límites, de poder mirar atrás cuando tenga 60 años y decir: 'Mira todo lo que he hecho y de la mayoría estoy orgulloso'. Es ambición de dormir bien por las noches", concluye Galván, que en octubre volverá a la actividad con Vetusta Morla. EFE

(foto)

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