Los expertos en psicología coinciden: la imitación de gestos fortalece el vínculo con quien hablas

La imitación inconsciente de los gestos no es casual, sino que está programada en nuestra biología

Dos amigos cerca del mar (Pexels)
Dos amigos cerca del mar (Pexels)
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¿Alguna vez se te ha sincronizado el paso cuando caminabas por la calle con un amigo? ¿O tal vez cuando te has sentado en un restaurante os habéis cruzado de piernas a la vez? ¿O te has tocado el pelo de la misma forma? En ese caso debes saber que esto no es una casualidad, sino que es una adaptación normal. Este comportamiento fue bautizado por los psicólogos Tanya L. Chartrand y John A. Bargh como el “efecto camaleón”. Esta imitación inconsciente de gestos y expresiones no solo es habitual, sino que los expertos coinciden en que es el verdadero “pegamento social” que fortalece el vínculo con quienes nos rodean.

La base científica de este fenómeno se consolidó en 1999 con los resultados de su investigación publicada en la American Phycological. Association. Con este término pudieron describir cómo imitamos de forma involuntaria las posturas y modales de los demás debido al vínculo percepción-comportamiento.

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Demostraron que los participantes tendían a mover el pie o tocarse la cara imitando sin saberlo a un extraño con el que colaboraban. Además, comprobaron que si un cómplice imitaba sutilmente al participante, la interacción fluía con mayor armonía y aumentaba notablemente el agrado mutuo. Imitar al otro, por tanto, nos hace caer mejor de forma automática.

Dos amigos dando un paseo en la calle (Pexels)
Dos amigos dando un paseo en la calle (Pexels)

El “pegamento social” que nos hace más generosos

No obstante, investigadores neerlandeses llegaron a la conclusión, con un artículo disponible en Philosophical Transactions of the Royal Society que el impacto de esta imitación va más allá de caer bien. En su investigación, los autores profundizan en cómo la imitación actúa como un “pegamento social”.

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Según explican, ser imitado activa un “estilo de procesamiento asimilativo”. Esto nos hace sentir más conectados con el entorno y nos vuelve mucho más cooperativos y generosos. Además, los experimentos del equipo de investigación demostraron que las personas imitadas sutilmente ayudaban más a un extraño a recoger unos bolígrafos del suelo e incluso donaban el doble de dinero a organizaciones benéficas.

Al parecer, esta tendencia está programada en nuestra biología. En otro análisis publicado en Elsevier, otras expertas del Instituto de Leiden para el Cerebro y la Cognición de Paises Bajos descubrieron en 2017 que la imitación automática es precursora de la empatía y del desarrollo social saludable. Desde el nacimiento, los bebés imitan gestos de sus madres (como sacar la lengua o sonreír), lo que les ayuda a compartir las emociones de su cuidador.

Tres amigas comen hamburguesas mientras charlan (Pexels)
Tres amigas comen hamburguesas mientras charlan (Pexels)

Las autoras destacan que la imitación ocurre a nivel muscular o “motor” (expresiones, bostezos o llanto) y a nivel “autonómico”, controlado por el sistema nervioso involuntario. Esto implica que, sin darnos cuenta, sincronizamos el ritmo cardíaco, la respiración o el diámetro de las pupilas con nuestro interlocutor, lo que además ayudaría a evaluar las experiencias y predecir lo que el otro siente, permitiéndonos “leer la mente” y sentir compasión.

La imitación como “señal de apaciguamiento”

Pero en la ciencia que se esconde detrás de la imitación, también encontramos que puede servir para apaciguar situaciones hostiles. En el artículo “The Modulation of Mimicry by Ethnic Group-Membership and Emotional Expressions”, publicado en 2016 por Birgit Rauchbauer, Jasminka Majdandžić, Stefan Stieger y Claus Lamm, se demuestra que adaptamos nuestra imitación según el contexto y las emociones del otro.

Los investigadores austriacos y alemanes de la Unidad de Neurociencia Social, Cognitiva y Afectiva, Departamento de Investigación Psicológica Básica y Métodos de Investigación, descubrieron que cuando nos enfrentamos a una persona que muestra enfado o amenaza, nuestra tasa de imitación de movimientos sencillos aumenta de forma inconsciente. Este incremento funciona como una “señal de apaciguamiento” (appeasement signal) para calmar la agresividad y desescalar el conflicto. En cambio, ante una sonrisa, la imitación es alta para todos, ya que cooperar y devolver un gesto amable tiene un bajo coste social.

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