Inés Morencia
Valladolid, 15 feb (EFE).- El técnico andaluz Luis García Tevenet ha "pagado el pato" de un Real Valladolid cuyo mal va mucho más allá de los entrenadores que estén a cargo del banquillo, ya que el problema es la deficiente construcción del equipo, cuya responsabilidad radica en el director deportivo, Víctor Orta.
El uruguayo Guillermo Almada saltó a tiempo de un barco que lleva a la deriva mucho tiempo. Vio con clarividencia lo que se venía encima, y no lo dudó al aceptar una oferta del Oviedo para subir un escalón en su trayectoria profesional, al pasar a dirigir a un conjunto de Primera.
Tevenet ha tenido tiempo para, en su corta estancia en el club blanquivioleta, acumular cuatro derrotas consecutivas y encajar 17 goles en los siete partidos en los que ha ejercido como entrenador, sumando solo una victoria y un empate.
Pero, sin una plantilla con una calidad mínima exigible para, no ya optar al ascenso -que era el objetivo con el que se inició la temporada-, sino para hacer un papel digno en Segunda, era imposible hallar un preparador que ahora deberá hacer las veces de mago y cambiar la dinámica del equipo, al borde del descenso a 1ª RFEF.
De hecho, las redes sociales se incendiaron aún más con el sonrojante 5-1 ante Granada -que incluyó un gol en propia puerta de Sanseviero y la roja de Michelin, ambos jugadores recién incorporados en el mercado invernal- pidiendo la cabeza del director deportivo y de los jugadores.
Si bien el daño se hizo antes, ya que empezó a fraguarse cuando el anterior presidente del club, Ronaldo Nazário, incumplió sus innumerables promesas y dejó a la entidad sin rumbo y totalmente perdida.
Aun así, la dejación de funciones del astro brasileño dio paso a una nueva propiedad -sin ningún vínculo con la ciudad- con dos copresidentes -Gabriel Solares y Enrique Uruñuela- que, procedentes de México, querían cambiar la forma de conducir un club.
Su intención era buena, su cercanía con la afición, con los medios, con la sociedad vallisoletana quedó constatada, y hasta la fecha, al menos, han dado la cara en las peores situaciones del equipo -con Solares en el césped del Zorrilla con los jugadores, para recibir los pitos del público tras el 0-4 ante el Castellón-.
Se quiso empezar de cero, se hizo criba entre los trabajadores del club para recortar gastos y centrarse en lo deportivo, pero no se acertó con la elección de las cabezas visibles del proyecto, con los que tenían a su cargo la confección y desarrollo de la plantilla.
También es cierto que, en muchos casos, tenían las manos atadas por contratos "blindados" que había que cumplir y que impidieron otra toma de decisiones, pero los fichajes no han estado a la altura de lo que se debe exigir a un equipo recién llegado a Segunda.
La realidad es que el Real Valladolid se encuentra en la antepenúltima posición de LaLiga Hypermotion, en la que partía como favorito al ascenso antes del inicio de la competición, y que el próximo entrenador tendrá una difícil papeleta para calmar las aguas y tratar de evitar el descenso, del que le separan dos puntos. EFE
mim/og

