Ucrania bajo los ataques rusos contra el sistema energético: 16 horas de oscuridad al día

Cientos de miles afrontan restricciones extremas en el suministro eléctrico, agua y calefacción, mientras la población, forzada a adaptar su rutina y prioridades, se aferra a la resiliencia ante reparaciones que podrían prolongarse semanas y condiciones de mayor adversidad

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La población de varias regiones de Ucrania obtiene agua y calefacción solo durante intervalos limitados del día debido a los daños graves sufridos por el sistema energético tras los recientes ataques rusos, lo que obliga a las personas a reorganizar sus hábitos cotidianos según los horarios irregulares de suministro eléctrico. Según informó la agencia EFE, los habitantes de Leópolis y otras ciudades enfrentan hasta dieciséis horas de oscuridad diaria y deben adaptarse a medidas de emergencia que, según las autoridades, podrían prolongarse durante semanas.

De acuerdo con EFE, la ofensiva rusa de gran escala ha dejado a decenas de miles de ucranianos en una situación precaria, en la que el acceso regular a electricidad, agua y calefacción ya no está garantizado. El último ataque registrado, señalado por el medio como especialmente destructivo, provocó un aumento significativo de los cortes de energía, mientras equipos de reparación tratan de restablecer los servicios bajo condiciones de riesgo y con un pronóstico de recuperación incierto. El jefe del operador ucraniano de red, Vitali Zaichenko, citado por EFE, advirtió que las labores para restaurar la infraestructura afectada podrían extenderse por semanas e instó a la población a minimizar el consumo eléctrico.

El impacto diario se refleja en la vida de personas como Irina, vendedora en una librería de Leópolis, quien relató a EFE que los generadores de respaldo quedaron sin batería varias horas antes de la entrevista, mientras el local seguía operando de forma improvisada con lámparas alimentadas por pilas. El aislamiento térmico de los edificios antiguos permite retener algo de calor, en un contexto en que las temperaturas externas apenas superan cero grados. Sin embargo, en viviendas modernas, la dependencia casi total de la electricidad hace aún más complicado sobrellevar el corte de los servicios básicos.

El medio EFE consignó que los habitantes intentan mantener cierta normalidad, aunque la rutina diaria exige una planificación constante según los cortes programados por el operador de red local, con el fin de que las interrupciones sean un poco más previsibles. En la ciudad, el ruido de los generadores portátiles se ha vuelto común, mientras algunos negocios optan por seguir abiertos pese a la falta de energía eléctrica. El costo de operar con generadores resulta prohibitivo para organizaciones como la Cocina Voluntaria de Leópolis, encargada de enviar comida preparada a soldados en el frente, que dependen de un sistema de donativos y adaptan su funcionamiento a los intervalos en que hay energía disponible.

Oksana Maziar, representante de la mencionada organización, declaró a EFE que persiste la determinación ciudadana a pesar de las dificultades. Explicó que su equipo instala puestos en la ciudad donde ofrecen alimentos y dulces a cambio de contribuciones económicas para seguir operando. En los espacios públicos y privados, las lámparas a batería o linternas se convierten en soluciones temporales en medio de la penumbra prolongada.

A nivel personal, la vida diaria se transforma, como relató Zoreslava Taraj, profesora de inglés, quien expresó a EFE que planifica sus clases exclusivamente en las franjas donde se garantiza el flujo eléctrico. Sus vecinos, según el medio, almacenan leña en los patios para suplir la calefacción, recurriendo a recursos tradicionales ante un sistema moderno colapsado. Como mencionó Taraj, la situación promueve una mayor eficiencia en el aprovechamiento de los cortos períodos con luz, e incluso, un sentido de propósito ante la adversidad.

Respecto al alcance del daño, EFE destacó los análisis de expertos como Volodímir Omelchenko, del Centro Razumkov, quien precisó que los ataques buscan dividir el sistema energético nacional a la altura del río Dniéper, desempeñando un papel estratégico en el desplazamiento de la producción eléctrica hacia occidente. El último ataque apuntó tanto a la generación restante en el este como a líneas de alta tensión que transportan la electricidad de nueve reactores nucleares localizados al oeste, lo que desembocó en un déficit de al menos cinco gigavatios. Esta cifra, según publica EFE, ilustra la magnitud del problema que enfrentan tanto las autoridades como la población civil.

Omelchenko agregó que, pese a los esfuerzos constantes de reparación, los cortes masivos de electricidad podrían persistir durante el invierno, especialmente si los ataques se repiten con una frecuencia de entre siete y diez días, como ha sucedido desde comienzos de año. De acuerdo con EFE, el experto recomendó medidas para mitigar el riesgo, tales como ampliar la generación energética a pequeña escala, reforzar infraestructuras de protección y mejorar la defensa antiaérea. Sugirió además a las autoridades ser transparentes frente a la población respecto a la gravedad de la crisis, de manera que los ciudadanos puedan prepararse para cortes aún más largos.

A lo largo de toda la crisis, EFE reportó que se mantiene la actividad de los equipos de emergencia, que laboran sin interrupción para restablecer servicios en las regiones más castigadas por los ataques, aunque la incertidumbre prevalece ante la posibilidad de nuevas ofensivas y el daño acumulado. Mientras tanto, la vida en ciudades como Leópolis transcurre con la presencia constante de generadores, iluminación de emergencia y planes improvisados para sobrellevar jornadas marcadas por la escasez de servicios esenciales.