Bárcenas, genio y figura

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Sagrario Ortega

San Fernando de Henares (Madrid), 20 abr (EFE).- "Estoy fresquísimo", ha respondido el extesorero del PP Luis Bárcenas cuando tras casi cinco horas de declaración en el juicio del caso Kitchen la presidenta del tribunal, Teresa Palacios, le ha preguntado si quería descansar un ratito. Y es que el testigo ha vuelto a demostrar que está en plena forma física y mental y que, como dice el refrán, el que tuvo retuvo.

Impecablemente vestido con un traje gris y un pañuelo blanco en el bolsillo de la chaqueta, Bárcenas ha acudido a la sede de la Audiencia Nacional en el polígono de San Fernando de Henares ante una gran expectación mediática. Ni la cárcel ni los años parecen haber hecho mella en él.

De hecho, en la sesión de la mañana ha declarado durante cuatro horas y solo ha pedido un descanso para ir al baño por "problemas relacionados con la edad", como ha dicho. "No hace falta que nos lo aclare", le ha dicho Teresa Palacios.

Esta vez comparecía como testigo y no como acusado, aunque en algún momento parecía más bien que se interrogaba a un procesado. Pero ya se ha encargado la jueza Palacios de poner freno a los abogados de los que sí están acusados en esta vista, empeñados, lógicamente, en demostrar que a Bárcenas no le habían sustraído papeles comprometedores para el partido.

Porque lo que se juzga en esta ocasión es la operación parapolicial supuestamente orquestada entre 2013 y 2015 por la cúpula del Ministerio del Interior para espiar al extesorero y sustraerle documentación comprometedora para el PP o para sus dirigentes tras el estallido del caso Gürtel y cuando se investigaba también una caja B del partido.

Tras una primera parte de interrogatorio más plano y en el que Bárcenas ha querido hacer gala de una gran memoria -"Me sé el sumario de la Gürtel perfectamente", ha llegado a decir-, el extesorero, con un perfecto dominio de la escena, ha elevado el tono, siempre educado, cuando ha recordado el trato que recibió en prisión, una vez que se supo su declaración "contundente" contra el PP.

Un "persecución tremenda con ánimo de denigrarme", hasta el punto, ha asegurado, que cuando salió de la cárcel de Soto del Real (Madrid), se enteró de que había estado clasificado como preso FIES, los más peligrosos y entre los que se incluye a terroristas y criminales.

Sufrió, ha continuado, una persecución "tremenda y permanente". Nada que ver con el trato "exquisito" que recibió cuando estuvo en prisión en la fase de cumplimiento de la pena. El director de la cárcel, por ejemplo, era "la amabilidad hecha persona".

"Me sonaba a chino, me parecía de película", ha reconocido Bárcenas que pensó, cuando se le informó que había una operación policial abierta para espiarle. Una operación que él tiene claro comenzó en su propio partido, el PP, que ni siquiera quería dejar que se llevara sus cosas.

A su líder, Mariano Rajoy, le llevó en mano y en un sobre la hoja con el último saldo de la contabilidad extracontable que llevaba el partido. El entonces presidente del PP se dio la vuelta y metió la hoja en una trituradora. ¿Había también dinero? Según se ponga la coma en las frases que ha pronunciado Bárcenas, la respuesta podría ser afirmativa o negativa.

Con la soltura con la que en todo momento ha respondido, a Bárcenas no le ha temblado la voz cuando las defensas le han recordado que en sus declaraciones en instrucción negó que hubiera grabado a Rajoy y al también dirigente del PP Javier Arenas, además de a él mismo sobre la caja B del partido, mientras que ahora reconoce que estaban incluidas en un 'pendrive' que le robaron en esa operación parapolicial.

Lo negó entonces porque estaba "indignado", porque negociaba con su partido lo de "no nos vamos a agredir", porque estaba pendiente del Tribunal Supremo en el caso Gürtel y porque, en suma, "colisionaba" con sus intereses.

No sabemos si por la defensa de sus intereses cambió, en sus distintas declaraciones, la cantidad que supuestamente pagó a un interno de la cárcel, experto informático, para que eliminara de la nube los audios de Rajoy y Arenas. Hoy ha dicho que pagó entre 4.000 y 4.500 euros. Otrora lo cifró en 1.000. Mucha diferencia, ha observado la jueza.

En un juicio en el que hemos conocido muchos de los motes con los que se conocía a algunos implicados, este lunes hemos sabido que Bárcenas llamaba a su mujer, Rosalía Iglesias, Pitufina.

Iglesias ha declarado como testigo inmediatamente después de su marido, muy nerviosa al principio hasta el punto de que la jueza le ha sugerido que usara el abanico.

Y es que la mujer del extesorero no ha querido colocarse como víctima, según ha dicho, porque "hay desgracias para todos" y "a mí me ha tocado esta".

"Devastador" o "terrible" son algunos de los epítetos con los que ha calificado Iglesias la primera etapa de su marido en la cárcel, porque ella se apoyaba "al cien por cien". Llevan 38 años casados y siempre han funcionado "con muy buena relación", apoyando "el uno al otro".

Le quitaron ese punto de apoyo, ha afirmado la testigo, a la que la jueza ha echado un capote en más de una ocasión. Incluso, cuando un abogado de las defensas ha preguntado a Iglesias si su marido le había dado instrucciones sobre los documentos que guardaba, a la juez le ha salido del alma esta frase: "A una señora no se le dan instrucciones".

Y como le ha salido de natural decirle, cuando ha acabado su declaración: "Ea, señora, pues ya ha acabado usted".

Precisamente, la jueza ha sido una de las protagonistas de la larga sesión de hoy. Ha tenido que cortar en numerosas ocasiones a las defensas por preguntas que, según ella, no venían al caso y, sobre todo, porque ya eran reiterativas. Haciendo también gala de su memoria, ha recordado casi textualmente las respuestas que ya había dado Bárcenas. EFE