La UE necesita una estrategia integral para no quedarse atrás en la guerra tecnológica

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Madrid, 3 feb (EFE).- La Unión Europea (UE) necesita una estrategia integral para no quedarse atrás en la guerra tecnológica y por liderar la inteligencia artificial que libran Estados Unidos y China, y concretar un plan que combine innovación, soberanía estratégica, competitividad económica y protección de los derechos fundamentales.

Aunque en la UE la inversión y el despliegue de estas tecnologías avanzan a un ritmo mucho menor, sí tiene un elemento diferencial, su apuesta por la regulación, por la protección de los derechos y la gobernanza democrática; y frente a los modelos más desregulados que imperan en otros países, debe aspirar a liderar modelos de inteligencia artificial que sean confiables, éticos y centrados en las personas.

Los argumentos se recogen en el informe 'La Inteligencia Artificial en la Unión Europea. Situación actual, diagnóstico y propuestas', que ha presentado este martes la Fundación Alternativas y que ha sido elaborado por seis expertos e investigadores en computación, comunicación, informática, derechos y libertades de varias universidades y organizaciones civiles: Cristina Puente Águeda, Elisa Gutiérrez García, Katherin Corredor, Antoni Farriols Solá, Celia Fernández-Aller y Sol Garrido.

El informe identifica como déficits comunitarios la insuficiencia de inversión en I+D, la dependencia tecnológica externa, la fragmentación del mercado interior, la escasez de talento especializado y los riesgos de ampliación de desigualdades sociales, y como oportunidades la posibilidad de liderar modelos que combinen la innovación con la protección social y la cooperación internacional.

El trabajo retrata la fase de expansión acelerada de la IA, marcada sobre todo por la proliferación de sistemas generativos capaces de producir texto, imágenes, audio o vídeo con una calidad cada vez mayor, basados en grandes modelos de lenguaje que han ampliado radicalmente las posibilidades de esta tecnología y que están empezando a transformar sectores clave como la sanidad, la educación, la industria, las finanzas o los medios de comunicación.

Los expertos radiografían un escenario mundial en el que Estados Unidos lidera el desarrollo de grandes modelos y empresas punteras impulsado por el sector privado, y en el que China ha situado esta tecnología en una prioridad estratégica, con inversiones masivas y una planificación a largo plazo para tratar de liderar el sector en 2030, con una integración profunda de esta tecnología en la economía, en los servicios públicos y en la seguridad.

Y en el caso de la UE, los expertos valoran su apuesta de regular para tratar de generar confianza y la aprobación del Reglamento de Inteligencia Artificial -primero en el mundo que establece una regulación integral de esta tecnología-, que a su juicio no pretende frenar la innovación, pero sí fijar normas claras que permitan a las empresas y a los inversores operar con certidumbre y a la vez proteger los derechos fundamentales de las personas.

Casi todos los países europeos cuentan ya con estrategias nacionales de IA, aunque con un grado de aplicación y desarrollo todavía muy desigual, y la tendencia generalizada es la creación de instituciones especializadas, como consejos éticos o agencias nacionales, estructuras con las que los gobiernos tratan de supervisar el uso de algoritmos, de detectar sesgos y de fomentar la transparencia.

El informe augura un impacto económico muy profundo de la IA, ya que puede aumentar la productividad, reducir costes y mejorar la competitividad de las empresas, pero apunta también de los posibles efectos que puede tener la transformación del mercado laboral, ante la automatización de muchas tareas y el aumento de perfiles cualificados, por lo que serán necesarias -mantienen los expertos- políticas de acompañamiento para evitar que se agranden los riesgos y las desigualdades.

Los expertos han dedicado especial atención a los riesgos sociales de la IA, y entre ellos a los sesgos y la discriminación de las decisiones automatizadas; la falta de protección de colectivos vulnerables; las brechas de género, culturales y lingüísticas; o el uso de sistemas que pueden afectar a la privacidad o a la salud mental, especialmente de menores, y han anticipado conflictos legales importantes en torno a derechos de autor, el uso de contenidos para entrenar modelos y la proliferación de ´deepfakes´, lo que obligará a adaptar muchas leyes existentes.

Entre sus propuestas, la Fundación Alternativas recoge en el informe las de aumentar la inversión -pública y privada- en IA, reforzar infraestructuras clave como centros de datos y supercomputación; facilitar el crecimiento de empresas emergentes europeas, apostar decididamente por el talento y la formación, y mantener la regulación como un elemento de confianza y diferenciación de otros mercados y países. EFE