Dorian aborda su mayor crisis en un libro: "Puede servir para otros procesos de divorcio"

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Javier Herrero.

Madrid, 21 abr (EFE).- Hace cinco años "no hubiera tenido sentido" en opinión de sus protagonistas llevar a un libro la historia de Dorian, la banda que desde Barcelona se propuso "actualizar el sonido de la new wave en los 2000". Pero lo que sucedió en ese tiempo, cuando salvaron su mayor crisis y salieron más fuertes, bien merecía el relato.

"Nos pareció que la editorial había acertado con el momento, porque con el último álbum tuvimos la sensación de que cerrábamos un ciclo, no solo por la efeméride de los veintitantos años, sino porque han pasado suficientes cosas, buenas y malas", afirma a EFE su vocalista y uno de sus principales compositores, Marc Gili, tras la publicación de 'A cualquier otra parte' (Plaza y Janés), escrito por el periodista Álex Serrano.

La obra recoge el momento en el que nació el grupo, en una ciudad efervescente que siete años después de los Juegos Olímpicos aún recogía sus efectos, "una movida barcelonesa que nunca fue tan famosa como la madrileña porque no fue tan televisada", y llega hasta 'Futuros Imposibles' (2024), su celebrado último disco, en el que convertían en canciones emociones que podrían haberlos destruido cuando Gili y su compañera Belly Hernández pusieron fin a su relación sentimental.

"Fue gracias a un trabajo de terapia que hicimos por separado y como banda. Nos permitió atravesar ese fuego emocional y nos ha llevado hoy a otro amor muy puro que nos permite seguir haciendo música juntos desde la admiración y la amistad. Creo que puede servir de inspiración para otros procesos de divorcio", opina el artista.

Explica que ha sido fundamental trabajar "el lenguaje del amor y del agradecimiento, dejando de lado el ego, la rabia y el rencor, algo que es fácil decir a toro pasado", reconoce Gili, que conforma Dorian junto a Bart Sanz (bajo), Lisandro Montes (guitarra) y la citada Belly Hernández (piano, teclados).

"Después de muchos años juntos decidimos romper porque lo que nos unía era más que lo que nos separaba, pero esto último pesaba más. Se rompe con el agravante de que teníamos que hacer un disco nuevo y además en plena pandemia, con el mundo estallando fuera y nosotros por dentro", rememora sobre el desarrollo del álbum previo 'Ritual' (2022), un "duelo muy largo" en el que entendieron "que esto ya no iba a volver" pero que amaban la banda por encima de todo.

Desde la calma que les da haber superado aquello, echan la vista atrás, a aquella Barcelona que quería ser moderna y "ponerse al día" sin prejuicios. "Era muy normal empezar la noche viendo grupos de rock o psicodelia y acabar bailando techno", indica Gili, que quiso con su banda hackear estilos y tiempos, como el Dorian Gray de Conan Doyle al que le tomaron prestado el nombre.

"Nos costó entre cinco y siete años que la propuesta se entendiera en ciertos ambientes periodísticos y por un público más cerrado y guitarrero que se nos tomara en serio. Derribamos prejuicios respecto al uso de 'sintes' y cajas de ritmos en el indie, donde si lo hacías 'no eras un músico de verdad', pero el tiempo nos ha dado la razón", presume.

En el libro se explican varios de los ingredientes que les hicieron especiales, como sus diversas formaciones musicales, unos desde el rock, otros desde el rigor del solfeo y el piano, pero todos seducidos por la electrónica y "la posibilidad infinita de experimentar con texturas", armando ricas polifonías y armonías en torno a la melodía y a la estructura de una canción pop.

Su formación en Filosofía dio además una forma especial a las letras. "Indudablemente ha influido en mi manera de enfrentarme a la sociedad y vivir dentro de ella, porque me enseñó a poner en duda al poder y mí mismo. Las canciones de Dorian son una invitación a la rebeldía, con personajes que no encajan bien en la sociedad ni en los moldes que se nos imponen desde niños", reflexiona.

También fue decisiva la mezcla de orígenes sociales: Gili desde la clase media barcelonesa, mientras que el resto procedían de la clase trabajadora e inmigrante, entre Hospitalet y la Zona Franca.

"De no ser así tendríamos una visión más superficial de la vida. No vemos la música como un mero entretenimiento, debe ser para transmitir sentimientos profundos y el desasosiego de la calle", subraya al apuntar que ya en sus primeros temas abordaron las dificultades de los jóvenes, el problema de la vivienda o la distancia con la clase política.

Así llegaron canciones míticas como 'Cualquier otra parte', que es junto a otras como 'La tormenta de arena' un sustrato que enarbolan felices, sin nada del "amor-odio" con el que otros artistas manejan sus grandes éxitos.

"Hay tanta música en el mercado que el hecho de que varias de tus canciones hayan podido tener un eco tan amplio es algo para celebrar todos los días", asegura, antes de ensalzar que en el caso concreto del tema que titula este libro "es una canción atemporal que ya está pasando de padres a hijos". EFE