Blanca Escribano
València, 4 abr (EFE).- Fumar por la calle, llegar tarde a casa, pasear de la mano de un chico, darse un beso en la última fila de un cine... Son solo algunos de los comportamientos que podían llevar a una mujer a ser encerrada en el Patronato de Protección a la Mujer durante el franquismo en València.
Se trata de una institución de la dictadura cuya memoria quedó sepultada hasta que el trabajo de investigadoras y supervivientes valencianas la colocó en primer plano, como cuentan a EFE tres de sus protagonistas.
"Durante más de 40 años, miles de niñas y adolescentes entre 16 y 25 años fueron encerradas por transgredir ese arquetipo único de mujer que había impuesto la dictadura en santa alianza con la Iglesia Católica", explican María Palau y Marta García Carbonell, autoras del libro 'Indignas hijas de su patria'.
Las investigadoras se toparon con esta institución al hacer un reportaje sobre la cárcel de mujeres ubicada en el convento Santa Clara, y pensar que sus madres podrían haber estado encerradas en el Patronato las atrapó: "Nunca nos habíamos planteado que comportamientos que forman parte de nuestra identidad como mujeres jóvenes podrían haber estado castigados con el encierro en un convento", señalan.
Así comenzó un camino de trabajo e investigación en el que se encontraron con tres vacíos documentales: el de la difusión, el de archivos y el de los testimonios.
Muchas mujeres ni siquiera sabían que habían estado encerradas en una institución con nombres y apellidos, como le pasó a Pilar Dasí: "Toda mi vida había pensado que me habían metido en un convento de monjas, que había salido de allí y punto", cuenta a EFE.
Dasí fue una de las miles de niñas "rebeldes y no normativas" que "provocaban todos los días al franquismo" por fumar, llevar minifalda, ir al cine, llegar tarde a casa y tener "amigos melenudos". "Es decir, un desastre para lo normativo", afirma.
La madre de Pilar, desesperada por el "qué dirán los vecinos", se quejó de su comportamiento a una prima de Madrid -al parecer, policía del Patronato- y un sábado de 1970 tres policías acudieron al trabajo de la joven de 19 años, la esposaron y la metieron en el convento de Adoratrices Madre Sacramento, en la calle Hernán Cortés en Valencia.
Su hermana Neli le contó, años después, que su padre "se enfadó muchísimo" e intentó sacarla de allí, pero ya no pudieron: "Es importante señalar que muchas veces las familias eran engañadas. Denunciaban a sus hijas pensando que mejorarían un poco su comportamiento y perdían su patria potestad", cuenta García Carbonell.
Lo que más impactó a la superviviente fue el "ambiente sórdido" de aquel sitio, un recuerdo marcado por el color marrón oscuro, el silencio, las duchas de agua fría y la comida, cuyo plato estrella era "pan duro, con un poquito de aceite, pimentón, unos ajos y mucha agua".
El robo de bebés, los trabajos forzados o el control de la virginidad fueron algunas de las violaciones de derechos humanos que se cometieron en el Patronato, un "auténtico sistema de terror", como lo calificó el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, en el acto de reconocimiento de Estado celebrado el pasado 20 de marzo.
Las investigadoras consideran que el Patronato existió hasta 1985 porque esas "niñas rebeldes", muchas repudiadas por sus familias, "no le importaban a nadie". "A medida que la sociedad sigue avanzando y el Patronato sigue existiendo, mirar hacia ahí y admitir que esto había estado funcionando mientras ellos gobernaban, les causaba vergüenza", expresa Palau.
La primera que comenzó a arrojar luz fue Consuelo García del Cid, también superviviente del Patronato y una "pieza imprescindible en esta historia", según coinciden las tres activistas.
Camino valenciano para el reconocimiento
"Nuestra memoria ha estado tutelada, las supervivientes del Patronato tampoco han importado hasta ahora", señala la investigadora, que reivindica que Les Corts Valencianes son "el único Parlamento autonómico en el que se empieza y se sigue hablando de manera continuada en el tiempo sobre el Patronato".
Después del acto de Petición de Perdón por parte de la CONFER (Conferencia Española de Religiosos) -celebrado el 9 de junio de 2025-, que las supervivientes rechazaron, Palau, García y Dasí se muestran satisfechas con el reconocimiento del Estado y celebran lo conseguido.
Sin embargo, reivindican los siguientes pasos: empezar -y acabar- con la subcomisión de la verdad del Patronato de Protección a la Mujer, continuar ocupando espacios públicos y que no se subvencionen las órdenes religiosas "que torturaron durante más de 40 años a miles de niñas". EFE
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