Sevilla, 8 abr (EFE).- Un equipo de investigadores de la Universidad Pablo de Olavide (UPO) de Sevilla ha confirmado el cambio de comportamiento hidrológico de la laguna de Santa Olalla, en Doñana, que muestra una clara reducción del tiempo durante el que permanece inundada.
Considerada hasta ahora la última laguna peridunar permanente de este espacio protegido, Santa Olalla ha pasado a funcionar como una laguna estacional tras registrar episodios de desecación completos durante tres años consecutivos, ha informado este miércoles la institución académica.
El trabajo, en colaboración con la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, analiza diez años de datos hidrológicos diarios, recogidos entre 2015 y 2025, y desarrolla el primer modelo numérico específico para simular la evolución del nivel de agua de esta laguna.
Los resultados muestran una clara reducción de su 'hidroperiodo', es decir el tiempo durante el que permanece inundada, como consecuencia de la disminución de las precipitaciones y del aumento de las temperaturas.
Según el estudio, Santa Olalla se secó por completo en 2022, 2023 y 2024, algo sin precedentes en la serie histórica moderna, mientras que la laguna permaneció seca durante 109 días en 2022, 76 días en 2023 y 13 días en 2024.
Para el equipo investigador, esta sucesión de episodios confirma que el sistema ha dejado de comportarse como una laguna permanente.
Anticiparse al futuro de Santa Olalla
A partir del modelo validado, el estudio proyecta la evolución de Santa Olalla entre 2030 y 2060 en dos escenarios climáticos y, en ambos casos, los resultados apuntan a un aumento sostenido de la temperatura media anual y a una mayor fragilidad del sistema lagunar.
En un escenario la temperatura media anual aumentaría 1,2 grados entre 2030 y 2060 y en otro el incremento alcanzaría los 3,29 en ese mismo periodo.
Las simulaciones indican que, entre 2039 y 2051, la laguna permanecerá seca, como media, un 10 % del tiempo de estudio.
Aunque algunos periodos futuros podrían registrar lluvias intensas, el trabajo concluye que ese aporte no bastaría para compensar el aumento de la denominada 'evapotranspiración' y la pérdida progresiva de resiliencia del sistema.
Además del efecto del clima, la investigación identifica cambios físicos en la propia laguna y su entorno inmediato que agravan su vulnerabilidad.
Entre ellos, la reducción del área máxima inundada en las últimas décadas, la colmatación progresiva y el avance de la vegetación hacia zonas antes ocupadas por agua.
"Estos procesos modifican la morfología de la cubeta lagunar y favorecen una desecación más rápida en los periodos secos", ha indicado la UPO.
Los investigadores recuerdan que Santa Olalla constituye un enclave especialmente relevante para la conservación de la biodiversidad de Doñana, al actuar como refugio acuático para especies muy dependientes de la presencia permanente de agua, entre ellas diversas comunidades de anfibios. EFE

