
Una advertencia sobre la insuficiencia de recursos en la Oficina contra el Acoso del PSOE salió a la luz cuando el presidente Pedro Sánchez admitió que la atención a las víctimas en el caso Salazar experimentó demoras originadas por la falta de personal adecuado para atender este tipo de situaciones. Esta revelación se produjo en el marco de una crisis interna que cobró fuerza tras la difusión de una fotografía de la portavoz del Gobierno, Pilar Alegría, junto al exdirigente Francisco Salazar en un restaurante de Madrid, hecho que encendió nuevamente las alarmas acerca de la transparencia en la gestión de denuncias y la coherencia en la respuesta institucional del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Según informó Europa Press, el episodio incrementó la presión sobre la dirección nacional, en particular sobre la Secretaría de Organización encabezada por Rebeca Torró, y agudizó la desconfianza de la militancia y de los cuadros intermedios hacia la cúpula del partido.
Europa Press detalló que la circulación de un documento interno entre afiliados del PSOE señaló deficiencias en el acompañamiento a las personas afectadas y en el trámite de las denuncias vinculadas al caso Salazar. Este diagnóstico impulsó reclamos dentro del partido para que la ejecutiva adopte medidas claras y visibles que aporten certidumbre y refuercen la credibilidad de los mecanismos internos de control. El malestar, según publicó Europa Press, se extendió más allá de los sectores críticos a la dirección y llegó incluso a quienes tradicionalmente respaldaron al liderazgo de Pedro Sánchez, los conocidos como “sanchistas”.
El medio reportó que la publicación de la imagen cuestionada reavivó discusiones sobre la coherencia entre el respaldo manifiesto a los denunciantes y las acciones puestas en marcha para cortar cualquier lazo con Salazar. Diversos foros y chats digitales internos reflejaron una escalada de tensión, tal como relató un parlamentario al medio: “los grupos están ardiendo”. Este escenario de inquietud cruzó todos los niveles del PSOE, imprimiendo una fuerte dosis de disciplina entre la militancia de base y los dirigentes ejecutivos.
La reacción inmediata de la dirección general y de miembros del Gobierno, informada por Europa Press, consistió en desmentir la existencia de vínculo político o laboral con Salazar en el momento en que se captó la imagen. Sin embargo, esto no logró contrarrestar la expansión del debate sobre la eficacia de los canales de comunicación interna y la coordinación entre mandaos medios y órganos ejecutivos. Una militante entrevistada lamentó sentirse avergonzada por el manejo de la crisis y criticó la tendencia a “defender o tapar actitudes o hechos intolerables a los que creen son ‘uno de los nuestros’”, según consignó Europa Press.
En el plano institucional, Sánchez recordó que la salida de Salazar se produjo por propia iniciativa, lo que dejó sin efecto la posibilidad de aplicar sanciones disciplinarias adicionales. El presidente aseguró al medio que, a partir de ese momento, no se dio ningún contacto entre el exdirigente y las estructuras nacionales o autonómicas del partido, ni tampoco con el Gobierno central ni con el Partido de los Socialistas de Cataluña (PSC). Aun así, las dudas persistieron en la base socialista, que reclamó detalles minuciosos sobre los procedimientos adoptados y las decisiones tomadas ante las denuncias recibidas.
La agencia Europa Press describió que tanto cuadros medios como militantes identifican lentitud y falta de contundencia en la comunicación institucional por parte de la dirección, subrayando que la credibilidad partidaria se halla comprometida. Por su parte, la controversia sobre la gestión interna trascendió los límites de los sectores tradicionalmente críticos e impactó también entre los simpatizantes de la actual presidencia, diversificando el perfil del descontento entre la militancia.
El análisis de Europa Press constató que la controversia generada por la imagen y el debate sobre la tramitación de denuncias incrementaron el escepticismo acerca de la excepcionalidad en el funcionamiento del PSOE. Frente a esto, militantes y responsables de diferentes áreas insistieron en la necesidad de una comunicación transparente y una explicación exhaustiva del proceso seguido. Plantearon que solo así se restablecerá la normalidad interna y se minimizarán los efectos negativos derivados de esta crisis.
Además, representantes socialistas consultados por Europa Press subrayaron la importancia de una resolución rápida y una transparencia total respecto a las actuaciones adoptadas en torno a la figura de Salazar. Coincidieron en que estas variables determinarán la capacidad del partido para frenar el deterioro de su imagen pública y contener un desgaste prolongado. Esta presión llevó a la Secretaría de Organización a examinar la divulgación de los procedimientos internos y las acciones emprendidas desde la recepción de las denuncias, buscando satisfacer la demanda de claridad dentro y fuera del partido.
La cobertura del medio subraya que la crisis percutió en sectores que hasta el momento habían respaldado sin fisuras a la actual dirección, marcando un punto de inflexión sobre el ambiente de unidad y confianza interno. Entre las exigencias formuladas al término de la semana se encontraba la de asegurar que la gestión de denuncias se lleva a cabo acorde a los principios defendidos públicamente y que los procesos internos resultan íntegros y concluyentes.
Al cierre del último ciclo informativo, Europa Press reportó que la alarma y la exigencia persistían en todos los niveles de la organización socialista. La dirección nacional se enfrentaba al desafío de ofrecer respuestas que disipen las dudas y restauren la cohesión y la reputación del PSOE tras una serie de acontecimientos que alteraron la estabilidad y la confianza de sus bases.


