Rojo, ámbar, verde, blanco: así podría ser el nuevo semáforo en la era de la movilidad autónoma

Investigadores de la Universidad de Carolina del Norte han presentado una propuesta que busca adaptar los semáforos incorporando una cuarta luz destinada a facilitar la integración de los vehículos autónomos en la circulación urbana

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Así sería el nuevo semáforo en la era de la movilidad autónoma
Así sería el nuevo semáforo en la era de la movilidad autónoma

El primer semáforo del mundo se instaló en Londres en 1868, frente al Palacio de Westminster. Hace poco menos de un mes, hizo un siglo desde que llegaron a España, con aquel primero instalado en Madrid, en el cruce de la calle Alcalá con la Gran Vía. No han cambiado desde entonces: hace un siglo que siguen el formato de tres colores - rojo, ámbar y verde -, y verdaderamente tampoco ha hecho falta actualizar el diseño. Como con los bolígrafos Bic: si algo funciona, mejor no cambiarlo.

Los semáforos surgieron como respuesta a la necesidad de gestión que generaban los coches una vez su uso estuvo lo suficientemente extendido como para que se pudiese intuir que no organizar sus movimientos de alguna manera solo podría traer problemas. Una adaptación a una nueva realidad.

Es cierto que los vehículos han evolucionado significativamente desde entonces. Empezaron ganando en potencia y velocidad, en seguridad, en eficiencia, en confort. Llegaron después las radios, primero de las que solo sintonizaban y más adelante aquellas que uno podía - o debía, dependiendo de dónde se hubiese aparcado - desenchufar del aparato. Después llegaron las pantallas, primero con lectores de DVD y, con el tiempo, se convirtieron en esas de los Tesla que permiten meterse al Netflix o echar unas partidas con un mando de la Play. Lo último de lo último son los vehículos autónomos, si bien no están todavía a punto para empezar a utilizarse de forma extendida ni para permitir que se incorporen plenamente al tráfico. Entre los principales desafíos de cara a cualquier posible incorporación masiva de esta tecnología al ecosistema del asfalto se encuentran la regulación legal, la adaptación de infraestructuras, la seguridad, la fiabilidad de los sistemas y la aceptación social por parte de los usuarios y otros actores del tráfico.

Infobae se subió a uno de los vehículos autónomos de Waymo que ya circulan por las calles de Miami.

Ámbar, rojo, verde, blanco

Investigadores de la Universidad de Carolina del Norte han presentado una propuesta que busca adaptar los semáforos a los retos de la movilidad autónoma. La idea se centra en incorporar una cuarta luz, de color blanco, a los tradicionales rojo, ámbar y verde.

La “fase blanca” se activaría cuando un coche autónomo llegara primero a un semáforo. En ese caso, la luz blanca se enciende y transmite a los conductores de vehículos convencionales que deben replicar los movimientos del coche sin conductor que tienen delante. Si el coche autónomo avanza, los demás avanzan; si se detiene, los demás hacen lo mismo. El objetivo es conseguir una circulación más fluida en los cruces y reducir tanto el consumo de combustible como las emisiones, permitiendo que los vehículos autónomos gestionen el cruce y minimicen las detenciones innecesarias.

El estudio plantea tres situaciones para la aplicación de la luz blanca. Cuando todos los vehículos presentes en el cruce son autónomos, la luz blanca permanece encendida y un ordenador central dirige la circulación. Si el primer coche es autónomo y los siguientes son convencionales, la luz blanca sirve de referencia para que los conductores sigan al vehículo autónomo. En caso de que el primer coche sea convencional, el semáforo opera con los colores habituales.

Por el momento, la propuesta se encuentra en fase experimental y ya se han realizado pruebas en algunas ciudades de Estados Unidos. Si los vehículos autónomos se generalizan en el futuro, este sistema podría implantarse en más lugares, incluida España. Las luces roja, ámbar y verde seguirán funcionando como siempre, y la luz blanca solo aparecerá cuando haya un vehículo autónomo encabezando la fila, sirviendo como una guía extra para organizar el paso en los cruces.