Málaga, 6 feb (EFE).- Un estudio ha demostrado que la pectina -una fibra natural presente en frutas como la manzana o los cítricos- puede aumentar la tolerancia al alérgeno en pacientes con alergia a las proteínas de transferencia de lípidos (LTPs), una de las más comunes y graves en la región mediterránea.
Un equipo multicéntrico de investigadoras del Hospital Regional Universitario de Málaga, la Universidad de Málaga, IBIMA Plataforma Bionand, y la Universidad CEU de Madrid ha dado un paso importante hacia un nuevo enfoque terapéutico frente a la alergia alimentaria.
La investigación se ha desarrollado en el marco de un proyecto europeo de la convocatoria JPI-ERA HDHL- Nutrition and the Epigenome cuyo título es Intervención dietética en alergia alimentaria: Interacciones entre el microbioma, epigenoma y la metabolómica.
En su estudio, recientemente publicado, han participado además investigadores del Instituto Paul Ehrlich de Alemania y el INSERM de Francia y confirma que este tratamiento basado en el consumo diario de pectinas actúa en la modulación de la microbiota intestinal, es beneficioso y seguro y abre la puerta a nuevas estrategias dietéticas para prevenir o reducir las reacciones alérgicas.
El trabajo ha sido liderado en Málaga por María José Torres Jaén (investigadora responsable del grupo de alergias en IBIMA y jefa de servicio de Alergología del Hospital Regional Universitario de Málaga, además de catedrática de la Facultad de Medicina de la Universidad de Málaga) Cristobalina Mayorga (coinvestigadora responsable), junto a Francisca Gómez y Natalia Pérez-Sánchez, todas ellas especialistas del Servicio de Alergología del Hospital Regional Universitario de Málaga e investigadoras de IBIMA Plataforma BIONAND.
Las proteínas de transferencia lipídica, entre ellas Pru p 3, presente en el melocotón, pueden provocar desde reacciones alérgicas leves – caracterizadas por síntomas como picor o inflamación en la boca– hasta graves, incluyendo la anafilaxia.
En el estudio participaron personas con alergia confirmada al melocotón, que fueron sometidas a una intervención dietética con dos tipos de pectinas, de manzana y de cítricos, durante dos meses. El análisis clínicos tras finalizar el tratamiento demostró un efecto positivo, que lograba aumentar la tolerancia alimentaria en más del 50 % de los participantes.
Los resultados del ensayo fueron muy alentadores, ya que además de la mejora en la tolerancia, se consiguió que un 30 % de los pacientes pudieran tomar la dosis de proteína correspondiente a una pieza de fruta, un avance notable frente al grupo que recibió placebo.
Por otro lado, se demostró que el tratamiento, además de efectivo, fue seguro. Los pocos efectos secundarios observados fueron leves y temporales -principalmente síntomas gastrointestinales- sin que se registraran reacciones alérgicas ni alteraciones hepáticas.
Para comprender cómo la pectina lograba mejorar la tolerancia alérgica, el equipo investigador analizó en profundidad tanto la respuesta del sistema inmunitario como los cambios producidos a nivel intestinal en los pacientes.
Los resultados mostraron que la pectina actúa modulando la relación entre la microbiota y el sistema inmune, reduciendo así la inflamación alérgica. Así, en los pacientes tratados se observó una disminución de las moléculas relacionadas con la respuesta alérgica y una transformación del ecosistema intestinal, que pasó a estar dominado por bacterias beneficiosas.
La pectina procedente de cítricos favoreció el crecimiento de microorganismos como Bacteroides y Roseburia intestinalis, mientras que la de manzana estimuló el aumento de Bifidobacterium, Succinivibrio y Faecalibacterium prausnitzii, todas ellas especies asociadas a un intestino más saludable y menos inflamatorio.
Estos cambios también modificaron los metabolitos producidos por las bacterias intestinales, con una reducción de mediadores proinflamatorios y una mejora en los mecanismos que regulan la respuesta inmunitaria.
Según María José Torres Jaén, la integración de todos los datos clínicos y moleculares permitió identificar una "firma biológica" propia de los pacientes tratados con pectina, claramente distinta a la del grupo placebo, lo que refuerza su potencial terapéutico. EFE


