Barcelona, 8 abr (EFE).- Un proyecto deportivo que le permita aspirar a todo la próxima temporada es la condición indispensable para que Xavi Pascual, que en noviembre pasado firmó un contrato hasta 2028 para relevar en el banquillo del Barça a Joan Peñarroya, continúe como técnico azulgrana más allá del próximo 30 de junio.
Así lo dejó entrever el propio Pascual tras perder el último partido de Euroliga ante el Panathinaikos (79-93) en el Palau Blaugrana, que acabó pitando a un equipo mermado por las bajas y físicamente desfondado que llegó a perder de 31 puntos al final del tercer cuarto.
"En verano, cuando termine la temporada, será el momento de hablar, de pensar, de analizar, de ver dónde estamos, dónde estaremos y si estaremos", afirmó el técnico en rueda de prensa después del encuentro.
Unas declaraciones del todo inesperadas, porque rompían con el discurso que Pascual había articulado desde que regresó al Palau. El de "esto es lo que hay", "el club no atraviesa por la mejor situación" y "competiremos con lo que tengamos hasta final de temporada".
Las palabras del técnico de Gavá después del duelo de este martes, que refrendó cuando fue repreguntado -"he dicho exactamente lo que quería decir", contestó- podrían interpretarse como fruto de un calentón después de una noche aciaga de baloncesto.
Sin embargo, fuentes cercanas a Pascual explicaron a EFE que la decepción del entrenador catalán con el club ha ido en aumento con el paso de las semanas, en una relación que ha tenido su punto de inflexión una vez que el entrenador constató que tampoco le iban a fichar a nadie tras la nueva lesión de Nico Laprovittola hasta final de temporada.
Sin Laprovittola, ni Juan Núñez, ni de Tomas Satoransky, que ha sido el último en ocupar la enfermería azulgrana, el Barça se enfrentó al Panathinaikos con el irregular Juani Marcos como único base sano de la primera plantilla.
Una precariedad deportiva que contrasta con la exuberancia del conjunto heleno, con una inacabable batería de exteriores pequeños como Kendrik Nunn, TJ Shorts, Kostas Sloukas o Jerian Grant con los que Ergin Ataman pudo rotar a su antojo.
Por eso, las palabras de Pascual tras una debacle europea que compromete sus opciones de clasificación para el 'play in', se interpretan como una forma de presionar al club, que en principio el curso que viene aumentará el presupuesto de la sección de 28 a 35 millones de euros.
Y es que el preparador catalán llegó de nuevo al Barça recordando que es un técnico ganador y, si aceptó ser el relevo de urgencia de Peñarroya, fue porque el club le prometió un proyecto que le permitiría aspirar de nuevo a todo.
Este martes Pascual dejó entrever que ese proyecto debe empezar a perfilarse ya. Porque la paciencia de un técnico ganador de Euroliga tiene un límite. EFE
