Madrid, 11 mar (EFE).- El trabajador social y miembro de la asociación 'Exmenas' Mohamed El Harrak, que llegó a España siendo un menor migrante no acompañado, ha señalado que los chicos que llegan como él "se han creído" el discurso de odio que se vierte contra ellos e incluso "sienten repugnancia hacia su cultura".
El Harrak ha hablado así de las consecuencias que tienen los bulos y los mensajes de odio en la vida de estos niños y adolescentes durante una de las mesas de debate del Foro contra el Odio organizado este miércoles por el Gobierno en Madrid, que ha sido moderada por la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz.
El joven ha compartido su experiencia como trabajador social que acompaña a menores migrantes que llegan solos a España, quienes, ha asegurado, lo están pasando muy mal por la proliferación de discursos de odio contra ellos hasta el punto de que ven toda su vida transformada por estos mensajes.
Ha señalado desde daños severos en su autoestima, episodios de ansiedad y estrés y hasta ideación suicida, lo que les lleva a muchos a "tirar la toalla" en su proyecto migratorio.
Nadie está preparado para el trayecto migratorio que tienen que enfrentar estos chicos, ha defendido, pero mucho menos aún niños de 8 años, como en su caso cuando llegó, que encima tienen que enfrentarse a este rechazo social su llegada.
Y si ya es difícil para cualquiera persona hacer su vida en España por problemas como la precariedad laboral o el acceso a la vivienda, todo se agrava para ellos, que saben que "el de al lado" no les apoya.
Mohamed El Harrak ha relatado numerosas experiencias de racismo vividas por los jóvenes que acompaña, como ser criticada por usar hiyab, escuchar comentarios al acudir al centro de salud que cuestionan por qué tienen que atenderles a ellos aunque tengan cita o persecuciones en el supermercado ante la sospecha de que vayan a robar.
Chicos que no acuden al centro de salud a pesar de sufrir "dolores intensos" por miedo a que le detengan, que no pueden acceder a un piso a pesar de llevar 10 años en España y tener un sueldo alto o que han sido expulsados de un bar por ser confundidos con un mantero.
Este trabajador social ha revindicado que la realidad es bien distinta y ha recordado la cantidad de jóvenes migrantes que arriesgaron su vida en los incendios de Galicia o salvaron vidas durante la dana en Valencia en unas palabras que han arrancado el aplauso del público.
En la misma mesa de debate ha participado la analista política Sarah Santaolalla, quien también ha compartido su experiencia como víctima de acoso a raíz de su activismo por los derechos humanos, en su opinión por su claro posicionamiento como mujer joven, de izquierdas y antifascista en programas de gran audiencia.
La joven ha lamentado que haya compañeros de profesión que, a pesar de que piensan como ella, están haciendo los "deberes para mañana" porque piensan que pronto va a gobernar el "fascismo": "La silla no se conserva en base a ser pelota o un cobarde; se conserva en base a tu trabajo, a tu rigor y a tu decencia", ha defendido.
Santaolalla se ha definido como feminista y perteneciente a una generación que tuvo "miedo antes que ideología" porque supo lo que era un agresor y un acosador antes que a quién iba a votar a los 18 años.
También ha lamentado el tiempo, el dinero y el coste psicológico y emocional que tiene denunciar a sus acosadores a diferencia de los recursos que tiene para defenderse un "agitador subvencionado" que gana 700.000 euros en seis meses.
Ha dicho que, aún así, mantiene la esperanza de que haya "un juez en este país que se atreva a condenar lo que está pasando", aunque ha remarcado que le gustaría que la Fiscalía actuase de oficio en estos casos para proteger a las víctimas.
La tercera componente de la mesa ha sido la actriz y directora Abril Zamora, quien ha contado que, cuando era pequeña, ya sufría todo tipo de vejaciones debido a su identidad pero siempre tenía la esperanza de que eso se acabaría cuando fuera adulta, algo que no pasó: "Hemos fallado como sociedad", ha lamentado.
Zamora también ha denunciado que es "agotador" tener que educar a la gente para acabar con su odio, especialmente en momentos en que la afectación es tal que solo le sale llorar, y ha defendido que esta responsabilidad no debería recaer en las víctimas. EFE
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