Silvia Severino, psicóloga: “Ser una persona que empieza todo y no acaba nada es un patrón que tiene un nombre en psicología”

La experta señala que el cerebro puede volverse adicto a la novedad

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Existen personas que inician muchos proyectos, pero no los terminan. Freepik
Existen personas que inician muchos proyectos, pero no los terminan. Freepik

Seguro que tienes algún amigo que empieza nuevos hobbies constantemente: hacer crochet, aprender cerámica, tocar un instrumento o incluso emprender un negocio. Y si no se te viene nadie a la cabeza, quizá ese perfil encaje contigo. Lo que a simple vista puede parecer inquietud, curiosidad o incluso talento para abarcar muchas cosas, en realidad es un comportamiento cada vez más común en un entorno donde siempre hay algo nuevo que probar.

En una época marcada por la sobreestimulación y el acceso constante a ideas, cursos y tendencias, este tipo de actitud no solo está normalizada, sino que a menudo se percibe como algo positivo. La capacidad de interesarse por múltiples disciplinas se asocia con creatividad, apertura mental e incluso inteligencia. Sin embargo, cuando el entusiasmo inicial no se traduce en continuidad, puede derivar en una sensación de estancamiento difícil de explicar y en la acumulación de proyectos inacabados.

La psicóloga Silvia Severino ha puesto nombre a este fenómeno. “¿Conoces a alguien que quiere aprender de todo y nunca acaba nada?”, plantea, describiendo un perfil reconocible para muchos. Según la especialista, este comportamiento suele generar una primera impresión favorable.

“Al principio incluso parece algo impresionante, como si fuera una persona supercapaz”, describe. Pero esa percepción cambia con el tiempo, tanto desde fuera como desde la propia experiencia de quien lo vive. En psicología, advierte, este fenómeno tiene un nombre concreto: “el patrón del todólogo”.

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La psicóloga indica que hay personas con “patrón del todólogo”. Pexels

La trampa de la novedad

“Son personas extremadamente curiosas. Su mente ama lo nuevo, las ideas, empezar cosas”, explica Severino. Este impulso puede ser una ventaja en determinados contextos, especialmente en aquellos que requieren creatividad o pensamiento flexible. El problema aparece cuando ese interés depende exclusivamente de la novedad.

“Cuando algo deja de ser nuevo, su interés se va en silencio hacia lo siguiente”, señala. Este cambio suele ser automático y hace que la persona encadene múltiples proyectos sin profundizar en ninguno. “Entonces empezarán diez cosas más distintas, pero rara vez se quedan el tiempo suficiente para dominar una”, subraya.

Lejos de asociarlo con la pereza, la psicóloga insiste en que hay un trasfondo más complejo. “No es porque sean vagas, es porque su cerebro se vuelve adicto a la novedad”, afirma. Este mecanismo está relacionado con los circuitos de recompensa del cerebro, que liberan dopamina ante estímulos nuevos y refuerzan la búsqueda constante de experiencias similares.

Las personas deben aprender a sostener el interés. (Freepik)
Las personas deben aprender a sostener el interés. (Freepik)

Además, Severino apunta a posibles causas más profundas que pueden estar influyendo en este comportamiento. “Detrás de esto hay una razón psicológica mucho más profunda”, indica. Entre ellas, menciona factores como el miedo al fracaso, la dificultad para tolerar la frustración cuando aparecen los primeros obstáculos o incluso la necesidad de validación constante a través de nuevos comienzos.

En un entorno donde abundan las oportunidades de aprendizaje, este patrón puede pasar desapercibido o incluso ser reforzado socialmente. No obstante, a largo plazo puede generar frustración, inseguridad y la sensación de no avanzar pese al esfuerzo invertido. La solución no pasa por renunciar a la curiosidad, sino por aprender a sostener el interés cuando desaparece la emoción inicial y desarrollar la constancia necesaria para cerrar lo que se empieza.