Cómo funciona la nostalgia: esto es lo que ocurre en nuestro cerebro cuando recordamos el pasado

Puede funcionar como motivación y como herramienta para afrontar el presente, pero también provocar una profunda sensación de estancamiento si se idealiza lo ya vivido

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Mujer con depresión. (Adobe Stock)
Mujer con depresión. (Adobe Stock)

Cualquier tiempo pasado fue mejor. O no. Pero solemos pensar que sí. Así funciona la nostalgia, ese tipo tan concreto de tristeza melancólica que surge tras el recuerdo de algo que ya no tenemos o que perdimos. No obstante, también puede funcionar como motivación y como herramienta para afrontar el presente, siempre que no se convierta en un refugio que idealiza el pasado y bloquea el avance personal.

La idea de que cualquier tiempo pasado fue mejor forma parte del modo en que opera este sentimiento. La nostalgia tiende a presentar el pasado como una etapa de mayor bienestar, pero también puede ayudar a identificar qué funcionaba entonces y qué merece ser recuperado en la vida actual.

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Un empujón para seguir

La psicología también ha estudiado este sentimiento. Un ejemplo es el estudio de Wildschut de 2006, publicado en el Journal of Personality and Social Psychology, que concluyó que las personas suelen experimentar la nostalgia como una fuente de motivación en determinados momentos de su vida. Ese trabajo plantea que la nostalgia actúa como una emoción que empuja a seguir adelante. El recuerdo de etapas anteriores no operaría solo como un repliegue sentimental, sino también como un impulso con finalidad psicológica y emocional, dos dimensiones ligadas a la motivación.

Esa función puede adoptar formas distintas. La llamada nostalgia restauradora aparece cuando la persona intenta volver al pasado porque identifica en él una etapa de felicidad y bienestar opuesta a una experiencia presente negativa o a un disgusto reciente. La añoranza reflexiva responde a una lógica diferente. También mira atrás, pero no necesariamente después de una mala experiencia, sino con la intención de extraer aprendizajes del pasado para mejorar el presente, sin dejar de valorar el aquí y el ahora.

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Un sistema para reforzar el presente

Otros autores añaden un matiz complementario: la nostalgia prepara para experiencias nuevas que se parecen a otras ya vividas. En ese caso, el recuerdo se combina con la expectativa y genera entusiasmo ante lo que está por venir, apoyado en la confianza de que puede salir bien, como ocurrió antes. Recordar momentos en los que una persona tuvo éxito e imaginar que volverá a aplicar estrategias parecidas en el futuro refuerza la sensación de fortaleza y seguridad. Asociar una meta o un deseo a un antecedente satisfactorio en la propia historia vital facilita percibir ese objetivo como alcanzable.

La parte negativa de la nostalgia

Vivida de forma sana, esta melancolía puede traducirse en acción. Si alguien echa de menos actividades que antes le hacían bien, como hacer deporte, pintar o jugar a los bolos, ese sentimiento puede empujarle a retomar costumbres abandonadas o a buscar nuevas formas de recuperar en el presente una felicidad que ya conoció. El problema aparece cuando el apego al pasado se vuelve rígido y solo sirve para estancarse. Obcecarse en lo ya vivido puede impedir innovar, sabotear el crecimiento personal y frenar el avance en la vida laboral, sentimental y social, al convertir un recuerdo idealizado en refugio frente a un presente que se descuida.

La nostalgia se vuelve dañina cuando distorsiona a la vez el pasado y el presente: idealiza uno y menosprecia el otro. Ese desequilibrio hace que se ignoren experiencias positivas actuales mientras se revive una y otra vez un tiempo feliz que ya no existe, lo que obliga a encontrar un punto de equilibrio entre aprender del ayer y vivir el ahora.

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