Madrid, 6 feb (EFE).- El desafío de regímenes autoritarios en Rusia, China, Irán o Corea del Norte y el auge de fuerzas "nacionalpopulistas" en Occidente son dos movimientos que se retroalimentan y contribuyen a impugnar el viejo orden mundial, según expone Andrea Rizzi en su ensayo 'La era de la revancha'.
El autor, corresponsal de Asuntos Globales en El País, propone en sus páginas "una brújula" para unos tiempos turbulentos y de cambio, marcados por los pulsos entre potencias y entre clases sociales y también por el cuestionamiento de la hegemonía de Estados Unidos.
Lo hace conectando una serie de puntos neurálgicos en lo que va del siglo XXI, desde diciembre de 2001 hasta la reciente segunda victoria electoral en Estados Unidos de Donald Trump, que en menos de dos semanas de mandato ya ha desatado una guerra arancelaria y ha causado perplejidad con sus planes para Oriente Medio o inmigración.
Rizzi menciona tres hechos fundamentales para el cambio de orden, que ocurrieron consecutivamente en diciembre de 2001 y que pudieron pasar desapercibidos en su momento, con el mundo aún en shock tras los ataques del 11S.
Se refiere, en primer lugar, a la entrada de China en la OMC, el 11 diciembre. Hasta entonces, un 80 % de los países del mundo tenía a EEUU como principal socio comercial; en 2018 China lo era para dos tercios del planeta.
Al día siguiente quebró Enron, el gigante energético estadounidense, un símbolo del capitalismo de mercado fuera de control; y el día 13 George W. Bush anunció la retirada del Tratado sobre Misiles Antibalísticos, rechazando la oferta de colaboración de Putin tras los atentados de las Torres Gemelas, un momento "fundamental" en la quiebra de relaciones entre Washington y Moscú.
Rizzi pone en valor las cosas positivas que ha aportado el orden hasta ahora vigente, los "cientos de millones" de personas que han salido de la pobreza, las instituciones multilaterales, los valores de la democracia y los derechos humanos universales.
Pero a la vez señala los errores estratégicos de Estados Unidos y su "hipocresía" con respecto a los valores que supuestamente defiende: desde Guantánamo al programa de vigilancia informática masiva 'Viento Estelar', filtrado por Snowden, o las torturas de Abu Ghraib.
También el fracaso de la invasión Afganistán y de Irak, con consecuencias como el retorno al poder de los talibanes en el primer caso o el alineamiento con Irán, a través de la conexión chií, en el segundo; o la decisión de la OTAN en la cumbre de abril de 2008 de declarar que Ucrania y Georgia serían miembros, sin dar fechas ni un rumbo claro.
Para Rizzi esta fue "la peor de las soluciones"; solo cuatro meses después Putin invadió Georgia y en 2014, Ucrania.
Por otro lado, señala el aumento de la desigualdad y el hecho de que con la globalización se ha abierto una brecha entre las clases populares y las clases altas, que se vinculan a un "cosmopolitismo esnob".
En Estados Unidos, tras la reforma fiscal de 2001 que favorecía a las rentas más altas, llegó el cataclismo de Lehman Brothers y la consiguiente crisis mundial.
Todo esto, unido a la revolución tecnológica, el advenimiento de las plataformas digitales y la desinformación ha hecho que se conforme "una extraña alianza entre los descontentos y gran parte de aquellos que promovieron el mecanismo que provocó el descontento".
Es lo que el autor denomina la "gran hipnosis", donde los principales promotores de la desigualdad han sido llamados a curar sus síntomas, mientras se desvía la mirada sobre otros asuntos: inmigrantes, exportaciones chinas, regulaciones de la UE.
"La era de la revancha es el tiempo de la gran hipnosis", dice Rizzi, y la segunda presidencia de Trump se perfila como un momento decisivo.
En cuanto a Europa, agrega el autor, no fue responsable de la crisis pero sí de su "desastrosa" gestión, con políticas de austeridad impuestas por Alemania que respondían más a motivos ideológicos que económicos y que infligieron sufrimiento en los países más débiles y dieron alas a nacionalpopulismo y al Brexit.
Pese a los niveles elevados de protección social en Europa, hay una precarización, pérdida de estatus y ansiedad de futuro que genera un malestar que han sabido ver las fuerzas nacionalpopulistas, después de que los partidos socialdemócratas fueran abandonando su perfil, en la década de los 90, de fuerza de contención del capitalismo. EFE
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