Las relaciones con la comunidad son un activo contra la soledad no deseada

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Madrid, 21 mar (EFE).- La acción comunitaria, entendida como ecosistema de relaciones y referencias comunes en el entorno, es una herramienta para la prevención de la soledad y el aislamiento de la población mayor, según muestra una investigación del Centro Internacional sobre el Envejecimiento (CENIE).

El estudio SOLiEDAD, presentado este jueves por la Fundación General de la Universidad de Salamanca, aborda la vivencia de las personas en el entorno social y comunitario en el que desarrollan sus vidas y destaca el impacto de buscar la reciprocidad de las relaciones entre generaciones, huyendo del asistencialismo y la dependencia.

A los mayores les cuesta reconocer la existencia del problema de soledad y también participar en este proyecto para hacerle frente, que se ha desarrollado con la colaboración de centros de salud, parroquias, farmacias, Colegio de Enfermería, mayores y voluntarios, entre otros.

"Vivo solo y a nadie le importa", "no estoy sola, tengo cinco sobrinos médicos que me llaman de vez en cuando", "El proyecto es muy bonito, pero ......", son opiniones de personas que declinaron inicialmente participar en la iniciativa, llevada a cabo en la ciudad de Zamora, a la que se unieron finalmente 60 personas, un volumen superior al esperado.

La investigadora del CENIE Elisa Sala Mozos, directora del estudio, ha explicado que "romper" la barrera no es fácil y las personas necesitan de cierto tiempo para reconocer el sentimiento o la voluntad de aumentar o mejorar su entorno relacional, para lo que se requiere de espacios de seguridad y confianza.

La detección de la soledad o de las situaciones de soledad no deseada, a diferencia de otras situaciones de vulnerabilidad, no se limita a un momento único en el que se pueda determinar si la persona se siente sola o no, ha señalado.

Para la investigadora, la ayuda mutua y el apoyo vecinal son valores que siguen formando parte de nuestra cultura profunda y las comunidades "se activan" cuando se establecen las vías para ello; aunque para garantizar una participación continuada y sostenible en el tiempo es preciso "acompañar" a las comunidades en el medio y el largo plazo.

De los 60 participantes, la mayoría son mujeres (67 %), con una media de edad de 76 años y un 57 % viudas.

"La prevalencia del sentimiento aumenta con la viudedad y entre las personas solteras y aquellas divorciadas o separadas, la prevalencia tiende a ser más alta entre las divorciadas o separadas", señala la investigación.

Seis de cada diez participantes viven solos; el 40 % solo tiene educación primaria y un 21 % estudios universitarios. "Los niveles socioeducativos más bajos, se correlacionan más frecuentemente con la soledad".

La directora del estudio ha destacado la importancia de seguir trabajando a partir de los activos y los aprendizajes generados. "Hemos generado espacios intergeneracionales, donde los más mayores y los más jóvenes deciden conjuntamente qué actividades y proyectos realizar".

El estudio del Centro Internacional sobre el Envejecimiento incide en la importancia de la sensibilización y en cómo campañas destinadas a desestigmatizar la soledad y a entenderla como un sentimiento inherente a la vida, pueden facilitar la detección de las personas que conviven con el sentimiento y su normalización. EFE

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