Juan Antonio Sandoval
Santander, 26 jul (EFE).- En la última corrida de la Feria de Santiago de Santander, un encierro de presentación muy desigual de Domingo Hernández, Roca Rey se resarció de la tarde anterior con una actuación muy seria. El Cid, que sustituyó al lesionado Cayetano, estuvo muy entonado en sus oponentes. Ambos salieron a oreja por coleta. Juan Ortega pechó con el peor lote y manejó muy mal las espadas.
El Cid empapó de capote en los medios al abanto ‘Tamizado’. Lento y solemne a la verónica, ordenó que no le dieran casi nada en el caballo. Veintitrés horas después de su faena cumbre en esta misma plaza, lo brindó a las 10.000 almas que llenaban Cuatro Caminos. Dos series diestras duró la pujanza del fijo y noble animal. Que después siguió repitiendo algo más frenado, manteniendo lo templado del viaje como norma. Con clase, a fin de cuentas.
Manuel Jesús estuvo preciso en el manejo de las alturas, alternando la media con aquellos naturales de mano baja que quedan en el recuerdo. No hubo un enganchón en el precioso muleteo. Todo mimo. Todo caricia, desde el cite de telas adelantadas hasta el remate allá lejos. Siempre con empaque. Los de pecho, de pitón a rabo. Faena muy a tener en cuenta, que a pesar del hándicap de abrir plaza y de la travesía de la espada fue merecedora de oreja.
En el cuarto continuó el jubileo del matador sevillano en esta Feria. ‘Borracho’ entregó su fondo en las series primeras, plenas de ligazón y suave mando. Siguió repitiendo hasta el final pero en un nivel menor. Se explayó de nuevo el magisterio del veterano maestro Cid. Que no cruzó esta vez el umbral de la puerta grande porque la espada no funcionó.
El feo y basto torazo que hizo segundo, 613 kilos según la báscula, no dejó a Juan Ortega mostrar la excelencia de su capote. Todo eran defectos en aquel bisonte: El gazapeo, los tornillazos, los parones, la querencia a los adentros. Ortega no perdió la compostura, le anduvo en torero y trató de hacer el toreo bueno. Algún cartel de toros le robó. Un aviso antes de ir a por la espada y su mal manejo le colocaron a unos segundos del tercer toque de clarín. Lo tumbó de un sablazo in extremis.
Tuvo la suerte negada, pues ‘Mesonero’, quinto, fue un manso con mala guasa y mucha violencia en su loco cabeceo. Juan Ortega intentaba cuajarlo mientras los pitones dibujaban cornadas en el aire y, a veces, se estrellaban en la franela. Honesto a carta cabal con las telas, naufragó con el acero hasta encrespar al respetable.
Tras la decepción de la tarde anterior, Roca Rey atacó de salida en al ajustado recibo por verónicas y chicuelinas al torillo que hizo tercero, por debajo del trapío exigible en Santander. Apenas le rasgaron la piel en el jaco. El quite por saltilleras lo abrochó un capotazo por la espalda al borde de la cogida.
El matador del Perú se amarró al piso en los estatuarios. Este asentamiento y firmeza de plantas existieron durante todo el trasteo. Que mantuvo la intensidad del primer toreo diestro, profundo y mandón, hasta aquellos tres naturales al ralentí, tirando de una embestida ya a regañadientes. Con el toro a menos y lo fundamental ya hecho, y muy bien hecho, los circulares y el arrimón resultaron adecuados y limpios. El presidente no atendió una petición de trofeo similar a la del primero, tras el medio espadazo.
El costalazo que se dio el sexto tras clavar los pitones en la arena se escuchó desde El Sardinero. En el mismísimo centro del anillo comenzó a llenar el escenario Roca Rey con extensos tiempos muertos entre serie y serie. Las mejores, las iniciales, con la poderosa muleta empujando hasta el final a ‘Prosisto’. Que echó el cierre muy pronto. Fue el momento de meterse entre los pitones. De los circulares, no siempre limpios. De sacárselo por la espalda. En corto y por derecho se tiró sobre el morrillo, en cuya muerte quedó el estoque.
Reivindicado con creces su el estatus de figura, tras la concesión de la oreja, a Roca Rey le pidieron con fuerza la segunda.
Ficha del festejo. Plaza de Toros de Cuatro Caminos. Octavo y último festejo del abono de la Feria de Santiago de Santander.
Seis toros de Domingo Hernández de presentación muy desigual. El primero, muy noble y con clase; infumable el feo y basto segundo; a menos el colaborador y chico tercero; sirvió el cuarto; manso con mal estilo el quinto; sin duración el sexto.
El Cid: Estocada tendida y atravesada, descabello, oreja; tres pinchazos, estocada desprendida y tendida, saludos.
Juan Ortega: Aviso, pinchazo hondo, segundo aviso, pinchazo al encuentro, otro pinchazo, sablazo en los costillares, leves pitos; tres pinchazos, pinchazo hondo, aviso, dos pinchazos, segundo aviso, otro pinchazo, estocada arriba, pitos.
Roca Rey: Media estocada desprendida, petición, ovación; aviso, estocada arriba, oreja con petición de la segunda.
Lleno de no hay billetes.
EFE
1011400
Jas/ie
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