Un padre es un padre

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Sagrario Ortega

Madrid, 7 abr (EFE).- Si hubiéramos cerrado los ojos, hubiéramos creído que era el exministro José Luis Ábalos quien hablaba. Pero era su hijo Víctor Manuel, con un gran parecido físico a su progenitor, el que desde la silla de los testigos en el Tribunal Supremo ha dejado claro que un padre es un padre y que por él ha pedido préstamos. Incluso ha cobrado por intervenir en los medios para poder ayudarle.

Este martes coincidían los juicios de las dos K: el de Kitchen y el de Koldo. Pero el segundo ha suscitado, sin duda, más expectación. Era la primera sesión y declaraban tres testigos importantes: el hijo y la expareja de Ábalos, uno de los acusados y Joseba García, hermano de otro acusado, Koldo. Hay un tercer procesado en esta causa: Víctor de Aldama.

Alberga el juicio el Salón de Plenos del Tribunal Supremo, el mismo que acogió las sesiones de la vista oral del 'procés'. Aunque en este el aforo se completaba -también el banquillo de los acusados-, en el del caso Koldo el público ha sido escasísimo, al menos hoy.

Los tres acusados se han sentado detrás de sus defensas. Ábalos y Koldo -ambos en prisión provisional- juntos, y Aldama -en libertad- separado de ellos por agentes de la Policía Nacional. Ni se han mirado.

A Ábalos se le ha visto más delgado, pero impecable con su traje y zapatos relucientes. El 'look' de Koldo, por el contrario, era más carcelario: pelo mas largo, bastante revuelto, barba larga no muy cuidada y zapatillas.

Precisamente, en la primera parte del juicio Koldo ha estado cabizbajo, casi tapándose media cara con una mano. Pero en la declaración de Jéssica Rodríguez, la expareja de Ábalos, no ha dejado de gesticular y de incorporarse de su asiento para pasar notas y comentarios a su abogada.

El exministro, más comedido, ha esbozado alguna sonrisa, ha elevado la mirada al impresionante techo del Salón de Plenos en muchas ocasiones y ha hecho uso también de un bloc de notas para entregárselas a su letrado.

Aldama, por su parte, apenas se ha inmutado, quizá a la espera de las pruebas que Koldo ya ha avanzado que presentará contra él en el juicio.

Y nos hemos enterado que "al señor Koldo García le gusta mucho el café". Lo ha dicho el hijo de Ábalos, que ha negado cualquier mensaje encriptado en sus comunicaciones y ha dicho que cuando Koldo García le pedía que le trajera café de Colombia, donde tenía una consultoría de empresas, era café, simplemente café.

No ha negado en ningún momento la ayuda que ha prestado a su padre. Y se la ha dado -llegó a pedir un préstamo de 20.000 euros-, agradecido de que el exministro siempre haya sido "muy puntual" en los pagos a sus hijos. Pero ha dejado claro que él no es el custodio del dinero de su padre ni de nadie.

Tras el divorcio de Ábalos, el exministro con el Gobierno socialista se quedó en una situación económica "lamentable", y su hijo ha recurrido a las intervenciones televisivas para "salir adelante" tras dos años negándose a aparecer en los medios. "Lo poco que pueda, le ayudo", ha afirmado antes de que a la salida precisamente los medios le hayan casi acorralado y agobiado.

También como testigo ha declarado el hermano de Koldo, Joseba García, que como está imputado en el caso, pero en el que se instruye en la Audiencia Nacional, ha podido eludir las preguntas del ministerio fiscal y las acusaciones.

Sí ha respondido extensamente a la abogada de su hermano y de él mismo.

Ha dado toda clase de explicaciones de sus viajes a la República Dominicana, primero a conocer a su pareja y después a por pitayas, una fruta base de un negocio que quería implantar en España. Y como un hermano es un hermano, le hizo el favor de recoger en ese país sobres para Aldama. No supo que contenían. Es lo bueno de no ser "chismoso".

Eso sí. Sabía que los sobres que su hermano le mandó recoger en Ferraz, la sede del PSOE, sí contenían dinero, el que gestionaba Koldo García para Ábalos cuando este era el número tres del PSOE.

Y si de algo se ha quejado, es del ruinoso negocio que le supuso comprarle a Aldama un coche, un Volkswagen Passat, que tuvo que arreglar en varias ocasiones.

Ver, oír, disfrutar y no preguntar

Había más expectación por escuchar a Jéssica Rodríguez. Vestida de negro y con mascarilla negra, que se ha quitado ya dentro del Salón de Plenos, la expareja de Ábalos ha hecho gala de su discreción -tal y como lo ha definido- para asegurar que ella no hacía preguntas y que tenía claro que los regalos, el dinero que recibía, etc. eran del exministro, aunque él no manejara físicamente un euro.

Porque a Ábalos hasta el paquete de tabaco se lo pagaba Koldo. Luego ya echarían cuentas entre ellos.

Contradiciendo a Joseba García, la testigo ha negado conocer a Aldama. No ha convencido esa rotundidad a la abogada de aquel y de su hermano y ha preguntado a Rodríguez con quién había hablado durante la pausa de la comida.

Ahí se ha revuelto la expareja, porque encima que le han retrasado su comparecencia -estaba prevista en la sesión matinal-, nadie le ha ofrecido una botella de agua. Ha ido al 'vending', se ha comprado una y unos frutos secos y ha esperado en un banco del Supremo dos horas hasta ser llamada, ha explicado.

De mismo modo que ha explicado también que Ábalos sabía perfectamente que no hacía nada en las empresas públicas Ineco y Tragsatec, de las que recibió nómina.

Lo peor de la jornada, sin duda, ha sido cuando el abogado de Ábalos le ha preguntado si ejercía la prostitución. Ha habido revuelo y lo ha preguntado de otra manera. "Su profesión, ¿tiene que ver con la contraprestación económica del sexo?". "Soy dentista y estoy colegiada", ha respondido. "Pero en 2019 usted estaba estudiando", le ha recordado el letrado. "Era azafata de imagen", le ha contestado. EFE

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